Más allá de la prohibición: el desafío de transformar la actividad de los limpiavidrios en Neuquén

Una ordenanza impulsada por vecinos de barrio Belgrano buscan regular a los "trapitos". Historias de vida, tensiones entre seguridad y vulnerabilidad social y distintas miradas para reflexionar.

Por Elena Egea

Pablo tiene 28 años y hace cuatro meses que limpia vidrios en las esquinas de Neuquén. Volvió a las calles cuando se quedó sin trabajo formal. Hacía dos año y medio que se desempeñaba en un comercio de la ciudad. En el mejor de los días reúne hasta 110 mil pesos, aunque también hay jornadas magras. Aún así, logra tener “para comer todos los días”.

“Yo no me puedo quejar, la gente me trata muy bien”, afirmó, aunque contó que alguna que otra vez tuvo sus cruces con conductores. “¿Qué opinás del proyecto de ordenanza que presentaron para prohibir la actividad de los lavacoches?”, le preguntó Diario RÍO NEGRO. “Creo que va a ser una macana, porque la gente va a salir a robar. Yo elijo hacer esto y no salir a robar”, respondió.

Los vecinos del barrio Belgrano promovieron la iniciativa ante el miedo de que se incremente la problemática. “La conclusión que sacamos fue que (tras que Cipolletti aplicara esta medida) los iban a empezar a sacar de la ciudad y se iban a venir para acá”, señaló Andrés Rodríguez Cabaleiro, uno de los impulsores.


Así, comenzaron a trabajar en el proyecto que se presentó el cuatro de marzo y que comenzó a discutirse en el Concejo Deliberante. De todas maneras, reconoció que no se soluciona solo con la prohibición: “No se trata de erradicar, sino de que el propio Estado ayude a estas personas”.

Un mercado laboral formal que los excluye: cómo integrar a los limpiavidrios de Neuquén



La concejala del Movimiento Popular Neuquino (MPN), Victoria Fernández, respaldó el reclamo, pero advirtió que una simple ordenanza punitiva “no va a resultar efectiva” si no se acompaña de políticas de inclusión laboral y abordaje social. La edil planteó que el tema debe tratarse dentro de la reforma integral del Código Contravencional que el Deliberante puso en marcha.


Indicó que, según los datos con los que cuentan, se estima que alrededor de 100 personas ejercen la actividad, en su mayoría hombres de entre 40 y 16 años. Agregó que más de la mitad no tiene formación laboral, lo que dificulta su inserción en el mercado de trabajo formal.

Además, resaltó que no alcanza con las acciones que puedan promover desde el legislativo y la Municipalidad. “El municipio tiene herramientas, pero también entendemos que se tiene que hacer una articulación con la provincia, que tiene muchas más herramientas para trabajar esta cuestión de fondo”, enfatizó Fernández.

Emanuel limpia vidrios y hace changas en Neuquén. (Foto: Cecilia Maletti).


Desde el gobierno provincial tomaron distancia del debate abierto en el Concejo Deliberante y remarcaron que se trata de una discusión “netamente municipal”. Señalaron que la Provincia “no tiene autoridad sobre las ordenanzas municipales que regulan en este caso a los limpiavidrios”.


Fuentes oficiales insistieron en que su intervención se limita al plano social y sanitario. “Desde la provincia se trabaja en la detección y atención de vulnerabilidades, en coordinación con Salud, y en el abordaje de consumos problemáticos”. Recordaron que estos esfuerzos “se llevaron adelante incluso durante el periodo en que se abrió el refugio el año pasado durante el invierno” para personas en situación de calle.


El referente Alberto Cámpora coincidió en que prohibir a los “trapitos” no resuelve el problema de fondo. Recordó que durante la gestión de Horacio “Pechi” Quiroga “se logró, con métodos persuasivos y también coercitivos, sacarlos de las esquinas”, pero advirtió que es insuficiente si no se acompañan de políticas estructurales. “Nosotros les damos un plato de comida y un abrigo, pero eso es un acto de salvataje. La pregunta es otra: ¿Tienen casa? ¿Sabés dónde viven? ¿Por qué están en la calle?”, planteó.


Pablo, que trabaja como limpiavidrios, también se acordó del refugio que promovieron en el invierno y se preguntó: “¿Qué pasó con toda esa gente? La mayoría estamos todos durmiendo en la calle otra vez”. Para él “si quieren prohibir esta actividad, deberían aplicar otras soluciones, como vivienda y trabajo formal”.


Emanuel contó que se la pasa “haciendo changas” y, además, limpia vidrios en las esquinas de Neuquén. Quiso acceder al mercado laboral formal dentro del propio Municipio “para limpiar plazas”, pero no lo aceptaron. “La mayoría tenemos antecedentes penales”, comentó.

Para el joven, allí radica la principal limitante y vio con preocupación que prohíban la actividad: “Nos quieren sacar de las calles y para muchos es nuestra mayor fuente de ingreso. Nos condenan de por vida por habernos equivocado alguna vez”.

Los limpiavidrios ven con preocupación que quieran prohibir la actividad. (Foto: Cecilia Maletti).

Una conversación incómoda sobre los limpiavidrios en Neuquén



Para las sociólogas y doctoras en Ciencias Sociales, Anabel Beliera y Alida Dagnino Contini, el fenómeno de los limpiavidrios no puede leerse de forma aislada, sino dentro de un mercado de trabajo “marcado por la desigualdad” en Neuquén.


Señalaron que la provincia exhibe la paradoja de tener empleos de muy buena calidad y salarios altos en el sector hidrocarburífero, para “un segmento muy chiquito de la población”, mientras convive con “grandes sectores de trabajos informales, precarios y desiguales”, entre ellos el de los “trapitos”. “Hay procesos estructurales de mayor precarización y pérdida de derechos laborales”, plantearon.


Advirtieron que las políticas de prohibición tienden a “ocultar el problema de base”, más que a resolverlo. “Cuando hablamos de trabajos informales y les ponemos este nombre y apellido, en este caso limpiavidrios, el problema que se pretende atacar no es el del acceso a un empleo registrado y formal, sino a las personas que lo ejercen. Queremos eliminar a los trapitos, no ampliar el mercado laboral”, cuestionó Dagnino Contini. También recordaron que, pese a que Neuquén muestra una de las tasas de desocupación más bajas del país, “la tasa de informalidad creció a niveles exponenciales”.


Beliera y Dagnino Contini insistieron en que cualquier intervención eficaz debería ser “integral y multisectorial”: regular el empleo, mejorar salarios y condiciones laborales y al mismo tiempo desplegar políticas más amplias de distribución del ingreso, educación, salud y acceso a servicios públicos.

Pidieron desarmar el estigma que pesa sobre quienes trabajan en la calle. “Hay un mecanismo social que funciona muy bien, que construye un imaginario alrededor de ciertos actores que molestan, que incomodan, que están por fuera de cierta estética de ciudad que ‘progresa’”, describieron.


Y dejaron una pregunta incómoda para replantearse: “En el caso de los limpiavidrios, ¿son ellos los que están en conflicto con la sociedad o es la sociedad la que entra en conflicto con quienes hoy se encuentran en la informalidad?”.

Los limpiavidrios de Neuquén afirman que están excluidos del mercado laboral formal por tener antecedentes. (Foto: Cecilia Maletti).

Qué medidas aplicaron en Cipolletti, Roca y Bariloche


El aumento de los limpiavidrios en la vía pública no es una problemática exclusiva de Neuquén. Ciudades de Río Negro como Cipolletti y Bariloche prohibieron la actividad, mientras que Roca realiza relevamientos periódicos.


Cipolletti fue la primera en implementar una ordenanza para restringirlos. El secretario de Fiscalización de Cipolletti, Diego Zúñiga, afirmó que en solo tres meses lograron “erradicar” a los limpiavidrios con operativos conjuntos con la Policía. Reportó 66 cruces despejados, más de 50 personas retiradas de la calle y al menos diez detenciones.


Sostuvo que el 80% o 90% de los intervenidos no eran oriundos de la localidad y que la mayoría tenía antecedentes penales. Remarcó que pusieron el foco en la seguridad y en responder a unas 500 denuncias de vecinos. Cuando los limpiavidrios son de Cipolletti, se los deriva a Desarrollo Humano. “Cuando son foráneos, tenemos tolerancia cero. Que vuelvan a sus ciudades de origen”, enfatizó.


Bariloche siguió una lógica similar, pero a través de una resolución del intendente Walter Cortés. Prohibió no solo a los limpiavidrios y “trapitos”, sino también malabaristas, artistas callejeros y vendedores ambulante sin autorización. En el primer día de vigencia se notificó a unas 30 personas, con apoyo policial.


Según el municipio, el 60% proviene de otras ciudades y muchas de ellas alegan que no tienen otra forma de ganarse la vida. El argumento central de la gestión es “recuperar el orden público” y evitar riesgos viales: “La calle es para transitar, no para vender cosas o hacer malabares”, dijo el subsecretario de Seguridad, Carlos Bais.


Roca, en cambio, no dictó una prohibición puntual. El Municipio realiza relevamientos periódicos junto a la Policía sobre limpiavidrios y personas que deambulan en espacio público. Desde la Municipalidad reportaron “muy pocos reclamos por inseguridad”, algo que atribuyen también a la instalación de cámaras.


El último censo, en febrero, derivó en una mesa interinstitucional con Fiscalía, el Juzgado de Paz, la Agencia para la Prevención y Asistencia ante el Abuso de Sustancias y de las Adicciones (APASA) y el hospital local: allí se concluyó que el 80% de las personas relevadas estaba en situación de consumo de sustancias.


Remarcaron que la propia letra de la Ley 5592 deja a la Policía con margen acotado y habilita principalmente la intervención sanitaria, por lo que Roca reclamó más recursos de Salud Mental. Subrayaron que la solución “no está en atender los efectos, sino las causas sociales y económicas” que empujan a la calle.


Pablo tiene 28 años y hace cuatro meses que limpia vidrios en las esquinas de Neuquén. Volvió a las calles cuando se quedó sin trabajo formal. Hacía dos año y medio que se desempeñaba en un comercio de la ciudad. En el mejor de los días reúne hasta 110 mil pesos, aunque también hay jornadas magras. Aún así, logra tener “para comer todos los días”.

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