La empatía se “contagia” y cultivarla puede hacernos más compasivos con otros a cualquier edad

La capacidad de identificarnos y compartir los sentimientos con otra persona no es estática ni hereditaria. Al contrario, puede desarrollarse a través de la observación incluso en la adultez, concluyó un nuevo estudio.

La empatía es, según la RAE, la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. Como tal, no se trata de una característica hereditaria e intrínseca a unas pocas personas ni tampoco es imposible de desarrollar en etapas de la vida posteriores a la infancia. De hecho, confirmó una nueva investigación, es una habilidad “contagiosa”, que se aprende a través de la observación.

Los hallazgos publicados en la prestigiosa revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) se basaron en una teoría que sostenía que la transmisión social de la empatía se sustenta en un proceso de aprendizaje que se desencadena al observar las reacciones empáticas de los demás. En concreto: una persona aprende de las distintas respuestas empáticas que observa en los otros.

Para confirmar o refutar aquella teoría, el equipo de investigadores expuso a participantes a videos de manos recibiendo estimulación dolorosa e indicaron sus propios sentimientos durante esta experiencia. Después, les mostraron las respuestas empáticas o no empáticas de otras personas a los mismos videos. Finalmente, los voluntarios volvieron a calificar su empatía, esta vez respecto al dolor de una nueva persona. 

«Los índices de empatía aumentaron o disminuyeron dependiendo de si se observaron reacciones empáticas o no. Curiosamente, la respuesta neuronal al dolor de otra persona también cambió«, dijo el experto en Neurociencia Social del Centro de Salud Mental del Hospital Universitario de Würzburg (Alemania) y autor del estudio, Grit Hein.

Por otro lado, los cambios neuronales medidos por resonancias magnéticas funcionales confirmaron los resultados. Lo que vieron los científicos fue una conectividad alterada de la ínsula anterior, una región del cerebro asociada con el procesamiento de la empatía, explicaron en un comunicado de la institución. En efecto, el estudio demuestra que una mayor o menor empatía se induce genuinamente a través del aprendizaje de los demás y no es simplemente una imitación ni tiene el propósito de complacer a los demás.

En contraste a la creencia de que la empatía, como otras virtudes, no se puede aprender de grande, Hein aseguró que “es esencial comprender que los adultos pueden aprender o desaprender la empatía a través de la observación, incluso de personas que no conocen». Y resumió: «La buena noticia de nuestros estudios es que tenemos los medios para moldear la capacidad empática (…) Es posible aprender la empatía positiva de los demás. Sin embargo, para que la empatía prospere a largo plazo, se requiere una atmósfera de respeto mutuo. Uno puede respetar a alguien sin sentir empatía por esa persona, pero es un desafío desarrollar empatía si la otra persona no es respetada como ser humano o si se acepta la falta de respeto en la sociedad».

En el futuro, Hein busca probar mecanismos similares respecto a otros comportamientos sociales, como el egoísmo o la agresión. Ya sea un rasgo fijo o una habilidad aprendida, la empatía “ofrece un rayo de esperanza para el tejido social de la humanidad. El trabajo pionero de Hein no sólo ilumina el camino a seguir, sino que también nos invita a repensar nuestro enfoque para cultivar la empatía en nuestra vida personal y profesional. A medida que navegamos por este terreno prometedor, las implicaciones de fomentar una sociedad empática son tan vastas como vitales”, reflexiona un artículo del medio con base en Hong Kong, BNN.


Este contenido fue originalmente publicado en RED/ACCIÓN y se republica como parte del programa «Periodismo Humano», una alianza por el periodismo de calidad entre RÍO NEGRO y RED/ACCIÓN.



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