Con placenta humana y un tratamiento innovador, científicos del CONICET evitaron la cirugía en un paciente oncológico
El tratamiento desarrollado por el equipo era investigado desde 2024 y permitió regenerar por completo una lesión crónica resistente a otros abordajes y evitó una intervención quirúrgica.
Fue un trabajo de profesionales del CONICET en conjunto con el servicio de cirugía plástica del CEMIC –un centro asistencial de CABA– y el CUCAIBA.
Desde 2024, un equipo de científicos del CONICET trabajó con un solo objetivo: verificar la eficacia del uso de parches o apósitos derivado de membrana amniótica para el tratamiento de heridas complejas. Hoy finalmente consiguieron el cierre total de una úlcera recalcitrante y una exitosa regeneración de tejidos en el caso de un paciente oncológico que se encaminaba a una intervención quirúrgica.
La membrana amniótica es la capa que cubre la cara interna de la placenta. Cuando este órgano temporal es descartado tras el parto, se convierte en un residuo biológico cuyos tejidos, procesados y conservados, son capaces de reutilizarse con fines medicinales gracias a sus probadas propiedades antiinflamatorias y regenerativas.
Es por eso que este material de la placenta es extensamente usado a nivel mundial para diversos tratamientos de reparación de tejidos, con aplicaciones que van desde lesiones oculares u odontológicas hasta heridas complejas de la piel.
Recientemente el equipo de investigación del CONICET integrado por profesionales del Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos (IIFP, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) y la Unidad 4 del Centro de Medicina Traslacional (U4-CEMET, HEC), contribuyó a verificar la eficacia de este tratamiento. Los resultados del procedimiento fueron comunicados en la revista científica International Journal of Molecular Sciences.
“Existe un consenso clínico a nivel mundial que se denomina TIMERS, que enmarca cómo debe ser el protocolo para el tratamiento de las lesiones crónicas o de difícil cicatrización”, contó María Ximena Guerbi, becaria del CONICET en el CEMET y primera autora del trabajo. “La S de esa sigla hace referencia a lo social, es decir a la atención centrada en los factores sociales relacionados con el paciente, su entorno y sus necesidades individuales», relató.
Según explicó: el caso se trataba de una persona que había sufrido una fascitis secundaria, es decir una infección provocada por una inyección aplicada de manera inadecuada que, a su vez, había derivado en una úlcera glútea recalcitrante o crónica, refractaria a los tratamientos.

«Por su condición de base, esta persona había estado sometida a múltiples tratamientos e intervenciones. Además, se había intentado promover la regeneración de tejidos con una técnica que no dio resultado. Por ello, manifestó su voluntad de buscar alguna alternativa terapéutica para evitar la intervención quirúrgica que se utiliza en estos casos, que es el injerto de tejido”, desarrolló.
Así, el equipo médico encabezado por Jimena Rodrigo, integrante del staff de Cirugía Plástica del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas “Norberto Quirno” (CEMIC), donde se atiende el paciente le ofreció la posibilidad de tratar una parte de la herida con un apósito de membrana amniótica humana, y aplicar en otro sector de la lesión un producto comercial, una matriz de colágeno de origen animal, particularmente bovino habitualmente utilizado para preparar el terreno para los injertos, dejando abierta la alternativa de avanzar con esa intervención en caso de que el procedimiento con el parche no tuviera una evolución positiva.
La membrana amniótica humana utilizada para el procedimiento fue provista por la Asociación Civil Para el Progreso de la Tecnología Médica de Tejidos (AMNIOSBMA), una ONG de base tecnológica habilitada como banco de membrana amniótica obtenida mediante la donación de placentas por parte de maternidades y hospitales y dedicada a producirla y proveerla bajo distintas presentaciones.
“El uso más extendido es el de la membrana amniótica criopreservada, que implica una logística muy complicada, porque hay que mantener permanentemente la cadena de frío, no se puede almacenar, y es necesario el ingreso al quirófano para su colocación”, describe Alejandro Berra, investigador del CONICET en el CEMET, director de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) de AMNIOSBMA y autor del trabajo.
“En AMNIOSBMA procesamos la membrana dentro de las primeras 24 horas desde el alumbramiento de la placenta. En ese procedimiento, la esterilizamos y liofilizamos, es decir le extraemos toda la humedad. La membrana tiene un montón de factores biológicos que al cabo de 72 horas comienzan a decaer. Al liofilizarla, logramos que esos factores queden, de alguna manera, detenidos. Como, en general, los parches o apósitos que producimos se utilizan en heridas exudativas, al aplicarlos sobre ellas ese exudado rehidrata la membrana y genera una liberación sostenida de esos factores favorables. Es decir, de algún modo, esa humedad de la herida reactiva sus propiedades”, agrega Mariano Berra, director técnico de la ONG.
Al cabo de 49 días, la superficie tratada con el apósito de membrana amniótica tuvo una evolución mucho más favorable que aquella en la que se había aplicado la matriz de colágeno de origen animal. “A simple vista, se pudo comprobar que la piel circundante a la herida había avanzado sobre el seno de la úlcera mucho más rápido, y la coloración y el tipo de secreciones, además de la reducción de la actividad inflamatoria, dieron indicios de que el tratamiento con la membrana estaba funcionando mejor”, explicó Guerbi.

“Entonces, viendo esa diferencia a nivel macroscópico de la evolución de ambas zonas, se optó por continuar el tratamiento con membrana amniótica sobre la totalidad de la herida hasta su cierre completo”, añadió. El proceso total que implicó la reepitelización, o reparación cutánea, duró cerca de 5 meses desde el comienzo del tratamiento.
Para el análisis de los mecanismos involucrados en esta exitosa regeneración de tejidos, el equipo del CEMIC tomó biopsias, es decir muestras de ambas zonas, algunas con anterioridad a la aplicación del tratamiento y otras al cabo de los 49 días, para procesarlas mediante estudios histológicos y técnicas de biología molecular.
“El objetivo fue evaluar la expresión de genes vinculados a los procesos de reepitelización y de inflamación”, contó Griselda Moreno, investigadora del CONICET en el IIFP y también autora del trabajo. Los resultados arrojaron que la zona que no había sido tratada inicialmente con la membrana amniótica tuvo una cicatrización más desorganizada e irregular, mientras que la que sí recibió el tratamiento desde el comienzo expresó una evolución significativa y más armónica de la regeneración de tejido.
“En las capas más superficiales, la maduración del nuevo tejido era equivalente en ambas regiones, tanto en la que recibió originalmente la membrana como en aquella en la que se aplicó al cabo de los 49 días. Eso era lo esperable. Por el contrario, en capas más profundas se vio una maduración más homogénea y en menor tiempo bajo el tratamiento con membrana. La correlación entre ambas técnicas da indicios de esta mejor maduración”, puntualizó Guerbi.
Además, el equipo observó que en la zona en la que se aplicó la matriz de origen animal se desató una reacción de tipo “cuerpo extraño”, es decir un rechazo al compuesto utilizado, y se mantuvo una persistencia de los procesos inflamatorios, algo que no ocurrió en la región en la que se aplicó la membrana amniótica.
“También se evaluó la vascularización y la angiogénesis, es decir cuántos vasos sanguíneos hay y cuántos vasos nuevos hay, respectivamente. Se vio un proceso de angiogénesis activo, es decir que se comenzaron a generar nuevos vasos bajo el tratamiento con la membrana”, remarcó Moreno.
Un aspecto importante que el equipo destaca del procedimiento aplicado es que se desarrolló en su totalidad de manera ambulatoria, es decir que la persona no solo evitó el ingreso al quirófano y la intervención quirúrgica, sino también todos los trastornos que conlleva una internación.
“Cuando hablamos de medicina traslacional hablamos de dos mundos que tienen que conectarse y dialogar: el de los pasos y las metodologías de la investigación científica y el de la medicina, con la complejidad de cada paciente. Aquí se logró trasladar el conocimiento generado en el laboratorio, pero atendiendo a la necesidad del paciente de buscar una alternativa a los tratamientos convencionales que no habían funcionado, sin llegar a la intervención quirúrgica”, apuntó Moreno.
En esa línea, Berra describe un círculo virtuoso que comienza con la reutilización de un material biológico descartable, de cualidades probadas para su uso clínico, que continúa en el “frente de batalla”, donde médicos y pacientes se encuentran ante casos concretos por resolver. “Y eso, a su vez, luego vuelve al laboratorio, donde tenemos que tomar nota de aquello que funciona y estudiar qué factores hacen que funcione».
«Todo esto es fruto de un combo de diversas tareas interactuando entre sí de manera interdisciplinaria y fluida”, cerró.
Desde 2024, un equipo de científicos del CONICET trabajó con un solo objetivo: verificar la eficacia del uso de parches o apósitos derivado de membrana amniótica para el tratamiento de heridas complejas. Hoy finalmente consiguieron el cierre total de una úlcera recalcitrante y una exitosa regeneración de tejidos en el caso de un paciente oncológico que se encaminaba a una intervención quirúrgica.
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