Sin rumbo y sin guía



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MIGUEL ÁNGEL ROUCO (*)

El ritmo del gasto público no cede y amplía el desequilibrio fiscal a una tasa cercana al 40%. El ejercicio 2012 culminará con un rojo de caja que se ubicará en alrededor de 25.000 millones de pesos y este déficit, sumado a la caída en la actividad económica, obliga a la administración Kirchner a ensayar, al menos, un ajuste a pesar de que éste, según replican, no sea el gobierno del ajuste. El ensayo viene de la mano de una paralización de las obras públicas y de un reajuste de tarifas. Los anuncios de los cargos en luz y gas van en esa dirección y la recomposición de la caja de YPF para recuperar el funcionamiento pleno de los pozos de hidrocarburos augura un ajuste mucho más potente. De acuerdo con cálculos elaborados por técnicos del sector privado y suministrados a esta agencia, YPF necesita una tarifa para el litro de nafta súper cercana a los 7,50 pesos –valor promedio para todo el 2013– y de 6,80 pesos para el gasoil para asegurar un flujo de caja que le permita realizar inversiones y repagar las emisiones de deuda. Con estos valores la petrolera evitaría tener que pedir auxilio al tesoro. Por el contrario, la compañía arrimaría aún más recursos al fisco, en un año que se pronostica con actividad económica nula. El mayor problema que enfrenta la Casa Rosada es la rigidez del gasto público. La mayor parte de las erogaciones consiste en salarios y en haberes previsionales, rubros que, lejos de poder ser recortados, van a crecer a la par de la inflación. La variable para la tijera pasará por los gastos en obras públicas y giros a las provincias. Si el gobierno no aplica un fuerte recorte de gastos, a riesgo de paralizar la inversión, el desequilibrio puede escalar a niveles sorprendentes. Éste es el trasfondo de la inflación y ésta es la causa por la cual el gobierno se esfuerza en negarla. Reconocer la inflación y atacar sus causas implica meter mano en el gasto público. El intento de Guillermo Moreno por construir un diálogo social y poner límites a las paritarias choca contra las necesidades de los sectores de los trabajadores que ven cómo la inflación se va comiendo los ingresos. De allí que la marcha del próximo miércoles pondrá al descubierto que el divorcio ente el sindicalismo y el gobierno se encuentra en un punto de no retorno. Si el frente interno está complicado, las relaciones de la administración Kirchner con el mundo transitan por el filo de la navaja. Algo se rompió entre Brasil y la Argentina luego de la última cumbre de jefes de Estado en Brasilia. Al cabo de ese encuentro Dilma Rousseff reclamó acérrimamente a la mandataria argentina por la falta de previsión en el comercio bilateral. El cónclave de más de dos horas que mantuvieron ambas presidentas en el Planalto dejó claro el malestar brasileño por la caída en las entregas de trigo. La mala cosecha que se pronostica en la Argentina, con una colecta total por debajo de los diez millones de toneladas, impide cumplir con la venta de unos seis millones de toneladas anuales que requiere Brasil para su mercado interno. Esto está provocando aumentos de precios en los productos de consumo masivo en aquel país, lo cual llevará a tener mayor inflación durante el año próximo, algo que alteró los planes del gobierno de Rousseff. La noticia inesperada le costó también el puesto al embajador brasileño en la Argentina, Enio Cordeiro, que fue relegado desde la legación en Buenos Aires a un oscuro tercer nivel en Itamaraty. Con todo, las pésimas relaciones comerciales del país abren nuevos frentes de conflicto con Estados Unidos y Europa y hasta con países de escasa relevancia económica como Panamá. (*) Analista económico, DyN


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