Por qué muchos chicos terminan la primaria sin leer bien: la explicación del neurocientífico Andrés Rieznik

El físico y divulgador analiza la crisis de alfabetización en Argentina. Si bien es multicausal pone el foco en los métodos de enseñanza. Sostiene que más del 90% de los chicos podría aprender a leer en primer grado con estrategias basadas en evidencia científica.

Por Natalia López

¿Por qué tantos chicos terminan la primaria sin leer con fluidez ni resolver operaciones matemáticas básicas? ¿Qué parte de esa crisis tiene que ver con la forma en que se enseña? El físico y neurocientífico Andrés Rieznik se mete en uno de los debates más sensibles del sistema educativo argentino: los métodos de enseñanza de la lectura y la matemática. Su hipótesis es incómoda pero clara: durante décadas se consolidaron en el país enfoques pedagógicos que hace años la evidencia científica mostró como ineficaces.

“En muchos lugares se desalienta incluso enseñar explícitamente el sonido de las letras. Eso es un error enorme”, sostiene. Según explica, gran parte de los problemas de alfabetización se relacionan con la ausencia de una enseñanza explícita, sistemática y gradual, tres principios básicos que la investigación internacional considera claves para aprender.

Rieznik insiste en un punto: el problema no son los docentes. “Trabajan como pueden con las herramientas que tienen. Muchas veces el sistema los deja sin materiales claros, sin una progresión definida y con teorías pedagógicas que no funcionan”, señala.

En ese escenario, muchos chicos enfrentan un proceso de aprendizaje en el que se espera que descubran por sí mismos cómo funciona la lectura o la matemática. Pero, advierte que ese enfoque desconoce algo fundamental: aprender a leer implica dominar habilidades muy específicas que deben enseñarse paso a paso. “Para comprender un texto primero hay que poder decodificar con fluidez las letras y los sonidos. Si un chico todavía está esforzándose por descifrar cada palabra, no puede concentrarse en entender lo que está leyendo”, explica.

La situación es similar en matemática. Según Rieznik, en muchas aulas se desalienta la enseñanza directa de algoritmos básicos, como sumar o multiplicar en vertical, y se promueve que los alumnos descubran estrategias propias. “Esas herramientas son tecnologías culturales muy sofisticadas que la humanidad tardó siglos en desarrollar. No podemos esperar que los chicos las inventen solos”, afirma.

La ciencia de la lectura: las tres claves de la alfabetización


Durante las últimas décadas se consolidó un campo interdisciplinario conocido como “ciencia de la lectura”, que reúne estudios de psicología experimental, educación y neurociencia. La evidencia acumulada muestra que la alfabetización mejora cuando la enseñanza incluye instrucción explícita de los sonidos de las letras; progresión clara de contenidos; práctica repetida para ganar fluidez; y lectura de textos acordes al nivel del alumno.

“Sabemos esto porque hay más de cuarenta años de estudios comparativos”, explica Rieznik. “Cuando se enseñan los sonidos de las letras de manera explícita y sistemática, los chicos aprenden a leer más rápido y mejor”.

Uno de sus aportes más interesantes es la manera en que conecta estos hallazgos con la neurociencia. Hoy se sabe que el aprendizaje implica cambios físicos en el cerebro: nuevas conexiones neuronales que se forman cuando una persona se concentra, practica y repite una habilidad.

En el caso de la lectura, el cerebro reorganiza circuitos que originalmente estaban dedicados a procesar sonidos y lenguaje. Con la alfabetización aparece una nueva conexión: la que vincula la información visual de las letras con el sistema del lenguaje.

“Aprender a leer es, en el fondo, aprender a escuchar con los ojos”, resume. Ese proceso requiere atención sostenida y práctica. Por eso, considera que la repetición, tan cuestionada en algunos enfoques pedagógicos, es un componente central del aprendizaje.

“El 90% de los chicos podría aprender a leer en 1° grado”


Para Rieznik, uno de los efectos más preocupantes de una mala alfabetización es que amplía las brechas sociales. Las familias con más recursos económicos suelen compensar las dificultades escolares con clases particulares, psicopedagogos o acompañamiento en casa. En cambio, muchos chicos dependen exclusivamente de lo que ocurre en la escuela.

“Si la escuela no enseña bien a leer, esos chicos quedan afuera”, advierte. “La institución escolar nació justamente para igualar oportunidades”. Por eso sostiene que mejorar la alfabetización inicial es una de las políticas educativas más potentes para reducir desigualdad.

Aunque su planteo genera fuertes debates en redes sociales y en el mundo educativo, Rieznik cree que el cambio no vendrá impuesto desde arriba. Su apuesta es otra: construir una red de docentes que quieran trabajar con métodos basados en evidencia y compartir materiales, capacitación y experiencias.

“Los docentes quieren que a sus alumnos les vaya bien. Cuando ven que algo funciona, lo adoptan”, dice. Para el investigador, la discusión de fondo es simple y urgente: recuperar la misión más básica de la escuela. “Hoy sabemos que más del 90% de los chicos podría aprender a leer en primer grado, asegura, La pregunta es si estamos dispuestos a enseñar de la manera que sabemos que funciona”.

La “barra brava” de abuelas y maestras jubiladas


En medio de un debate educativo áspero, Rieznik tiene un apoyo inesperado: una red de docentes jubiladas que lo alientan a seguir.

“Siempre digo que tengo una barra brava de abuelas que me banca”, cuenta. Muchas vivieron en primera persona el cambio pedagógico de las últimas décadas y recuerdan cuándo comenzó a dejar de enseñarse explícitamente el sonido de las letras.

“Cuando escuchan que alguien vuelve a hablar de enseñanza explícita sienten como un aire fresco”, dice. Para el investigador, el gesto muestra que el debate educativo no es solo académico: involucra a generaciones de docentes que dedicaron muchos años de vida a enseñar a leer y escribir.


El niño bilingüe que aprendió con método fónico


Andrés aprendió a leer entre dos idiomas. Nació en 1976 y, cuando era bebé, su familia se mudó a Brasil. Allí hizo el jardín y parte de la primaria en portugués, mientras que en su casa se hablaba español.

Recuerda que en la escuela brasileña aprendió con un método fónico: primero los sonidos de las letras y luego su combinación para formar palabras. “Aprendías la A y la M y ya podías leer mamá ama. Después agregabas otra letra y aparecían nuevas frases”, cuenta. Ese sistema, basado en lo que se llama “lectura controlada”, permite que los chicos empiecen a leer desde el principio y ganen confianza.

Luego volvió con su familia al país. Su experiencia no fue sencilla. Rieznik tuvo dificultades en lectura y escritura, luego supo que tenía dislexia, aunque se destacaba en matemática y memoria. Su mamá y sus maestras detectaron el problema temprano y lo acompañaron con ejercicios y práctica.

Con los años, esa experiencia personal se conectaría con su trabajo científico. Hoy sostiene que la alfabetización mejora cuando se enseñan explícitamente los sonidos de las letras y se avanza de forma gradual, una idea que coincide con la forma en que él mismo comenzó a leer.

El físico y divulgador Andrés Rieznik analiza la crisis de alfabetización en Argentina y apunta a los métodos de enseñanza. Sostiene que más del 90% de los chicos podría aprender a leer en primer grado con estrategias basadas en evidencia científica.

Rieznik es doctor en Física, investigador del CONICET y trabaja en la empresa ARSAT (Empresa Argentina de Soluciones Satelitales). Protagoniza además el espectáculo «Matemagia» y participa asiduamente en producciones de divulgación científica de los canales FOX y NatGeo.

Es autor de varios libros, entre ellos, Neuromagia (Siglo XXI Editores), Atletismo mental (Sudamericana) y Enseñar, El ABC de la alfabetización o por qué la ciencia de la lectura puede revolucionar la educación (PLan B, Penguin, 2026).


¿Por qué tantos chicos terminan la primaria sin leer con fluidez ni resolver operaciones matemáticas básicas? ¿Qué parte de esa crisis tiene que ver con la forma en que se enseña? El físico y neurocientífico Andrés Rieznik se mete en uno de los debates más sensibles del sistema educativo argentino: los métodos de enseñanza de la lectura y la matemática. Su hipótesis es incómoda pero clara: durante décadas se consolidaron en el país enfoques pedagógicos que hace años la evidencia científica mostró como ineficaces.

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