En Viedma, Germán Dietz unió alfajores clásicos con sus ganas de progresar
Es conocido por la venta de los reconocidos “Capitán del Espacio”, con una clientela que crece a partir del boca a boca. Su ceguera no es un impedimento para plantearse nuevos objetivos porque “no hay límites” y espera conseguir un trabajo fijo.
Germán Dietz es un joven de 28 años, oriundo de Viedma, que encontró en la venta de alfajores un medio de subsistencia y de contacto con la gente. Conocé su historia.
Es no vidente desde su nacimiento prematuro, aunque es determinante: «Yo creo que no perdí nada».
Esa frase alcanza para demostrar sus fuerzas y sus ganas de hacer cosas para superarse desde su paso por el Colegio María Auxiliadora, primero, y el instituto privado Tierras del Sur, después; siempre con Marcelo como amigo y ladero.
Entusiasta de la astrología, amable y decidido, Germán contó que «en 2019 escuche la historia de los alfajores Capitán del Espacio» una golosina que «la única publicidad la hace la gente, me pareció muy auténtico y entonces me dije: Esto lo tengo que probar».
Primero «encargué una caja, se fueron comiendo, hasta que quedaron 17 alfajores y le dije a él (Marcelo) vamos a vender a la estación de servicio» ubicada en bulevar Contín y ruta Nacional N° 3.
La primera venta fueron «8 unidades a uno de los playeros, después 2 a una chica y los últimos 7 a un hombre».
Recuerda que sus primeros pensamientos fueron que «esto es lindo, le gusta a la gente» aunque es un producto «difícil de conseguir» destacó que «es un alfajor auténtico, que te puede generar una ganancia y veo que le gusta a la gente, así empezamos».
Conseguirlos aún hoy es complicado porque «la fábrica no vende a distribuidores» por eso «conseguirlos es un día a día» y reconoció que «a veces salen muy caros» por eso «hoy los tengo que vender a 300 pesos cada uno».
Germán no duda que «para mí es un trabajo, que disfruto, porque puedo contactar con la gente» aunque es consciente que «la venta es impredecible, no sabés cuántos vas a vender todos los días, hay gente que te encarga y más que nada es salir a mover la venta».
Contó que «estoy vendiendo una buena cantidad que me permite comprar cajas y ahorrar un poquito».
Sobre la venta dijo que es «en cualquier lugar» porque «los alfajores se conocen por el boca a boca y está bueno la publicidad que hace la gente porque las personas no te van a mentir».
Germán tiene en mente otros objetivos por eso «hago masajes relajantes y descontracturantes» aunque reconoce que por ahora «soy más conocidos con los alfajores, pero es algo que pienso seguir perfeccionando y estoy buscando para seguir estudiando acá» porque «todo lo que he buscado lo encontré en Viedma».
También espera «conseguir trabajo» y sabe que «aprendemos todos los días. No hay límites” señaló y contó que el año pasado pudo correr la maratón Stilo.
«Las limitaciones que me ponga o no la sociedad dependen del encuadre que le de yo» aseguró confiado.
Una golosina que se transformó en culto
La ganas de superación de Germán lo unieron a una golosina icónica, en especial para la zona del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
Los alfajores Capitán del Espacio fueron creados por Lineo de Pascalis junto a su socio Arturo Amado en Quilmes, el 2 de febrero de 1962. Todo empezó con una fábrica en Ezpeleta, durante el primer año. Luego de un paso por Bernal durante 10 años, los empresarios mudaron su planta a la calle Gran Canaria en Quilmes.
Los alfajores vienen en cuatro sabores, según su relleno y cobertura: blanco, chocolate, fruta y triple.
Nunca tuvieron publicidad ni ploteos en los lugares de venta y eso acrecentó su misterio hasta transformarlo en un producto de culto.
Germán Dietz es un joven de 28 años, oriundo de Viedma, que encontró en la venta de alfajores un medio de subsistencia y de contacto con la gente. Conocé su historia.
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