Suecia, el país de los policiales negros

Ya se hizo una película, “Dinero fácil”, que también fue un éxito en Europa.

Claudio Andrade

candrade@rionegro.com.ar

Si no la tiene ya, a esta altura de los acontecimientos el policial sueco merece su propia subcategoría en el vasto archivo de la novela policial negra.

Al consagrado y hasta ciertamente mitológico Stieg Larsson (“Millenium”) y Henning Mankell (padre de la serie protagonizada por el inspector Kurt Wallander y de la muy elogiada novela “El chino”) se les suma Jens Lapidus, autor de la “Trilogía negra de Estocolmo”, que ha vennido más de un millón de libros sólo en Suecia.

La trilogía de Lapidus es una obra de ritmo vertiginoso, bien cinematográfico y que conserva para sí una serie de elementos narrativos que la hacen especial incluso en el marco de este grupo de sobresalientes narradores.

Lapidus, además de revelarse como un relator crudo al estilo del americano James Ellroy (quien lo ha elogiado largamente, dicho sea de paso), se atrevió a utilizar como personajes a una serie de figuras de origen extranjero que cumplen un extraño y muy interesante doble rol. Los villanos de Lapidus son además héroes heridos por una realidad impiadosa que se desarrolla en los suburbios de la opulencia europea. Sobrevivientes de su propio infierno personal y, por supuesto, del de los otros.

Lapidus posee un estilo que remite de manera inmediata a la pantalla grande, con sus diálogos cortos pero necesarios y con descripciones sin mancha que no dejan lugar a dudas. La sangre es sangre y no salsa de tomates.

A Lapidus le ha ayudado a elaborar el guión de su obra el hecho de ser de profesión un destacado abogado penalista y como tal haber representado a algunos de los más tristemente célebres criminales de su país.

En las historias de Lapidus confluyen todos los sectores de una sociedad que, al menos en apariencia y en la superficie, vive en una suerte de paraíso terrenal. Los suecos lo tienen todo, riqueza, orden, identidad y solución para cualesquiera que sean los problemas que aparecen dentro de su civilidad. No obstante, por debajo de esa piel cuidada con cremas de 100 dólares la onza hay un mundo que se retuerce como un dragón y que busca una salida a las leyes establecidas.

En ese mundo abundan los “chilenos” nacidos y criados en Suecia, probablemente hijos o nietos de transandinos que llegaron al país en los primeros años de la dictadura de Augusto Pinochet; “los musulmanes” que no dejan de atravesar las fronteras de los países más desarrollados para imponer sus propias reglas del juego, “los albaneses”, “los croatas”, proveedores de hombres armados donde quiera que hagan falta, y “los rusos”, que desde hace tiempo dominan el mercado de la prostitución y el juego clandestino en ese país.

La competencia por el mercado es feroz. De pronto la “Trilogía negra de Estocolmo” hace pensar en aquella gran película francesa “Un profeta”, de Jacques Audiard y protagonizada por Tahar Rahim, Gran Premio del Jurado en Cannes, donde razas y culturas van a parar a la misma calle en búsqueda del oro del siglo XXI: cocaína y éxtasis.

Pero también están los suecos. Personajes millonarios y a veces siniestros que deben asociarse a los representantes de la nueva mafia para conseguir dinero en efectivo. Las alianzas posibles son infinitas. Los suecos propietarios de un banco en la quiebra utilizan los servicios de un compatriota que representa a un grupo de origen árabe que tiene como principal socio a una aceitada organización de chilenos que a su vez opera con traficantes norteamericanos, en una operación protegida por albaneses armados hasta los dientes desde Dinamarca y Noruega.

En el medio de esta transacción laberíntica está JW, un estudiante de economía que se hace pasar con increíble ingenio por un niño rico, Jorge, un chileno que habla en “chilensis” o sueco, según corresponda, y que aspira a vivir tan cómodamente como sus envidiados “vikingos”; Paola, su hermana, que espera un bebé de un joven llamado Andrea, un asesino a sueldo que quiere redimirse cuidando a su pequeña hija, y un mafioso croata que imparte lecciones de urbanidad a su hijo adolescente.

“Trilogía negra de Estocolmo” es como “Millenium” y como la obra de Ellroy, la metáfora de un camino oscuro y mágico donde la mayoría pierde y sólo algunos quedan de pie. Es el precio de vivir intensamente de luchar, como dice Jorge, por el dinero fácil.

Lapidus posee un estilo que remite de manera inmediata a la pantalla grande, con sus diálogos cortos pero necesarios.


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