Marilina Fernández Iuorno: la diseñadora de Roca que enseña a transformar sueños en ropa y convirtió la costura en herramienta de libertad

Viajó por América cosiendo en distintos talleres para abrirse camino. Hoy da clases en el sur, donde comparte una mirada: crear ropa deportiva es escuchar el cuerpo, conocer las telas y perderle el miedo a probar.

Redacción

Por Natalia López

El diseño no es una pasarela ni un boceto rígido en un papel, sino el momento en el que alguien se sienta frente a una máquina de coser y descubre que puede crear algo con sus propias manos.

El camino en el diseño de Marilina Fernández Iuorno fue, ante todo, una herramienta de libertad. Cuando terminó la secundaria en Roca, las opciones para estudiar diseño eran escasas. Probó con otra carrera (un poco por mandato), pero la vocación fue más fuerte. Se fue a Córdoba, se recibió de diseñadora a los 21 y volvió a su ciudad, aunque el mercado local todavía no ofrecía un horizonte claro.

“No me llenaba en absoluto lo que trabajaba, pero bueno, económicamente siendo joven, soltera, podía ahorrar”, recuerda y eso le permitió hacer un largo viaje por América durante dos años. En ese recorrido, la costura dejó de ser un título para convertirse en herramienta real de trabajo. Buscó empleo en talleres de Playa del Carmen y en los polos textiles de Colombia. “Menciono Medellín y Cali porque ahí armé grupos lindos. El trabajo grupal de los talleres, las horas de estar cosiendo y las charlas que se generan entre mujeres es algo hermoso que me llevo”.

Esa experiencia en la producción real le enseñó que saber coser es un pasaporte: “Sabiendo coser pude vivir, alimentarme y seguir. Por eso les digo a los chicos jóvenes o a la gente grande que nunca es tarde para aprender, porque es una habilidad que te permite defenderte en cualquier lugar del mundo”.

Del diseño al aula


Marilina trabaja actualmente en una escuela de oficios de Roca (exalumnos de Don Bosco) y en una academia de Neuquén (Luz, Moda y Belleza), donde su trabajo es transformar la incertidumbre en técnica. “Me di cuenta de lo que se genera en el alumno. Les abrís un camino, un sendero, hacia el sueño de cada uno. Ves en sus ojos, mientras te escuchan, que están como fanatizados”, cuenta.

A veces el entusiasmo choca de frente con la realidad del molde. Para ella, la moldería es “matemática pura” y a veces nota las caras de asombro o desorientación frente a los números y las proporciones. Sin embargo, hay un clic que lo cambia todo: “una vez que dan la primera puntada, ya arrancan”.

Ropa deportiva


En las escuelas la llaman la “chica de las lycras”. Se especializó en telas con rebote, materiales complejos que hoy son protagonistas de nuestra indumentaria cotidiana. La ropa deportiva dejó de ser exclusiva para el entrenamiento y “subió a la pasarela”, integrándose al look diario con mucha presencia. Lo que antes era solo funcional, hoy es tendencia urbana y sofisticada y, a veces, artículos exclusivos y de “lujo”.

“Las telas se han adaptado al deporte, pero también a nuestra vida diaria. Hoy por hoy está muy avanzado el tema de la tecnología aplicada a las telas: el DryFit, materiales antibacteriales o prendas térmicas”, analiza.

En su curso de ropa deportiva en Neuquén, el objetivo es demostrar que se puede ser parte de esta vanguardia con una máquina doméstica: “No hay que pensar que si no tenés una overlock no podés. Hay diferentes pies, agujas y técnicas que nos permiten confeccionar prendas únicas en casa”.

Espacios de identidad regional


Aunque reconoce que el mercado en el Alto Valle y la Patagonia no es simple por los costos y la distancia con Buenos Aires, ve un crecimiento incipiente y necesario. “Hay mucha gente trabajando en este rubro. Veo más escuelas y más diseño, de a poco se está abriendo el panorama”.

En ese contexto, Marilina valora la existencia de espacios como el suplemento Moda & Belleza. “Me encanta que se le dé lugar a la gente de la zona, a los que arrancan o a los que tienen un emprendimiento que a veces es tan lindo y nadie lo conoce. Es difícil llegar a los ojos de todos sin estos espacios”.

Para ella la costura es un lenguaje universal que no entiende de géneros ni de edades.
Es un acto de paciencia y persistencia.

“Nunca bajen los brazos. Si les gusta, es para todos, si es su sueño, dénle para adelante”, dice. Es una convencida de que cada puntada es un paso más hacia la autonomía que ella encontró viajando.

El diseño a veces se traduce en animarse a cortar la tela y empezar hasta que la idea que uno tiene en mente, calce perfecto.


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El diseño no es una pasarela ni un boceto rígido en un papel, sino el momento en el que alguien se sienta frente a una máquina de coser y descubre que puede crear algo con sus propias manos.

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