¿Qué hacemos los varones el 8M?
Masculinidades, responsabilidad y la oportunidad de transformar.
Por Federico Sacchi (*), especial para «Río Negro»
Cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer. No es una fecha romántica ni
un gesto simbólico vacío. Es una jornada de memoria, lucha y organización política que busca
visibilizar las desigualdades estructurales que todavía atraviesan la vida de millones de
mujeres.
Con el paso del tiempo, y especialmente en los últimos años, empezó a aparecer una pregunta
cada vez más frecuente entre los varones:
¿qué hacemos nosotros el 8M?

La pregunta es relevante porque durante mucho tiempo los hombres ocupamos dos posiciones
frente a estas discusiones: el silencio o la negación. En muchos casos, la reacción más habitual
fue defendernos con una frase conocida: “no todos los hombres somos iguales”.
Y es cierto. Pero también es cierto que el problema no se resuelve en la excepción individual.
La violencia de género, la desigualdad salarial, la distribución injusta de las tareas de cuidado o
los distintos tipos de violencia cotidiana no son hechos aislados. Son expresiones de un
sistema cultural más amplio que durante siglos organizó las relaciones entre hombres y
mujeres desde una lógica de poder.

Los datos ayudan a dimensionar esa realidad. En 2025, al menos 3.828 mujeres fueron
asesinadas por razones de género en América Latina y el Caribe, y la mayoría de esos
crímenes fueron cometidos por parejas o exparejas.
Detrás de cada cifra hay historias de control, celos, posesión y violencia que no aparecen de un
día para el otro. Son la manifestación más extrema de un modelo cultural que durante mucho
tiempo enseñó a los varones que ser hombre implicaba ejercer autoridad, dominio o control.
Por eso, más que preguntarnos si somos o no parte del problema, la discusión actual invita a
pensar algo más profundo:
qué tipo de hombres queremos ser en una sociedad que está cambiando.
La masculinidad es una construcción social
Durante mucho tiempo se pensó que la masculinidad era algo natural, casi biológico. Sin
embargo, distintas investigaciones en el campo de los estudios de género mostraron que ser
varón también es un proceso cultural, lleno de expectativas, mandatos y aprendizajes.
La socióloga australiana Raewyn Connell desarrolló el concepto de masculinidad hegemónica
para explicar cómo ciertas formas de ser hombre se vuelven dominantes dentro de una
sociedad. Ese modelo suele estar asociado a valores como la fuerza, la autoridad, la
competitividad, el control emocional y la idea de superioridad sobre lo femenino.

Entender los procesos, fundamental
Por su parte, el sociólogo francés Pierre Bourdieu explicó cómo muchas formas de dominación
masculina se sostienen no solo por la fuerza, sino también por mecanismos simbólicos que
naturalizan esas desigualdades y las vuelven casi invisibles.
En América Latina, la antropóloga Rita Segato aportó una mirada clave al señalar que muchas
violencias contra las mujeres funcionan como mensajes de poder entre varones, donde el
cuerpo de las mujeres aparece como territorio de demostración de autoridad.
Entender estos procesos no busca culpabilizar individualmente a cada hombre. Lo que busca
es visibilizar un sistema cultural que aprendimos, reproducimos y que también podemos
transformar.
Y ahí aparece una oportunidad.
Porque si la masculinidad es una construcción social, también puede cambiar.
El 8M como punto de partida
El 8 de marzo no es un día para que los varones ocupen el centro de la escena ni para explicar
el feminismo. El protagonismo de esta jornada pertenece a las mujeres y a las luchas que
impulsaron durante décadas.
Pero eso no significa que los varones deban quedar al margen de cualquier reflexión.
Por el contrario: el 8M puede ser un momento para mirarnos críticamente y empezar a
modificar prácticas cotidianas que sostienen la desigualdad.

Ocho acciones concretas para empezar
La transformación cultural no ocurre solamente en los grandes debates públicos. Muchas veces
comienza en pequeños gestos cotidianos.
- Escuchar antes de opinar
El 8M es una oportunidad para escuchar experiencias y demandas que durante mucho tiempo
fueron invisibilizadas. - Informarse sobre desigualdad y violencia de género
Comprender el problema es el primer paso para transformarlo. - Revisar nuestras propias conductas
Muchos comportamientos naturalizados —comentarios, bromas o actitudes— reproducen
desigualdades sin que lo notemos. - Interpelar a otros varones
Gran parte de la cultura machista se reproduce en espacios masculinos. Animarse a
cuestionarla también es parte del cambio. - Compartir responsabilidades de cuidado
La desigualdad en las tareas domésticas sigue siendo una de las principales brechas de
género. - Acompañar sin protagonizar
Apoyar las luchas feministas implica reconocer que no necesitamos ocupar todos los espacios. - Promover nuevas formas de masculinidad
Ser referentes de vínculos más respetuosos, empáticos y libres de violencia también transforma
la cultura. - Sostener el compromiso más allá de una fecha
La igualdad no se construye en un solo día. Es un proceso cotidiano.
Una pregunta que vale la pena hacerse
Tal vez el mayor desafío para los varones hoy no sea defendernos ni justificar nuestras
posiciones. Tal vez el desafío sea animarnos a revisar los modelos de masculinidad que
heredamos.
Preguntarnos qué mandatos seguimos repitiendo.
Qué privilegios damos por naturales.
Qué silencios sostienen desigualdades.
No se trata de competir con nadie ni de buscar reconocimiento.
Se trata de algo mucho más simple y mucho más profundo: aprender a ser hombres de otra
manera.
Porque el cambio cultural que impulsan los movimientos feministas no es una amenaza para
los varones.
Es, en realidad, una oportunidad histórica.
La oportunidad de demostrar que podemos construir masculinidades más libres, más
empáticas y menos ligadas al poder sobre otros.
Y quizás el verdadero sentido de preguntarnos qué hacemos los varones el 8 de marzo sea
ese:
no hablar más fuerte,
no ocupar más espacio,
sino empezar a demostrar —con acciones y no solo con palabras— que otra forma de ser
varón es posible.
Se puede ser varón sin ser un macho.
(*) Licenciado en Relaciones Públicas e Institucionales. Especialista en masculinidades y cambio social. Columnista y analista de transformaciones socioculturales. Neuquén
Por Federico Sacchi (*), especial para "Río Negro"
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