De Villa Llanquín al aula: la historia de la estudiante que volvió a su pueblo para enseñar a cuidar el río

Cuatro estudiantes de Acuicultura del CRUB visitaron el paraje ubicado a 40 kilómetros de Bariloche para dar una charla a los 30 alumnos de la escuela rural. Una de las expositoras que se gradúa este año es oriunda de Llanquíny su madre es la directora del colegio.

La visita a la escuela de Villa Llanquín. Foto: gentileza

«¿Pescaron alguna vez?, ¿les gusta pescar?», preguntaron cuatro estudiantes de la carrera de Acuicultura del Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB) a unos 30 alumnos de la escuela primaria de Villa Llanquín, paraje ubicado a 40 kilómetros de Bariloche. La respuesta fue positiva y entonces, repreguntaron: «¿Saben por qué hay una temporada de pesca y por qué hay veda?«.

«La temporada de pesca comienza en noviembre en general (aunque algunos ambientes pueden abrir antes) y cierra en mayo. La veda se relaciona con la época de reproducción de los peces, para dejarlos tranquilos en ese momento«, explicaron ante la mirada atenta de los chicos.

La visita y la charla a la escuela rural fue propuesta por Agustina Richert, estudiante de Acuicultura en la Universidad Nacional del Comahue que transita el tercero y último año de la carrera. Lo interesante es que esta joven es oriunda de Llanquín y su madre es la directora de ese colegio que escuchó la charla con una mezcla de orgullo y emoción.

«Fue lindo ir a la escuela de mi lugar y aportar los conocimientos que tenemos. Se logró un hermoso intercambio con los nenes que sabían mucho. Participaban en la charla y nosotros dábamos consejos para cuidar la naturaleza«, destacó Agustina, de 26 años.

Agustina coordinó la charla junto con tres compañeros de la carrera. Foto: gentileza

En un primer momento, esta joven se inscribió en Biología, pero tras una «crisis vocacional», largó la carrera. De algo estaba segura: quería seguir estudiando. Por eso, pese a que no conocía mucho de qué se trataba, decidió probar con Acuicultura. «Tengo familiares que manejan una piscicultura en Llanquín, pero nunca me pasó por la cabeza seguir ese camino. Sin embargo, descubrí que me encanta», confió.

En la charla, Agustina, junto a sus compañeros, se refirieron a la sequía que golpea a la zona debido al calentamiento global. «Les explicamos que, desde nuestro lado podemos ayudar tomando ciertos recaudos», acotó.

Agustina agradeció al profesor Marcelo Alonso que los acompañó a Villa Llanquín: «Mis compañeros no conocían la modalidad de una escuela rural: nos prepararon la merienda con tortas fritas, hicimos una ronda para la bandera. Fue emocionante hablar sobre lo que estudio en mi propio lugar y saber que puedo aportar algo. Mi mamá me miraba de lejos«.

Algo más que una clase magistral

Ante la propuesta de la charla, los mismos estudiantes de la carrera elaboraron un guión, buscaron información y fotografías y planearon juegos vinculados con el ecosistema del río. El foco estuvo puesto en el cuidado del medio ambiente.

«Como los alumnos de la escuela viven ahí, conocían todos los animales- quizás no todos los peces-. El encuentro fue muy participativo, se hizo hincapié en la necesidad de cuidar el recurso, no dejar residuos, cuidar el agua. Hay mucha preocupación por la sequía. Más que una clase magistral, fue un intercambio de información«, resaltó Marcelo Alonso, profesor de la cátedra Piscicultura en Ambientes Naturales y Estanques en la carrera de Técnico en Acuicultura.

Durante la charla se abordó el tipo de fauna en el río Limay, los ciclos de vida de los peces, la importancia de que los ambientes estén libres de basura y contaminación. «Eso hará que haya mas peces. La época de veda de pesca sirve porque en ese momento están más vulnerables. Es una visión ambiental«, señaló Alonso.

«La trucha arcoiris es la más conocida y la que mas se cultiva en el mundo. Nosotros como estudiantes de la carrera, realizamos practicas con esta especie. También es muy apreciada y elegida entre los pescadores, no solo deportivos sino para la alimentación propia«, plantearon los estudiantes en el encuentro. Contaron que su ciclo de reproducción arranca entre mayo y septiembre, de ahí la veda en la temporada de pesca.

Agustina coordinó la charla junto con tres compañeros de la carrera. Foto: gentileza

«Por otro lado -resaltaron-, el agua del Nahuel Huapi y el río Limay cada vez están más contaminados por el hombre. Con las escasas lluvias y nevadas, el agua se estanca lo que favorece el crecimiento de microorganismos».

También hablaron de las algas y le dedicaron un capítulo especial al Didymo. «También se la conoce popularmente como ‘moco de roca’, es una microalga unicelular de agua dulce que se caracteriza por su gran capacidad de invasión en ríos y lagos. Aunque no es dañina para la salud humana, genera un impacto ecológico severo al formar densas alfombras amarronadas que asfixian el lecho de los ríos, alterando la biodiversidad y afectando la pesca y el turismo«, contaron a los chicos, al tiempo que recordaron algunas recomendaciones.


Una carrera corta con una «interesante» salida laboral

La Tecnicatura de Acuicultura dura 3 años. Cada año ingresan entre 20 y 25 estudiantes. «No es una carrera masiva. Hay estudiantes que estudian Biología por un lado y se suman a Acuicultura», indicó.

La carrera gira en torno a la producción. Agregó que los egresados pueden trabajar en los criaderos de peces, como Alicurá o Piedra del Águila, formar parte de equipos de trabajo de gestión de recursos naturales, como direcciones de pesca. Algunos se abocan a la exportación de peces a nivel artesanal.

Agustina sueña con trabajar en alguna empresa, pero a la vez, con la posibilidad de incursionar en la docencia. «Los profesores que tenemos son un 10 de 10. Me gustaría aportar el día de mañana como lo hacen ellos. Si todo sale bien, este año me recibo junto a cuatro compañeros. Y esto es algo histórico porque no es una carrera con mucha demanda, pese a que es corta y tiene una interesante salida laboral«, expresó Agustina.


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