Alerta por el choique en Somuncurá: buscan saber cuánto cayó su población
Ante la disminución de ejemplares y la escasez de nacimientos, especialistas realizaron un censo en la Meseta de Somuncurá para conocer el estado de la población de choiques y avanzar en un programa para su recuperación. La caza furtiva y el avance de depredadores preocupan a los investigadores.
El relevamiento pretende poner en marcha un programa para preservar la especie. Foto: gentileza
En el corazón de la Meseta de Somuncurá, declarada Área Natural Protegida desde 1986, un equipo multidisciplinario compuesto por especialistas de la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de Río Negro, la Fundación Somuncurá y Aves Argentinas impulsó un operativo de campo para relevar la población actual del choique, conocido como el ñandú patagónico.
El censo tiene como objetivo impulsar un programa integral de restauración poblacional de la especie que, si bien no se encuentra todavía en peligro de extinción, enfrenta desafíos para su supervivencia en el hábitat natural. Estiman que, en los últimos cinco años, la población cayó drásticamente.
El choique es un ave no voladora, una especie nativa de Sudamérica y uno de los habitantes más característicos de las estepas patagónicas. Si bien suele confundirse con el ñandú, el choique tiene un menor tamaño y está adaptado para la vida en la estepa. Puede alcanzar 1,10 metros de altura y pesar entre 15 y 30 kilos. Su plumaje es gris y blanco.
Su musculatura en las patas le permite correr a gran velocidad para escapar de los depredadores, convirtiéndolo en uno de los corredores más eficientes de la fauna patagónica.
En este caso, los investigadores pusieron el foco en la localización de los nidos activos y en los juveniles lo que permite determinar si la población se encuentra en una fase de crecimiento, estabilidad o declive regresivo. “Solo pudimos encontrar unos 30 ejemplares casi en el centro de la meseta. La mayoría es adulto. Vimos solo un macho con ocho charitos -la cría del choique-”, sintetiza el guarda ambiental Alexandro Wuchal que formó parte del monitoreo.

Uno de los aspectos más llamativos del comportamiento del choique sucede en la época reproductiva. El macho construye el nido, incuba los huevos y luego, cuida de los pichones. Por eso, en este período se vuelve extremadamente territorial y agresivo para proteger las crías.
El choique mantiene una dieta herbívora. Gran parte de su alimentación se conforma por hierbas y arbustos; el resto corresponde a gramíneas, juncáceas y ciperáceas.
«El relevamiento no incluyó la parte alta de la meseta “porque con las nevadas, los choiques bajan por la comida. A la vez, abajo corren el riesgo de ser cazados o ser presa de los pumas”, resume Wuchal que también es coordinador del Área Natural Protegida de la Meseta de Somuncurá que, en lengua mapuche, significa «piedra que suena». Abarca más de 3.400.000 hectáreas y se caracteriza por su formación volcánica y alto grado de endemismo en flora y fauna. Especies exclusivas como la mojarra desnuda y la ranita de Valcheta habitan en ese ecosistema único.
¿Por qué la decisión de relevar choiques? “Los biólogos estamos viendo cada vez menos ejemplares y muy pocos nacimientos. El principal problema es la caza por parte de los furtivos. Lo cazan para comerlo. Es un plato de los pobladores que habitan la meseta”, responde Wuchal.
También menciona el desembarco del puma en esa zona en los últimos años que está dejando a los ganaderos con muy pocas ovejas. “Los pumas se han ido desplazando de la zona de San Antonio y Viedma. Allí los campos se fueron desmontando para sembrar, ya no hubo ovejas y el puma se desplazó en busca de comida. Se come los choiques”, dice y acota: “Ya casi está instalado en esta zona y se va desplazando para el lado de Caín, donde hay más ovejas y chivos”.
Otra amenaza en la zona es la presencia del chancho jabalí que destruye la costa del arroyo.

En el corazón de la Meseta de Somuncurá, declarada Área Natural Protegida desde 1986, un equipo multidisciplinario compuesto por especialistas de la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de Río Negro, la Fundación Somuncurá y Aves Argentinas impulsó un operativo de campo para relevar la población actual del choique, conocido como el ñandú patagónico.
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