SINFÓNICA DE SANTE FE EN LA XVII SEMANA MUSICAL LLAO LLAO: Un debut patagónico para el recuerdo

La orquesta cerró el destacado ciclo en Bariloche. La Catedral recibió a más de 800 personas.

Las dos primeras presentaciones patagónicas de su historia de la cincuentenaria Orquesta Sinfónica de Santa Fe, marcaron ayer el cierre del segmento barilochense de la XVII Semana Musical Llao Llao con una iglesia Catedral desbordada de público, que aplaudió de pie al maestro Roberto Montenegro y a los cincuenta músicos bajo su dirección esta vez.

La música en vivo, de cualquier género que sea, supone antes que nada un encuentro entre artistas y oyentes. De esa comunión, que consiste precisamente en poner «en común» los deseos de las partes -de escuchar y disfrutar; de interpretar y ser reconocidos por ese «hacer»- puede surgir algo completamente nuevo, que es el hecho artístico del espectáculo en si.

Y eso fue lo sucedido en el bellísimo ámbito del templo de «Nuestra Señora del Nahuel Huapi» que bajo sus estilizadas columnas acogió a alrededor de 800 personas.

La orquesta, que cuenta con 80 integrantes estables, tocó en primer término el Concierto para flauta en Sol mayor Kv. 313 de Mozart con la actuación solista de José Cristian Garrefa y posteriormente la Sinfonía Nº 41 «Júpiter» Kv. 551, del mismo autor.

Al finalizar el concierto, con espontánea naturalidad, los que tenían la suerte de estar sentados se pararon para aplaudir a los músicos y desde las primeras filas de los bancos felicitaban a viva voz al director Montenegro que respondía con una sorprendida gratitud.

El debut de la Sinfónica fue el sábado en el último de los conciertos de abono en el Hotel Llao Llao. La extraordinaria interpretación de la solista holandesa Frederieke Saeijs en el Concierto para violín en Re mayor, Op. 61 de Beethoven se convirtió en lo más aplaudido de la noche aunque el programa incluía dos obras más de ejecución sola de la orquesta, con la Obertura de Las Criaturas de Prometeo Op 43 de Beethoven y, en la segunda parte, la Sinfonía «Italiana» Nº 4 en La mayor Op. 90 de Félix Mendelssohn.

El virtuosismo y «garra» de la joven violinista, en una de las obras cumbres para ese instrumento por sus dificultades técnicas y expresivas, no dejó lugar a dudas y en varios tramos, el público usualmente muy respetuoso de no aplaudir a destiempo, amagó con interrumpirla para ovacionarla.

Frederieke, quien toca en un soberbio violín Pietro Guarnerius de 1725 cedido por la Nacional Instrument Foundation de Holanda, debe estar acostumbrada a los elogios del público pues ha ganado numerosos premios internacionales por sus ejecuciones de obras célebres.


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