Síntoma de cambio

Redacción

Por Redacción

En un mundo ideal, los jueces y abogados estarían tan por encima de las modas políticas, y tan reacios a pensar en sus propios intereses, que no se dejarían influir por los poderosos de turno. En el que efectivamente existe, muchos suelen adaptarse con facilidad llamativa al clima político imperante, razón por la en nuestro país es normal que un gobierno “hegemónico” no tenga que inquietarse demasiado por la actitud de quienes conforman el Poder Judicial pero, al difundirse la sensación de que su ciclo está acercándose a su fin, los vea como una amenaza. Así las cosas, los Kirchner no pueden sino sentirse preocupados por los resultados de la elección que acaba de celebrarse en el Colegio de Abogados de la capital federal. Para sorpresa de quienes habían previsto que la votación estaría reñida, la lista opositora, Cambio Pluralista, ganó con el 60% de los votos, derrotando a la Gente de Derecho oficialista que consiguió menos del 30%. Los simpatizantes de la lista triunfante entendieron muy bien que se trataba de un acontecimiento político significante, ya que según se informa lo festejaron coreando “Se va a acabar, la dictadura de los K”, mientras que quien la encabeza, el radical Alejandro Fargosi, había señalado en el transcurso de la campaña que la Justicia no es independiente porque “en los últimos años ha habido un avasallamiento sobre la Justicia que no puede ser. Hay jueces que no pueden estar, y los jueces que deberían estar no están”, lo que fue su forma de embestir contra aquellos magistrados que a su juicio se han puesto al servicio de la pareja gobernante. Sería ingenuo, además de malicioso, atribuir la propensión de los jueces y abogados a acompañar los cambios políticos a nada más que el oportunismo. Aunque en algunos casos la voluntad de merecer la aprobación de un gobierno determinado sí incidirá en su conducta, en la mayoría se tratará más bien de la influencia de tendencias que afectan a la sociedad en su conjunto. Cuando un “proyecto” aún parece convincente, es comprensible que muchos se sientan constreñidos a comprometerse con los valores que supuestamente representa; también lo es que, cuando pierde su atractivo, comiencen a prestar más atención a sus defectos y se indignen por los esfuerzos oficialistas por presionarlos. Puede que el Poder Judicial sea autónomo, pero así y todo forma parte de la sociedad y por lo tanto el pensamiento de sus integrantes evoluciona de la misma manera que el de los demás. El revés experimentado por los kirchneristas en el Colegio de Abogados porteño, y como consecuencia en el Consejo de la Magistratura en que pronto no tendrá la mayoría automática a la que se ha acostumbrado, es una nueva señal de que la convicción de que el ciclo protagonizado por los santacruceños no durará mucho más está convirtiéndose en una profecía que tiende a autocumplirse, ya que al aumentar la cantidad de personas que creen que el país está en vísperas de cambios importantes, serán cada vez más los tentados a abandonar la filas oficialistas a fin de prepararse anímicamente para lo que vendrá. Se trata de un fenómeno que, si bien es universal, en nuestro país suele manifestarse con intensidad excepcional, ya que escasean los dispuestos a confesar que una vez apoyaron con entusiasmo a un líder caído en desgracia. Por cierto, a comienzos de la década actual, el menemismo antes hegemónico pareció haberse esfumado por completo. Es probable que al kirchnerismo le espere el mismo destino. A juzgar por lo que acaba de suceder en el Colegio de Abogados de la capital federal y por las declaraciones de los miembros de la lista ganadora que se comprometieron a procurar despolitizar el Consejo de la Magistratura, a los Kirchner no les será del todo fácil seguir convenciendo a los jueces de que los cargos en su contra por enriquecimiento ilícito y muchos otros delitos carecen de fundamento. Hasta ahora, han podido confiar en que ciertos jueces siempre estarían dispuestos a darles el beneficio de toda duda concebible, pero a menos que logren frenar los cambios que están en marcha, tarde o temprano se verán frente a magistrados que, lejos de concentrarse en buscar motivos para sobreseerlos, no se sentirán impresionados por el poder político de los acusados.


En un mundo ideal, los jueces y abogados estarían tan por encima de las modas políticas, y tan reacios a pensar en sus propios intereses, que no se dejarían influir por los poderosos de turno. En el que efectivamente existe, muchos suelen adaptarse con facilidad llamativa al clima político imperante, razón por la en nuestro país es normal que un gobierno “hegemónico” no tenga que inquietarse demasiado por la actitud de quienes conforman el Poder Judicial pero, al difundirse la sensación de que su ciclo está acercándose a su fin, los vea como una amenaza. Así las cosas, los Kirchner no pueden sino sentirse preocupados por los resultados de la elección que acaba de celebrarse en el Colegio de Abogados de la capital federal. Para sorpresa de quienes habían previsto que la votación estaría reñida, la lista opositora, Cambio Pluralista, ganó con el 60% de los votos, derrotando a la Gente de Derecho oficialista que consiguió menos del 30%. Los simpatizantes de la lista triunfante entendieron muy bien que se trataba de un acontecimiento político significante, ya que según se informa lo festejaron coreando “Se va a acabar, la dictadura de los K”, mientras que quien la encabeza, el radical Alejandro Fargosi, había señalado en el transcurso de la campaña que la Justicia no es independiente porque “en los últimos años ha habido un avasallamiento sobre la Justicia que no puede ser. Hay jueces que no pueden estar, y los jueces que deberían estar no están”, lo que fue su forma de embestir contra aquellos magistrados que a su juicio se han puesto al servicio de la pareja gobernante. Sería ingenuo, además de malicioso, atribuir la propensión de los jueces y abogados a acompañar los cambios políticos a nada más que el oportunismo. Aunque en algunos casos la voluntad de merecer la aprobación de un gobierno determinado sí incidirá en su conducta, en la mayoría se tratará más bien de la influencia de tendencias que afectan a la sociedad en su conjunto. Cuando un “proyecto” aún parece convincente, es comprensible que muchos se sientan constreñidos a comprometerse con los valores que supuestamente representa; también lo es que, cuando pierde su atractivo, comiencen a prestar más atención a sus defectos y se indignen por los esfuerzos oficialistas por presionarlos. Puede que el Poder Judicial sea autónomo, pero así y todo forma parte de la sociedad y por lo tanto el pensamiento de sus integrantes evoluciona de la misma manera que el de los demás. El revés experimentado por los kirchneristas en el Colegio de Abogados porteño, y como consecuencia en el Consejo de la Magistratura en que pronto no tendrá la mayoría automática a la que se ha acostumbrado, es una nueva señal de que la convicción de que el ciclo protagonizado por los santacruceños no durará mucho más está convirtiéndose en una profecía que tiende a autocumplirse, ya que al aumentar la cantidad de personas que creen que el país está en vísperas de cambios importantes, serán cada vez más los tentados a abandonar la filas oficialistas a fin de prepararse anímicamente para lo que vendrá. Se trata de un fenómeno que, si bien es universal, en nuestro país suele manifestarse con intensidad excepcional, ya que escasean los dispuestos a confesar que una vez apoyaron con entusiasmo a un líder caído en desgracia. Por cierto, a comienzos de la década actual, el menemismo antes hegemónico pareció haberse esfumado por completo. Es probable que al kirchnerismo le espere el mismo destino. A juzgar por lo que acaba de suceder en el Colegio de Abogados de la capital federal y por las declaraciones de los miembros de la lista ganadora que se comprometieron a procurar despolitizar el Consejo de la Magistratura, a los Kirchner no les será del todo fácil seguir convenciendo a los jueces de que los cargos en su contra por enriquecimiento ilícito y muchos otros delitos carecen de fundamento. Hasta ahora, han podido confiar en que ciertos jueces siempre estarían dispuestos a darles el beneficio de toda duda concebible, pero a menos que logren frenar los cambios que están en marcha, tarde o temprano se verán frente a magistrados que, lejos de concentrarse en buscar motivos para sobreseerlos, no se sentirán impresionados por el poder político de los acusados.

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