La boxeadora que convirtió su patio en refugio: «El deporte funciona para sacar a chicos de la calle»

Con un proyecto que crece a pulmón, Alejandra Raileff y su hijo Tomás hacen del ring un espacio de contención, disciplina y esperanza para adolescentes en Roca. "Los chicos están pidiendo ayuda", cuenta. Es instructora de defensa personal para mujeres.

Por Florencia Bark

En el corazón del barrio más populoso de Roca, hay una historia que no habla solo de boxeo y medallas sino de lo que hay detrás: resiliencia, segundas oportunidades y una decisión profunda de transformar el dolor en una herramienta colectiva para salvar vidas.

Alejandra Raileff tiene 37 años y es de Roca. Practica boxeo e instruye a mujeres en el área de la defensa personal hace 12 años, con una fuerte vocación de servicio. A ella la vida le dejó marcas, desde chica. Vivió una infancia difícil porque creció en un hogar atravesado por la violencia y las adicciones.

“Me queda un leve recuerdo de haber visto a mi papá con una bolsa de boxeo colgada intentando disciplinarse. Era un ambiente complicado”, recuerda. Con el paso del tiempo, ella trascendió y logró construir algo distinto: una familia y un presente lejos de ese pasado: con una misión clara.

Esa meta es la que hoy comparte con uno de sus tres hijos, Tomás Gauto. Él tiene 17 años y es boxeador amateur, debutó en 2024. Empezó a entrenar por una decisión familiar, frente a varias situaciones complejas que lo atravesaban en la Escuela Secundaria de Río Negro (ESRN) N° 116, entre ellas el bullying.

Fotos: Alejandro Carnevale.

Hace cinco años, Tomás se calzó los guantes por primera vez y no se los sacó nunca más. “Entré en el mundo del boxeo y aprendí muchas cosas: la disciplina, me hice más humilde, respetuoso”, cuenta el adolescente, sentado junto a su madre.

Con la pasión y convicción que los une, juntos decidieron contagiar los valores del deporte a través de un proyecto social que se involucra en las problemáticas sociales más complejas. “En mi barrio se boxea” busca cambiar la realidad de los chicos y chicas. Para hacerlo abrieron el patio de su casa, pero pronto quedó chico.

“Siempre estuvimos para poner nuestro granito de arena en la sociedad, con clases abiertas gratuitas para mujeres y para niños”.

Alejandra Raileff, boxeadora.

Cambiar la esquina por el ring


El lema lo dice todo: Cambiemos la esquina por el ring”. No es una frase hecha. Es una respuesta directa a lo que ven todos los días. “En la esquina están los pibes, las drogas, la falta de contención. Queremos cambiar esa esquina por un lugar mejor, ofrecer otra opción”, explican.

La propuesta es simple, pero potente: ellos ponen sus conocimientos y sus insumos para brindar clases gratuitas de boxeo para niños, niñas y adolescentes. Solo necesitan un espacio donde puedan entrenar, aprender valores y, sobre todo, sentirse acompañados.

Fotos: Alejandro Carnevale.

Además, empezaron a cruzarse con duras realidades: chicos que no podían pagar una cuota o comprar par de guantes: eso los llevó a unirse cada vez más. «¿Qué podemos hacer?», pensaron. Ese fue el puntapié del proyecto familiar. 

La respuesta fue inmediata. Decenas de chicos desde los 8 años empezaron a acercarse. Hoy hay entre 30 y 40 esperando un lugar. Muchos llegan con historias difíciles: soledad, consumo, violencia, desamparo. 

“Los chicos están pidiendo ayuda”, dice Alejandra con pesar. No es una metáfora: todos los días reciben mensajes por las redes sociales de jóvenes que quieren salir de ese entorno y no saben cómo. “Los chicos nos dicen: ‘Quiero salir. Decime cómo, cuándo, dónde’. Eso es lo que más nos pega”, lanza Alejandra.   

“Hay muchos chicos que me escriben por redes preguntándome cuándo empezamos. Me dicen: ´Quiero cambiar, quiero salir de las calles’”, cuenta Tomás. “Tenemos mensajes de mamás que nos preguntan”, refuerza Alejandra.  

El boxeo fue la llave para abrir las puertas de este proyecto social que nació en una casa, en una conversación entre madre e hijo, preocupados por otros chicos que no podían pagar una cuota o acceder a un gimnasio.

«En mi barrio se boxea» se lanzó y superó sus expectativas. Se viralizó por redes y generó una larga lista de anotados. Hoy el principal obstáculo es el espacio. Con 5×6 metros de superficie disponibles en su casa, es imposible sostenerlo ante el nivel de demanda.

«Tengo la seguridad y la certeza de que esto funciona, que el deporte y el boxeo funcionan para sacar a chicos de la calle».

Alejandra Raileff, boxeadora.

“La mayoría de chicos que quieren aprender boxeo es porque no reciben la contención de una familia en casa, se sienten solos, buscan un lugar donde sentirse bien, hacer amistades, olvidar todo eso malo”, aseguran.

“Tenemos todo: profesores, ganas, chicos. Nos falta un lugar”, resume Alejandra. Sin ese espacio, decenas de jóvenes quedan en lista de espera. 

El boxeo: mucho más que tirar golpes


Para ellos, el boxeo no es violencia, es exactamente lo contrario. En cada clase enseñan valores: autocontrol, respeto, cuidado del cuerpo, resolución pacífica de conflictos. “No es pararse a pegar. Es todo lo que hay detrás”, explica Alejandra.

Lo que transmiten es mucho más que técnica: los chicos aprenden a enfocar los problemas: esperar, contar hasta 10, pensar si se puede resolver de otra forma. “No hace falta que lleguen los golpes, hay un abanico muy amplio de opciones para resolver situaciones”, comenta la boxeadora.

Fotos: Alejandro Carnevale.

En las clases de Alejandra y Tomás, no solo se aprende a golpear, sino a prevenir. Madre e hijo enseñan un código que es fundamental: quien sabe pelear, también sabe cuándo no pelear.

Este enfoque se construyó durante años de trabajo en defensa personal para mujeres, especialmente en situación de violencia de género. Muchas pasaron las clases de defensa personal del “Team Raileff”. “Muchas llegaban escapándose de casa, viviendo situaciones de violencia física. Tenemos historias de vida que han cambiado, chicas al borde del suicidio”, comenta. 

«Es importante el crear conciencia de que hay que cuidar el cuerpo. No es solamente ir a tirar golpes. Si vos consumís bebidas, te drogás, fumás, el cuerpo no te va a responder igual”.

Alejandra Raileff, boxeadora.

Esas experiencias dejaron huella y reforzaron su convicción de que el deporte puede salvar vidas en muchos sentidos.

La pelea de su vida: la batalla por el futuro de los chicos


A pesar de las dificultades, ellos no bajan los brazos. Siguen golpeando puertas, buscando apoyo, visibilizando la iniciativa. Lo que está en juego es una oportunidad para los chicos.

Con añoranza, Alejandra repasa su propia vida. A ella le hubiera gustado tener una mano que la ayudara a atravesar lo que vivió cuando era una adolescente. Hoy intenta estrechar ese lazo, para otros. También ve a su hijo con orgullo y lo que el deporte produjo en él.

“De repente nos encontramos con un Tomi de 16 años que lo invitaban al boliche y decía: ‘No, chicos, hoy no. Hoy me tengo que preparar para entrenar, tengo que estar bien para una pelea’», cuenta la mujer, en primera persona.

Para ellos, Cristian Luis, Iván Carrasco, Ramiro Escobar son referentes locales consagrados; y ellos también surgieron desde los barrios de la ciudad.

“Los boxeadores más aguerridos salen de los barrios. El boxeo es un deporte tan lindo, tan noble, pero lo hace mucho la resiliencia. El pibe que no tiene más opciones y tiene que empezar a pelear. De ahí salen los mejores, y yo creo que vamos a tener varios acá”, dice Alejandra.

En esa búsqueda, de convertir el deporte en herramienta social de transformación, madre e hijo van peleando la misma batalla: que todos los chicos tengan una posibilidad y un futuro. Y que estén donde estén, siempre tengan un ring donde empezar de nuevo.


En el corazón del barrio más populoso de Roca, hay una historia que no habla solo de boxeo y medallas sino de lo que hay detrás: resiliencia, segundas oportunidades y una decisión profunda de transformar el dolor en una herramienta colectiva para salvar vidas.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios