El círculo rojo se le planta a Milei tras el desplante del presidente en la Asamblea Legislativa

El presidente Javier Milei destrató a los empresarios durante su discurso en la apertura de las sesiones ordinarias, y los señaló como "cómplices" de la corrupción de los políticos. Por primera vez en mucho tiempo, las entidades que nuclean al círculo rojo, decidieron expresarse corporativamente para exigir diálogo y respeto.

Por Diego Penizzotto

La relación entre el presidente de la nación y la cumbre del empresariado argentino marcha sin pausa a un punto de no retorno, en medio de un escenario económico complejo para la economía real. El último episodio de ese desencuentro tiene lugar esta semana luego del desplante del mandatario a los empresarios durante su discurso en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso.

En medio de su intercambio de improperios con la oposición el domingo a la noche, Javier Milei afirmó ante la Asamblea Legislativa que “desde hace casi un siglo, la Argentina está atrapada en la trampa del fetiche industrialista» y agregó: «nos dijeron que la única forma de generar empleo era sostener un esquema industrial fuertemente subsidiado. Nos dijeron que solo podíamos crecer si vivíamos con lo nuestro”.

El presidente no dudó en referir a los empresarios como cómplices de la corrupción de los políticos y frente a los legisladores, les reprochó el cuestionamiento a la apertura económica, a la que defendió como uno de los tres pilares para recuperar el crecimiento.

Los empresarios sintieron las palabras del presidente el domingo por la noche en el Congreso, como una afrenta. Una más. Por primera vez, las principales entidades de segundo grado que nuclean al círculo rojo empresario, decidieron levantar la voz y manifestar corporativamente su disconformidad públicamente.

La primera en expresarse fue la Unión Industrial Argentina (UIA), con un comunicado titulado «Sin industria no hay nación». En el documento, los empresarios exigen respeto como condición básica necesaria para cimentar el crecimiento, y hablan en nombre del sector productivo en su conjunto.

“Desde hace casi un siglo, la Argentina está atrapada en la trampa del fetiche industrialista».

Presidente de la nación, Javier Milei, ante la Asamblea Legislativa.

«En esta etapa de transformación, queremos ser claros: el respeto es condición básica del desarrollo. Respeto hacia quienes producen, invierten y generan empleo en todo el país. El respeto es el punto de partida para reconstruir la confianza que la Argentina necesita, tanto puertas adentro como frente al mundo»

Hoy por la mañana, el titular de la UIA, Martín Rapallini, brindó una extensa entrevista con Infobae donde sin eufemismos reclamó: “Queremos que vuelva el Milei que decía que los empresarios son héroes”. A ello agregó que “yo veo que el empresariado argentino, en general, no ha sido quien fijó la política. Cuando recorro pymes, empresas de distinto tamaño y sectores, noto que lo que hacen es adaptarse; las condiciones cambian todo el tiempo y ellos buscan ajustarse a ellas».

Horas después, la que levantó la voz fue la Asociación Empresaria Argentina (AEA). Se trata de la entidad que representa lo más encumbrado del empresariado argento: el verdadero círculo rojo. Allí conviven desde Hector Magnetto y Paolo Rocca, hasta personajes muy cercanos ideológicamente al presidente Javier Milei, como el CEO de Mercado Libre, Marcos Galperín.

El escrito de la AEA le marca al gobierno la cancha en relación «al mérito» del crecimiento económico: «Son las empresas privadas las principales responsables de la producción de la mayor parte de los bienes y servicios, de la generación de empleo, de las exportaciones, así como de contribuir a sostener mediante el pago de impuestos el funcionamiento del Estado», expresa el comunicado. En otras palabras: primero las empresas, luego el Estado.

Además, el círculo rojo le reclama al gobierno, y en particular el presidente de la nación, que establezca mecanismos para encontrar el diálogo, y apelan nuevamente al «respeto» como la llave necesaria para el consenso.

«Para avanzar hacia un crecimiento sostenido, es indispensable promover un diálogo constructivo y respetuoso entre el gobierno y el sector privado de modo de remover los obstáculos al desarrollo, así como de generar condiciones cada vez más favorables para la concreción de inversiones productivas en diferentes sectores de la actividad económica», señala el escrito de AEA.

El conflicto de Milei con los empresarios, marca distintiva de 2026


El desplante del presidente a los empresarios durante el discurso del domingo por la noche, es parte de una escalada que crece desde inicios de 2026. Milei los viene castigando discursivamente desde febrero, apelando a chicanas, descalificaciones públicas, y apodos despectivos con el nombre y apellido de los empresarios más importantes del país.

Fue a fines de enero, cuando el presidente arremetió contra Paolo Rocca en el marco de la licitación de los caños para uno de los ductos que sale desde Vaca Muerta, y bautizó al dueño de Techint como «Don Chatarrín de los tubitos caros».

La compulsa favoreció a la empresa india Welspun Corp., que ofertó los caños con un costo 40% más bajo que la empresa argentina y generó un enorme debate en torno a los efecto de la apertura sobre los costos y la eficiencia de la producción nacional, así como sobre el impacto en la mano de obra local.

Más tarde a mediados de febrero, y en el marco del cierre de la planta en San Fernando que dejó a 920 operarios en la calle, fue el turno del dueño de FATE, Javier Madanes Quintanilla, al que el presidente apodó como «Don Gomita Alumínica». La referencia al aluminio, se debe a que el empresario también es dueño de Aluar, que fabrica en el país laminas de aluminio para la industria.

Tras el conflicto por el cierre de Fate, el gobierno decidió bajar los aranceles a la importación de aluminio. El titular de Fate es también dueño de Aluar, principal productor de láminas de aluminio en Argentina.

El mandatario acusó a Quintanilla de haber hecho su fortuna «cazando en el zoológico», mientras que el ministro de economía afirmó: «entran cuatro gomas de China y tenés que cerrar, es decir que sos ineficiente». Días después del ida y vuelta con el empresario, el gobierno decidió bajar los aranceles a la importación de aluminio, lo que el mundo empresario interpretó como un golpe directo a Aluar.

Fue luego de esa secuencia que el presidente arrojó frente a la Asamblea Legislativa frases como «no he tenido reparo alguno en señalar como ladrones a un grupo de empresarios locales, fruto de su accionar comercial» o «¿alguien quiere seguir con un modelo empobrecedor donde solo ganan los políticos corruptos y los empresarios amigos del poder, a costa de los argentinos de bien?». Los empresarios, especialmente los del círculo rojo, tomaron el mensaje a título personal.


La relación entre el presidente de la nación y la cumbre del empresariado argentino marcha sin pausa a un punto de no retorno, en medio de un escenario económico complejo para la economía real. El último episodio de ese desencuentro tiene lugar esta semana luego del desplante del mandatario a los empresarios durante su discurso en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso.

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