“Socorro, una tragedia diaria”





Cinco muertos, ¿y ahora ? Han puesto sobre el tapete un tema: la muerte. Dicho tema ya se está disipando y son pocos los que hablan de anfetamina. Si esto sucede, y nadie toma las medidas que hay que tomar, la tragedia diaria que vivimos continuará hasta límites insospechados.

Funcionarios, instituciones, legisladores, ministros, hablan y hablan, y hasta han tomado algunas medidas que no solucionarán nada por su tibieza y su falta de profesionalismo. Es como decía mi abuela: quieren tapar el sol con las manos.

Pido socorro, porque ya no sé más que hacer. Hace decenas de años que vengo hablando de la anfetamina y sus consecuencias en charlas públicas, conferencias, notas periodísticas en diarios, pero la situación no se resuelve, sino que crece y la tragedia continúa.

Las anfetaminas son estimulantes del sistema nervioso central y algunos de sus efectos son: aumento de la resistencia física y psíquica, desaparición del sueño, estado de euforia y bienestar, aumento de la seguridad en sí mismo, mayor agudeza mental, verborrea, etc. Otros efectos son: agresividad, alucinaciones auditivas, ilusiones tipo paranoide y daños irreversibles en el cerebro.

Pero sus peores efectos sociales son el aumento de la agresividad, alteración de la capacidad de controlar impulsos básicos, desaparición del juicio crítico. Entonces, una persona intoxicada con anfetamina, además de ponerse muy agresiva y no poder contener sus instintos básicos, no tiene ningún freno producto de su educación y formación, porque el juicio crítico ha caído, por eso esa persona puede violar o matar como si nada u provocar una maniobra imprudente conduciendo un ómnibus. La anfetamina fue utilizada en la Segunda Guerra Mundial como “la droga del heroísmo”, pero cayó en desuso porque los soldados atacaban también a sus superiores. Actualmente, en Estados Unidos las anfetaminas superan a la cocaína en 45 estados. Dicen los norteamericanos que el 20% de sus presos está vinculado con esta droga. Para agregar, las anfetaminas son una de las causas de asaltos, violencia doméstica, crímenes, robos y abuso de menores.

Los nombres populares de esta droga son: meth, speed, crack, flash, ice, etc. En España es consumida como la droga del valor por delincuentes. En Argentina, según información periodística, entra por toneladas.

Tenemos controles laxos y casi inexistentes sobre los medicamentos y los principios activos. Faltan leyes, normas, institutos que las lleven a cabo, inspectores, penas y por sobre todo capacidad y eficiencia. Vemos a los menores agredirse como fieras, a los delincuentes matar por nada, a las chicas en los boliches entregarse por una copa y en público, y en este caso se dice livianamente que en estas fiestas todos saben que la mayoría se droga. Y el Estado… bien, gracias.

Y nadie dice nada, nadie hace nada, nadie contesta. ¿Qué es eso de los baldes? ¿De dónde sacan las pastillas los chicos? ¿De dónde sacan los medicamentos las distribuidoras que abastecen a los quioscos y almacenes? ¿Existe un mercado negro de medicamentos? ¿Por qué un energizante tiene el mismo nombre que la metanfetamina como vulgarmente se conoce? ¿Por qué están permitidos los energizantes, si todos sabemos que sólo sirven para incorporar un estimulante como la cafeína al organismo humano?

¿Por qué algunos farmacéuticos entregan medicamentos bajo receta sin ellas? ¿Quién controla los estupefacientes y los psicotrópicos? ¿Y cómo? ¿Cómo una sola persona puede inspeccionar todos los laboratorios de la provincia de Buenos Aires? ¿Por qué a alguien que necesita seis dosis de un medicamento lo obligan a comprar 10 ó 15, porque es la presentación mínima, convirtiendo las puertas de las heladeras en el mayor depósito de drogas del país? ¿Por qué los laboratorios homeopáticos nadan en anfetaminas? ¿Quién los controla? ¿Cuántos laboratorios truchos existen en la Argentina? ¿Por qué los conductores televisivos propagandean fármacos, cosa que está prohibida por una ley? ¿Por qué el director del PAMI le redujo la cobertura a cientos de medicamentos por ineficaces y peligrosos y su jefe, el ministro de Salud, que es también jefe del Anmat, permite que fármacos ineficaces y peligrosos sigan en circulación? ¿No es delirante que ahora le echen la culpa al agua a pesar de que sin anfetamina el agua no cuenta?

Por todo ello grito socorro. Hay que ocuparse del tema, con especialistas. No alcanza con que los políticos quieran imponerse hablando fuerte y bonito. Como decía Juan Domingo Perón: “La única verdad es la realidad”, y nuestra realidad en este tema apesta.

Antonio Tourville

DNI 7.817.849

San Antonio Oeste

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