Noches de cine al aire libre en el Alto Valle: verano sin algoritmo ni pausa
El Cineclub TYÖ en Roca invita a compartir películas pensadas para ser vistas sin apuro y lejos el circuito cerrado del consumo digital. El ciclo estival va por su séptima edición.
En tiempos de pantallas múltiples, pausas automáticas y elecciones dictadas por algoritmos, hay gestos que funcionan como una forma de resistencia cultural. Proyectar cine al aire libre, en comunidad, sin posibilidad de adelantar ni cambiar de título, es uno de ellos. Con esa premisa, el Cineclub TYÖ celebra este verano su séptimo ciclo de funciones bajo el cielo abierto y sus 13 años de trabajo en Roca.
Cine al aire libre en Roca: un mapa del calor
“La pregunta que me hago es si ver películas fuera de la sala sigue siendo cine”, plantea Gonzalo López Gadano, director del cineclub. La reflexión invita a pensar. Para él, el cine no es solo un relato audiovisual, sino también un conjunto de condiciones: la oscuridad, el tamaño de la pantalla, el sonido, el hecho compartido de mirar junto a otros. “Cuando todo eso desaparece, algo del cine se pierde”, sostiene.
El ciclo de verano, que comenzó como una respuesta creativa a la pandemia y hoy ya es una tradición, propone justamente recuperar esa experiencia. Las funciones se realizan los lunes por la noche en el patio de la Casa de la Cultura y no se suspenden por mal tiempo.
La programación 2026 fue pensada como una cartografía sensible del verano. No como una estación climática, sino como un tiempo suspendido: el momento en que las rutinas se aflojan, el ocio aparece y los cuerpos quedan más expuestos a la luz, al tedio o a la aventura. “El verano, en el cine, es un estado”, resume el texto curatorial que acompaña el ciclo.

Desde Alaska hasta México, desde Australia hasta Colombia, las películas seleccionadas cruzan geografías, décadas y estilos. No se trata de ignorar fronteras, sino de viajar hacia ellas, buscar en historias ajenas un espejo donde reconocer experiencias propias. La selección recorre más de cincuenta años de cine, de los años 70 a la actualidad, y combina documentales, ficciones, comedias y películas rescatadas del olvido.
La curaduría, a cargo de López Gadano, responde a una decisión personal, artística y estética a la vez. “No creo que la novedad esté siempre en lo nuevo”, explica. “La historia del cine es tan vasta que muchas veces mirar hacia atrás es una forma de descubrir algo que sigue siendo actual”.
Ceder el control: cine al aire libre en Roca
Uno de los ejes centrales del cineclub es renunciar al control absoluto sobre lo que se ve. Frente a plataformas que ofrecen contenidos ajustados al gusto del usuario, TYÖ propone lo contrario: confiar en la selección de otro. “Hoy hay una aversión muy fuerte a lo que no nos resulta cómodo o familiar. Si algo no engancha en dos minutos, se cambia. Y eso termina moldeando incluso cómo se hacen las películas”, reflexiona.
Ir al cineclub implica aceptar esa incertidumbre. No saber si la película va a gustar, sostener la atención, dejarse llevar por el ritmo que propone la obra. “Dejarse sorprender también es parte de la experiencia”, resume Gonzalo.

Las películas del ciclo comparten una relación directa con el verano: la luz natural, los exteriores, el paisaje, los colores intensos. Pero también el encierro, el calor agobiante, el tiempo muerto. Desde un skatepark en Santiago de Chile hasta un departamento en Tlatelolco, desde carreteras latinoamericanas hasta la costa australiana, el verano aparece como atmósfera y como conflicto.
El público que se acerca es diverso. Por un lado, personas mayores que conservan el hábito de ir al cine y encuentran en el cineclub una continuidad de esa práctica. Por otro, jóvenes y estudiantes que se acercan por curiosidad, formación o búsqueda cultural. “El grupo que suele faltar es el que está criando hijos. Después, cuando los chicos crecen, muchos vuelven”, se ríe.
Celebrar 13 años de cineclub, en un contexto de consumo acelerado y fragmentado, no es menor. Es apostar por una experiencia que privilegia el encuentro, la diversidad audiovisual y el tiempo compartido. “Nuestra función es revitalizar material que queda fuera del circuito dominante y abrir canales para películas que merecen ser vistas en comunidad”, resume.
Este verano el cine vuelve a salir de la sala para encontrarse con el aire tibio de las noches del valle. Y, en ese acto simple y colectivo, recupera algo de su potencia original.

Cine de verano en Roca: cuándo, dónde y cómo participar
El 7° Ciclo de Proyecciones al Aire Libre del Cineclub TYÖ se desarrolla todos los lunes de enero y febrero, a partir del 12 de enero. Las funciones comienzan a las 21.30, cuando ya cae el sol y las condiciones permiten la proyección.
Las películas se exhiben en el patio de la Casa de la Cultura de General Roca, ubicada en 9 de Julio 1043.
El valor de la entrada es de $5.000 para socios del cineclub, estudiantes y jubilados, mientras que la entrada general tiene un costo de $7.000.
Desde la organización aclararon que las funciones no se suspenden por mal tiempo: en caso de viento o lluvia, las proyecciones se trasladan a la Sala 2 de la Casa de la Cultura, garantizando la continuidad del ciclo durante toda la temporada.
Cine de verano en Roca: la programación, semana a semana
El 12 de enero, el ciclo abre con Los reyes, de Bettina Perut e Iván Osnovikoff, un documental chileno que corre el foco hacia dos perros que dominan un skatepark y, desde esa mirada desplazada, construye un retrato social tan singular como revelador.
A una semana de distancia, el 19 de enero, llega Grizzly Man, de Werner Herzog, una exploración inquietante sobre la obsesión de Timothy Treadwell por convivir con osos grizzly en Alaska y sobre los límites entre idealismo, naturaleza y delirio.

La última función de enero, el 26, propone volver al monte con Tasio, ópera prima de Montxo Armendáriz y retrato silencioso de una vida marcada por un oficio en extinción, en plena España de la transición.
Febrero arranca con Temporada de patos (2 de febrero), una comedia mínima de Fernando Eimbcke que, en blanco y negro, convierte un domingo de verano, un corte de luz y el aburrimiento adolescente en materia cinematográfica.

El 9 de febrero, el tono cambia con La boda de Muriel, de P. J. Hogan, una sátira tan colorida como filosa sobre la presión social, el mandato del éxito y la búsqueda de identidad en un pequeño pueblo australiano.
Hacia la segunda mitad del mes, el 16, se proyecta César y Rosalie, clásico de Claude Sautet que explora un triángulo amoroso desde la amistad, la libertad y las tensiones afectivas, con Romy Schneider como centro gravitacional.
La programación continúa el 23 de febrero con Mariposas S.A., de Dunav Kuzmanich, una road movie colombiana rescatada décadas después de su realización, que combina sátira, crítica social y espíritu de aventura.
El ciclo se despide el 2 de marzo con una proyección sorpresa en Sala 2, cuyo título permanece en reserva como parte del juego y del espíritu del cineclub.
En tiempos de pantallas múltiples, pausas automáticas y elecciones dictadas por algoritmos, hay gestos que funcionan como una forma de resistencia cultural. Proyectar cine al aire libre, en comunidad, sin posibilidad de adelantar ni cambiar de título, es uno de ellos. Con esa premisa, el Cineclub TYÖ celebra este verano su séptimo ciclo de funciones bajo el cielo abierto y sus 13 años de trabajo en Roca.
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