El mar de siete colores existe y está en San Andrés: playas infinitas, arrecifes vivos y herencia caribeña

La isla de San Andrés es probablemente uno de los lugares más turísticos de Colombia y también uno de los destinos preferidos de los viajeros para acabar una ruta por el país ya que concentra todo lo que cualquiera puede soñar.

Redacción

Por Redacción

En Johnny Cay, la arena blanca y las palmeras enmarcan uno de los paisajes más fotografiados del Caribe colombiano.

La existencia del mar de siete colores no admite discusión cuando el avión comienza a descender y, desde la ventanilla, el Caribe se despliega como una paleta infinita. Azul profundo, turquesa eléctrico, verde aguamarina, franjas casi lilas sobre los arrecifes. La isla de San Andrés aparece rodeada de un anillo coralino que parece pintado a mano. Es la primera postal, y la más inolvidable, de este rincón colombiano.

San Andrés pertenece a Colombia, aunque geográficamente está más cerca de Nicaragua que del continente colombiano. Integra el departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina y es uno de los destinos más buscados del Caribe por una razón sencilla: su mar parece cambiar de tono a cada hora.

Las distintas tonalidades del mar se explican por la combinación de factores naturales.

  • En las zonas poco profundas, el agua se vuelve azul turquesa.
  • Donde crecen algas, vira hacia un azul verdoso.
  • Sobre áreas rocosas, se oscurece.
  • En las partes más profundas, aparece el azul rey.
  • En sectores coralinos, el reflejo puede adquirir matices violáceos.
  • Y cerca de la costa, la arena blanca y los sedimentos calizos regalan un aguamarina translúcido.
  • Los arrecifes de coral funcionan además como barrera natural: suavizan el impacto del mar abierto y permiten que la claridad del agua revele peces tropicales, estrellas de mar y jardines submarinos en movimiento constante.

Johnny Cay y el corazón del mar multicolor


El famoso “mar de siete colores” se aprecia en su máxima expresión frente a Johnny Cay, también conocido como Islote Sucre. Este parque regional, ubicado a apenas un kilómetro y medio de la isla principal, es un pequeño paraíso de arena blanca y palmeras inclinadas por el viento.

Aquí el plan es simple: snorkel para observar la vida marina, caminatas bordeando la costa, gastronomía isleña y música en vivo que acompaña la caída del sol. Para quienes buscan un poco más de adrenalina, las motos acuáticas permiten recorrer la franja de colores desde otra perspectiva.

El mar de San Andrés forma parte de la Reserva de Biosfera Seaflower, declarada por la UNESCO en el año 2000, un ecosistema clave del Caribe que alberga más de 2.300 especies marinas.


Playas que marcan el ritmo


La playa urbana por excelencia es Spratt Bight, una extensa franja de arena blanca con palmeras y mar calmo, ideal para quienes quieren combinar playa y paseo comercial en el puerto libre. Para un ambiente más tranquilo, Sound Bay, en el sector de San Luis, conecta con la cultura raizal y ofrece un paisaje más sereno.

En Rocky Cay, el mar es tan bajo que permite caminar hasta el pequeño cayo rodeado de fauna marina. El circuito se completa con Haynes Cay y Rose Cay, conocido como El Acuario, donde el agua no supera el metro de profundidad y la experiencia de careteo resulta inolvidable.


Un poco de su historia


La diferencia cultural de San Andrés y Providencia con el resto de Colombia tiene raíces profundas. A fines del siglo XVI, se cree que Providencia estuvo habitada por colonos holandeses que luego fueron expulsados por los ingleses. Estos trajeron esclavos africanos desde Jamaica para trabajar en cultivos como el algodón. De esa mezcla entre colonos británicos y población africana nació el pueblo raizal, cuya identidad, con fuerte herencia anglosajona y caribeña, sigue vigente hasta hoy. Incluso se conserva el inglés criollo como lengua propia, aunque el avance del turismo ha impulsado cada vez más el uso del español.

Con el tiempo, el archipiélago también fue refugio de piratas, atraídos por su ubicación estratégica en las rutas de los galeones españoles cargados de oro; entre ellos, el célebre Henry Morgan, figura rodeada de leyendas en Providencia. Tras la independencia de Colombia en 1810, el país reclamó la soberanía de las islas, que quedó formalizada en 1928 mediante un tratado con Nicaragua.

La cultura raizal logró mantenerse gracias al aislamiento geográfico.

A pesar de etapas convulsas, la cultura raizal logró mantenerse gracias al aislamiento geográfico, aunque desde 1954, cuando el gobierno colombiano declaró a San Andrés puerto libre, el turismo masivo comenzó a transformar la isla, diluyendo en parte su identidad original, sobre todo en San Andrés.


Cuándo viajar


San Andrés tiene clima cálido todo el año, con temperaturas que rondan los 29 °C. Sin embargo, la temporada seca, de diciembre a abril, es la más recomendada: lluvias mínimas, días soleados y aguas especialmente cristalinas.

Al amanecer y al atardecer, el espectáculo se transforma. El cielo caribeño suma tonos rosados y anaranjados que se funden con el azul del mar, creando una escena que parece retocada con filtros, pero no necesita ninguno.


Más que una postal


San Andrés no es solo un destino de playa. Es una experiencia sensorial: la brisa moviendo las palmeras, el acento criollo que mezcla español e inglés, el ritmo del reggae isleño, el perfume del coco y el mar cambiando de color según la hora.

Quien llega por curiosidad se va con una certeza: el mar de siete colores existe. Y verlo desde el aire, justo antes de aterrizar, es el primer indicio de que el Caribe todavía guarda lugares capaces de sorprender.


En Johnny Cay, la arena blanca y las palmeras enmarcan uno de los paisajes más fotografiados del Caribe colombiano.

La existencia del mar de siete colores no admite discusión cuando el avión comienza a descender y, desde la ventanilla, el Caribe se despliega como una paleta infinita. Azul profundo, turquesa eléctrico, verde aguamarina, franjas casi lilas sobre los arrecifes. La isla de San Andrés aparece rodeada de un anillo coralino que parece pintado a mano. Es la primera postal, y la más inolvidable, de este rincón colombiano.

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