Sudán del Sur, sumida en una atroz guerra civil
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Sudán del Sur, con sus doce millones de habitantes, es el país más joven del mundo. El “Benjamín” tiene sólo cuatro años de vida independiente, alcanzada después de un referendo en el que decidió separarse de Sudán del Norte. Pero es también uno de los más pobres y primitivos, por cierto. Y uno de los más peligrosos para todos los que, por la razón que fuere, hoy pisan su suelo.
Azotado por una guerra civil que ya lleva bastante más de un año de hostilidades abiertas y atrocidades ininterrumpidas, el país se desangra. Ocho intentos pacificadores han fracasado, uno tras otro. Desde diciembre del 2013. Sin contener la violencia, en modo alguno.
Los niños y los civiles inocentes son entonces blanco constante del salvajismo más horrible. Más de la mitad de su población está sufriendo hambre. Y cabe hacerse una pregunta inevitable: ¿hay nación todavía? O ella se ha disuelto en el fragor de la violencia intertribal ininterrumpida que enfrenta a los dos grandes grupos étnicos del país: “dinkas” contra “nuers”. Pero, además, de ellos hay toda una multiplicidad de otros diferentes grupos étnicos. Lo cierto es que en Sudán de Sur todo es conflicto, desolación y muerte. Caos.
No obstante, en los ricos yacimientos de petróleo de Bentiu se sigue extrayendo y exportando el crudo que genera el 98% de los ingresos del joven estado, en un flujo de riqueza que se comparte con Sudán del Norte. Por ahora, al menos. Porque la intensidad de los combates ha crecido enormemente. Y todo es contingente.
Ni los trabajadores humanitarios pueden llevar asistencia a quienes la necesitan, desde que son presa relativamente fácil de los combatientes, que no tienen respeto alguno por ellos. Y procuran apoderarse de la ayuda que transportan. Para comercializarla, la mayor parte de las veces.
Las Naciones Unidas enviaron a un coordinador de las conversaciones de paz, Toby Lanze, quien, luego de exponer sus opiniones en un informe, como corresponde, fue inmediatamente expulsado del país. La cortesía no es una característica local. La tolerancia y el respeto menos aún. Con ello uno de los pocos andariveles disponibles para el tránsito hacia la paz ha sido desarticulado.
Emilio J. Cárdenas
Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
Emilio J. Cárdenas