La farmaceútica que investiga el poder terapeútico de las plantas y hongos: de Roca al mundo
Florencia Fasanella tiene 41 años y es experta en fitoterapia. A partir de tratar su propio dolor, descubrió un abordaje científico e integrativo. Escribió tres libros, abrió una academia y trabaja en un laboratorio en España.
Su trayectoria como farmacéutica no fue un destino lineal sino una búsqueda constante, plagada de preguntas, ensayos y pruebas de laboratorio. De un padecimiento personal, surgió un interrogante y el recorrido de una profesional que supo abrirse camino y florecer.
A los 17 años, Florencia Fasanella se mudó a Capital Federal a estudiar Farmacia en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Entre exámenes, cursadas y la vida misma, la joven sufría un dolor persistente en la boca del estómago. Como cualquier estudiante de su carrera, recurrió a los fármacos, pero un día dejaron de hacer efecto.
En ese umbral de duda, decidió ir a la fuente. “Si los medicamentos no me ayudan, ¿qué más hay?”, se preguntó. Y recordó lo que se enseña en las aulas: “Las plantas medicinales son el origen de los fármacos”, explicó. Así, la curiosidad -con una dosis de audacia- la llevó directamente al origen. “Empecé a tomar manzanilla y lavanda para relajarme. En ese mismo proceso empecé yoga, meditación. El estrés que yo tenía por la facultad me repercutía a nivel digestivo”, relató.
Dentro de las materias complementarias, Florencia eligió Fitoterapia. “Me fascinó, me confirmó que esto era lo mío”, contó. “La lavanda era uno de mis apoyos para relajarme cuando estudiaba en la universidad, que tenía mucha presión por los finales y me quedaba dura el cuello”, recordó.

Así pudo comprobar lo que hoy enseña como lineamiento general en todas sus clases: “Las emociones afectan el cuerpo, y las plantas pueden acompañar ese proceso”, explicó y advirtió que no hay soluciones mágicas ni alternativas, esto es un “complemento”.
“La gran motivación para mí fue lo que descubrí en mí misma”, aseguró. Recibida de farmaceútica (MN 17501), Florencia se especializó en Fitoterapia, la disciplina que estudia el uso terapéutico de las plantas.
Entre la farmacología y los saberes ancestrales, impulsa un abordaje integrativo con base científica que propone prevenir, acompañar y complementar los tratamientos ante diferentes patologías como pueden ser hipertensión, problemas digestivos, ansiedad, migrañas, dolores menstruales.
En su práctica cotidiana, la roquense, quien regresó hace solo dos años a vivir a su ciudad natal, combina algunas atenciones personalizadas, con clases en su academia y trabaja para un Laboratorio de Barcelona formulando suplementos naturales para la salud hormonal de la mujer. Cuatro meses del año vive en España.
Uno de los ejes más firmes de su trabajo es desmontar la idea de que lo natural reemplaza a la medicina tradicional. Para Florencia, la fitoterapia es y debe ser, siempre complementaria. En esa disciplina, el foco está en los principios activos: compuestos químicos presentes en plantas y hongos que generan efectos terapéuticos medibles.
“La ciencia muchas veces confirma lo que los pueblos utilizan hace miles de años”, sostuvo. Esa idea -lejos de contraponer- tiende un puente interdisciplinar. “Me apasiona la ciencia pero trato de integrarlo con otras miradas: medicina china o medicina mapuche, de pueblos de Sudamérica”, explicó. Hizo numerosos viajes de estudio e investigación a México, España y el año pasado a Japón.
A partir de un abordaje integral, enseña a comprender la interacción del organismo con los principios activos de las plantas, teniendo en cuenta tanto los aspectos biológicos y químicos como los emocionales, y a identificar qué plantas acompañan y potencian al cuerpo en su proceso de sanación.
“Una de las grandes equivocaciones de las personas es cuando buscan que una planta las salve. Si vos le das toda la responsabilidad a una planta de que te saque lo que vos te generaste en 50 años de alimentarte mal, es biológicamente imposible”, postuló.
En tiempos en los que están de moda las dietas “detox”, dijo: “No existe el ‘cero kilómetro’ en biología”. Son procesos que acompañan, no soluciones mágicas y es importante ser coherentes.
Otra de las ideas rectoras de su trabajo es la prevención, inspirada en la medicina china. Sostuvo que la salud debería pensarse antes de la enfermedad desde la alimentación, los buenos hábitos, descanso, regulación emocional.
Florecer: de un proceso personal a enseñar a 6.200 personas
Luego de una década de investigación, pudo unir ciencia, plantas y saberes ancestrales para trazar su propia metodología. En 2016 abrió su academia a la que puso de nombre “Florecer”. En los diez años, calcula que capacitó a un total de 6.200 personas y 1.200 eran profesionales de la salud.
En la actualidad, la conocen más en el exterior que en su propio lugar de origen. Y ella misma valora su proceso: “Cuando empecé era como una farmacéutica hippie”, dijo. “Me fui a los 17 años de Roca, ahora tengo 41 e hice un camino profesional de mucho trabajo, de mucho estudio y con el tiempo te van reconociendo”, aseguró.

Antes no era un enfoque aceptado y hoy, el escenario cambió: la demanda crece, pero también los riesgos de la sobreinformación. La clave está en entender límites y riesgos: las plantas también tienen efectos adversos e interacciones con fármacos. Por eso, la consulta profesional nunca es opcional. Los pacientes con enfermedades crónicas o tratamientos psiquiátricos no deben abandonar su medicación, sino sumar terapias complementarias siempre bajo supervisión.
“Cuando empecé, hace 15 años, me costaba que la sociedad y los profesionales crean en la medicina natural, y era como tratar de convencer. Y ahora, estoy tratando de que la gente entienda que no puede tomar todo a la vez”, concluyó Florencia.
Hongos Poderosos: su tercer libro
“Todo por un dolor de panza y por no quedarme con una sola respuesta”, dice entre risas sobre lo que fue el despertar de su perfil. Luego de años de trabajo, pudo escribir y publicar tres libros que son fuente de consulta de profesionales de la salud y circulan en países de América Latina y Europa.
Su primer libro “La Naturaleza es tu farmacia” es una guía práctica para las personas que quieren hacer procesos depurativos en su día a día. Diseñó protocolos para gestionarlos en casa. “Plantas poderosas”, en cambio, contiene mucha investigación, son manuales de consulta con fichas técnicas sobre plantas.

El 6 de abril próximo, presentará en Buenos Aires su tercer libro “Hongos poderosos”, que ya está en preventa. Su investigación no solo se centró en el trabajo de laboratorio, sino en estancias con monjes en Japón para estudiar el uso tradicional de hongos.
Uno de sus focos actuales está en los hongos medicinales, un campo en crecimiento dentro de la investigación biomédica. Diversos estudios analizan su capacidad para modular el sistema inmune.
Algunos compuestos presentes en hongos tienen potencial como coadyuvantes en tratamientos oncológicos, es decir, como complemento que puede mejorar la respuesta del organismo o reducir efectos adversos. Florencia siempre aclara: no reemplazan tratamientos como la quimioterapia, pero pueden acompañarlos.
Las cinco plantas más recomendadas en fitoterapia
En primer lugar, sostiene que cuando se habla de plantas medicinales con efecto terapéutico, se refiere al consumo de la planta, no de un saquito de té. Se debe conseguir la hierba e infusionarla, por ejemplo. Entre las más utilizadas mencionó: manzanilla, ortiga, lavanda, castaño de indias, cardo mariano, cúrcuma y ashwagandha.
Su trayectoria como farmacéutica no fue un destino lineal sino una búsqueda constante, plagada de preguntas, ensayos y pruebas de laboratorio. De un padecimiento personal, surgió un interrogante y el recorrido de una profesional que supo abrirse camino y florecer.
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