De la basura al diseño: el proyecto de un neuquino que transforma residuos en producción sustentable

Desde Neuquén, Francisco Martinenghi impulsa Punto Verde Gráfico, un proyecto que reutiliza plásticos y residuos electrónicos para producir filamento 3D y objetos con impacto ambiental y social.

Francisco Martinenghi volvía de comprarse una gaseosa cuando «se le prendió la lamparita». «Me senté, tomé la gaseosa y me quedé mirándola», cuenta. «Dije: tengo la botella para hacer algo. Después saqué la tapita y me di cuenta que era otro plástico que podía servir y además tenía la bolsa para hacer otra cosa«, relata. «Listo, hago una tela plástica», dijo. Es que así vive sus días hoy el joven emprendedor neuquino que sabe que cada residuo que ve puede utilizarlo para reciclar y producir. De esto se trata Punto Verde Gráfico, su nuevo proyecto que combina diseño gráfico, tecnología y conciencia ambiental.

Francisco es neuquino, tiene 34 años y se dedica desde hace más de siete al diseño gráfico. Sus primeros pasos estuvieron ligados a trabajos clásicos del rubro: tarjetas personales, impresiones, cartelería y productos personalizados. “Me dedico hace más de siete años a trabajar como diseñador gráfico, desde hacer tarjetas hasta cartelería más grande”, cuenta. Antes de llegar a ese universo, incluso, tuvo una marca de ropa que llevó durante varios años a ferias de diseño, una experiencia que le permitió acercarse al mundo creativo y productivo desde lo autogestivo.

Con el tiempo, su recorrido profesional se volvió más industrial. Trabajó en gráficas privadas, participó en producciones de cartelería, impresión de remeras, colocación de vinilos y diseño para marcas y empresas.

Ese crecimiento le permitió ampliar su mirada, pero también le mostró una realidad que se le hizo difícil de ignorar. «Empecé a ver tanto residuo de plástico, de pintura, que sentía que no podía ser que todo eso se tirara”, recuerda.

Esa inquietud se profundizó en un contexto económico inestable, que lo llevó a replantearse su forma de trabajar y a buscar nuevas soluciones. “En el afán de querer evolucionar y mejorar la calidad del servicio, quería reestructurarme”, explica. Fue entonces cuando retomó un interés que había tenido años atrás: la impresión 3D. “Me había metido con las 3D hace muchos años y lo volví a retomar el año pasado”, señala.

La impresión apareció como una herramienta que le permitía materializar ideas sin depender de proveedores. Sin embargo, el costo de los insumos era un obstáculo. Allí surgió una nueva pregunta: de dónde obtener la materia prima. “No encontraba una solución a los materiales, a cómo diseñar y bajar proyectos a la realidad”, relata. La respuesta estaba más cerca de lo que pensaba: en los residuos.

A partir de investigaciones propias y pruebas caseras, Francisco descubrió que ciertos plásticos podían reutilizarse para impresión 3D. “Buscando e investigando encontré que había un plástico que lo podía volver a reutilizar y tenerlo más cerca mío, sin tener que ir a comprarlo”, explica. Ese hallazgo marcó el nacimiento de Punto Verde Gráfico, un proyecto que comenzó de manera artesanal, en su propia casa, sin maquinaria industrial ni grandes inversiones.

El proceso inicial fue experimental. Francisco adaptó una impresora 3D y empezó a probar materiales. “Tengo las impresoras en mi casa, empecé adaptando una y probando el plástico, que tiene sus mañas, como toda impresora”, cuenta. Con el tiempo, fue sumando más equipos y consolidando lo que define como una pequeña “granja” de impresoras.

Uno de los ejes del proyecto es la reutilización de botellas plásticas. El proceso consiste en cortar la botella en tiras, reducir el material y convertirlo en filamento para impresión 3D. “Con el plástico de una botella de 2.25 litros de gaseosa sacás 11,50 metros de filamento, que rinde entre seis o siete horas de impresión”, detalla. Además, el filamento conserva el color original del envase. “El color del filamento es el mismo de la botella, no necesitamos tinturas ni agregar nada”, destaca.

Nada queda afuera del circuito. Tapitas, bolsas y restos gráficos también se reutilizan. “La botella deja de ser botella, la tapita deja de ser tapita”, resume Francisco, que explica cómo cada residuo se analiza para ver qué nueva función puede cumplir. Ese enfoque lo llevó incluso a reutilizar baterías de computadoras y residuos electrónicos, combinándolos con plástico reciclado para desarrollar nuevas aplicaciones.

El vínculo con los clientes fue clave en la evolución del proyecto. Desde el inicio, Francisco propuso una relación diferente. “Les decía: juntamos un tipo de basura puntual, me lo das, lo proceso y te devuelvo un producto”, explica. Así, Punto Verde Gráfico no solo produce objetos, sino que también genera conciencia sobre el reciclaje.

Los primeros productos surgieron de necesidades concretas. Uno de los hitos iniciales fue la fabricación de marcos de anteojos para una campaña oftalmológica solidaria. “Ahí integré todo: un material que no me iba a costar nada y una necesidad grande”, recuerda. Aunque el producto aún requiere ajustes, la experiencia le permitió comprobar que el modelo era viable.

Actualmente, el proyecto se encuentra en una etapa de estructuración. «Hoy todavía no definí mucho en el sentido, no mostré todo lo que se puede llegar a hacer«, dice con ambición. Su objetivo es estandarizar productos para poder escalar la producción sin perder el eje sustentable y social. “La idea es tener por lo menos diez productos fijos para ofrecer”, explica.

Un punto de inflexión fue su participación en el Programa Impacta Neuquén, orientado a proyectos de economía circular y triple impacto. “Yo había empezado con esto antes y cuando vi el programa dije: es por acá”, cuenta. Tras un proceso de capacitación de varios meses y una selección entre más de 300 proyectos, Punto Verde Gráfico fue uno de los emprendimientos financiados.

El aporte económico permitirá dar un salto productivo. “Ya estuve viendo una trituradora industrial, una extrusora de filamento más grande y una cortadora láser”, adelantó. Además, valora especialmente la formación recibida. “La capacitación de Empretec fue maravillosa: conocí a personas que estaban en la misma, trabajando por el cuidado del medio ambiente”, afirma.

Francisco también reflexiona sobre la situación de los residuos plásticos y el manejo de basura en Neuquén desde su experiencia cotidiana: señala que el problema es general y evidente, y que muchas veces las soluciones institucionales no alcanzan a cubrir la magnitud del desecho.

Como él mismo lo describe, “me parece que es bastante general el tema de la basura, el desecho, el no tratamiento”, y observa que incluso en barrios hay lugares donde “los terminan usando de basurero” porque «no da abasto». Aun así, reconoce que hay servicios de recolección que pasan regularmente, pero no logran absorber la enorme cantidad de materiales que se desechan. Con estas palabras, describe una realidad local de residuos que, a su juicio, exige nuevas formas de gestión y participación comunitaria.

El objetivo a futuro es claro: pasar de una producción artesanal a una escala mayor y generar empleo verde. “El espacio y el trabajo son hoy lo más necesario. Si lo tuviera, podría sumar más gente”, señala. Desde Neuquén, Punto Verde Gráfico es el nuevo emprendimiento que propone una mirada distinta sobre los residuos: no como descarte, sino como materia prima y oportunidad.


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