La chica que amaba el fútbol

Nacida y criada

en Gómez, llegó a

lo más alto del

fútbol femenino.

De vuelta en casa, cuenta su vida.

25 jul 2011 - 00:00

En el pueblo de JJ Gómez los niños y las niñas jugaban a la pelota y todos eran felices. Pero hubo una niña que siguió jugando. Jugó en la Primera de Boca y fue campeona diez veces seguidas. Jugó la Copa Libertadores e hizo un gol. Fue al Seleccionado argentino y jugó dos Mundiales.

Aquella niña cumplió sus sueños y el de todos los niños. Ya no juega, pero hace jugar a otros niños. Aquella niña del pueblo de Gómez se llama Valeria Cotelo. “Jugué al fútbol desde muy chiquita porque en Gómez todos los chicos jugábamos a la pelota. Nenes y nenas, todos juntos”, cuenta Valeria, nacida y criada en JJ Gómez, donde hoy vive, luego de diez años en Buenos Aires.

“Me gustaban todos los deportes, pero el único que podía practicar en Gómez era el fútbol”, recuerda. Y Roca, que está cerca, muy cerca, muchas veces suele estar demasiado lejos.

En los comienzos todo quedaba en familia, mamá Cristina organizaba los equipos y papá Raúl se encargaba de la logística. Eran sus años de Potenza, dónde volvería con los años para acompañar a su mentor, Tino Luisi.

“De a poco se fueron quedando en el camino todos los demás deportes y sólo quedó el fútbol. Me di cuenta de que además de gustarme, jugaba bien. ¡Me elegían antes que a los chicos!”, recuerda hoy Valeria.

Mientras tuvo lugar en Potenza las cosas funcionaron. Cuando cumplió 13 años debió dejar al escuelita y comenzó a deambular por los distintos equipos de fútbol femenino de la ciudad.

Pero en el 2000, una nota de la Nueva, la revista dominical que circula con este diario, le cambió la vida: leyó que se estaba formando el Seleccionado argentino femenino sub 19.

Con Mario Cesarín, alma máter del Mundialito Infantil, armaron un equipo y se enfrentaron a aquel juvenil en formación. Pero Valeria se desgarró. Al final, no convocaron a nadie de la región. “No podía creer tanta mala suerte. Pensé que se terminaba todo. Era mi chance de poder hacer algo serio con el fútbol”, cuenta.

Pero Tino Luisi la alentó a seguir. Y Valeria siguió. A fines de 2000, hubo otra prueba en el interior. Esta vez en el club Central Córdoba, de Laboulaye, al sur de Córdoba, y allá se fue ella. Esta vez jugó y la seleccionaron.

“El entrenador, Carlos Borello, habló con mi papá y empecé a viajar durante 2001 semana por medio a Buenos Aires. Nos entrenábamos cuatro veces por semana. Todos los gastos corrieron por cuenta de mi familia”.

Cuando egresó del María Auxiliadora era la abanderada de la promoción... y jugadora de Selección. En diciembre se fue de gira por Perú y debutó con la albiceleste: jugó los últimos diez minutos contra Venezuela y marcó dos goles. En Roca, sus compañeros del secundario estaban con la fiesta de egresados.

Afuera del Mundial sub 19, en el 2002 casi no hubo actividad para el seleccionado argentino. Ese año comenzó el curso de entrenador de fútbol, que aún no terminó. En el 2003 volvió la actividad al Seleccionado y Valeria volvió a Buenos Aires para la pretemporada en el Cenard, donde también estudió el profesorado de educación física.

Ese año no fue cualquier año, fue el del Mundial de Estados Unidos. Jugó un partido, ante Japón, que perdieron 6-0. Valeria ingresó en el entretiempo por María Villanueva. Del siguiente Mundial, el de China en el 2007, también participó. Lo hizo en dos partidos: ante Alemania (11-0) e Inglaterra (6-1).

En el 2004, a los 20 años y ya como jugadora del Seleccionado mayor y estudiante de Educación Física, apareció Boca. Allí jugó hasta el 2010. Disputó trece torneos metropolitanos de los cuales ganó once. Entre el 2004 y el 2008 ganó nueve, pero ocho de ellos, invictos.

El año pasado jugó de titular los seis partidos de la primera Copa Libertadores de fútbol femenino. Boca resultó tercera y Valeria convirtió un gol, el segundo al Deportivo Quito (2-1), que le valió el bronce al Xeneize. En total, jugó 157 partidos en Boca y marcó 35 goles. Nada mal para una defensora.

Valeria ya no juega, pero hace jugar. Y más también: hace que lo hagan dentro del reglamento. Hoy Valeria reparte su tiempo entre la escuelita de fútbol de Potenza y el arbitraje en las divisiones formativas de la Liga Confluencia. Vive con su marido, Daniel Iglesias, luchador olímpico, y a quien conoció en los años en el Cenard.

“Es raro, la verdad. Nunca imaginé poder hacerme un lugar en el fútbol y lo logré. Más no puedo pedir”, dice Valeria. Los chicos van llegando y la canchita de Potenza pide fútbol. Es la hora de jugar. Como antes, como siempre.

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