Generación hiperconectada: las redes sociales cambian las habilidades de los adolescentes
Las redes sociales, los videojuegos y el uso permanente del celular ya forman parte de la vida cotidiana de los jóvenes. Sin embargo, especialistas advierten que el problema no pasa únicamente por la cantidad de horas frente a una pantalla, sino por el impacto que esa exposición tiene sobre las habilidades sociales, la regulación emocional y la construcción de la identidad.
Diversas proyecciones anticipan que los trastornos de salud mental estarán entre los principales desafíos sanitarios hacia 2030.
La escena se repite cada vez con mayor frecuencia: adolescentes que pueden pasar horas interactuando en redes sociales, pero sienten ansiedad ante situaciones tan simples como pedir una comida en un local o mantener una conversación cara a cara. Para los especialistas, este fenómeno refleja un cambio profundo en la manera en que las nuevas generaciones desarrollan sus vínculos y enfrentan el mundo fuera de las pantallas.
El dato encuentra respaldo en el informe «Kids Online Argentina 2025», elaborado por Unicef y Unesco, según el cual el 46% de los chicos de entre 9 y 17 años atravesó algún problema relacionado con el uso de internet, el teléfono celular o los videojuegos. La cifra vuelve a poner el foco sobre un desafío que excede la tecnología: cómo convivir con ella sin que termine condicionando el desarrollo emocional.
Para el licenciado en Psicología Alexis Alderete, especialista en trastornos de ansiedad y entrenamiento en habilidades, la velocidad con la que avanzó el ecosistema digital superó la capacidad de adaptación del ser humano.
«El cerebro hoy no está preparado, a nivel de desarrollo evolutivo, para manejar la cantidad de información que tiene el mundo digital”, señaló.
El especialista sostuvo que el verdadero problema no es el tiempo de conexión, sino el momento en que la tecnología comienza a interferir en la vida cotidiana. El llamado «uso problemático» aparece cuando las redes afectan el rendimiento escolar, deterioran las relaciones sociales o generan dependencia emocional de la validación online.
«La dificultad aparece cuando el adolescente ya no puede estudiar, relacionarse o desenvolverse normalmente. También cuando el bullying digital, los comentarios agresivos o la exposición constante generan ansiedad, miedo y una pérdida de confianza para comunicarse», explicó.
Uno de los cambios que más preocupa a los profesionales es la pérdida de habilidades sociales básicas. Según Alderete, cada vez es más frecuente encontrar jóvenes que evitan el contacto visual o experimentan altos niveles de ansiedad frente a interacciones presenciales.
«Hay chicos que no adquirieron la habilidad humana de mirar a los ojos o prestar atención. Incluso pedir una hamburguesa fuera de una aplicación puede generarles muchísima ansiedad”, alertó.
El especialista consideró que la comodidad del entorno digital reduce la exposición a situaciones sociales que son fundamentales para el aprendizaje emocional durante la adolescencia.
- Detrás del like
Otro aspecto central es el modo en que las plataformas digitales interactúan con los mecanismos de recompensa del cerebro.
Cada «Me gusta», comentario positivo o reposteo genera pequeñas liberaciones de dopamina, el neurotransmisor asociado al placer y la recompensa. Aunque este mecanismo es natural, su repetición constante puede reforzar la búsqueda de aprobación externa.
«Muchos adolescentes creen equivocadamente que encontrarán su identidad dentro del mundo digital. Terminan asociando su valor personal con la cantidad de likes o la imagen que proyectan en redes», advirtió Alderete.
En consecuencia, la autoestima puede quedar cada vez más ligada a métricas que cambian minuto a minuto y que dependen de la reacción de terceros.
Las redes sociales también modificaron la forma en que se manifiesta la violencia entre pares. A diferencia de un conflicto presencial, el agresor digital rara vez observa de manera directa el sufrimiento que provoca.
«Cuando no veo las consecuencias de mi acto, elevo cada vez más mi agresividad y me siento más libre», explicó el psicólogo.
Ese fenómeno, combinado con el anonimato y la ausencia de consecuencias inmediatas, favorece la escalada de discursos de odio, hostigamiento y desafíos virales impulsados por referentes sin autoridad real.
La falta del contacto cara a cara elimina muchos de los mecanismos naturales de empatía que funcionan como freno en las relaciones humanas.
Sin embargo, para Alderete, retirar el celular de forma abrupta suele ser un error. «Cuando simplemente se saca el dispositivo, aparece una explosión emocional. Cada vez vemos más adolescentes que rompen objetos o incluso amenazan a sus padres», afirmó.
En lugar de respuestas impulsivas, propuso construir acuerdos sobre horarios, tiempos de uso y espacios libres de pantallas, además de fomentar la comunicación antes que el castigo.
Respecto de las señales de alerta, recomendó prestar atención a cualquier cambio significativo de conducta: rechazo a asistir al colegio, ataques de pánico, taquicardia, alteraciones del sueño, cambios en la alimentación o abandono de actividades que antes resultaban placenteras.
Un desafío para la próxima década
La expansión de la inteligencia artificial, los algoritmos de recomendación y las plataformas cada vez más inmersivas anticipan que la relación entre adolescentes y tecnología será todavía más intensa en los próximos años.
Alderete recordó que distintas proyecciones internacionales ubican a los trastornos vinculados con la salud mental entre los principales desafíos sanitarios hacia 2030. «Vivimos en un mundo cada vez más conectado digitalmente, pero también más desconectado desde lo emocional y lo humano», apuntó.
Más que demonizar la tecnología, el desafío consiste en aprender a integrarla sin reemplazar experiencias esenciales para el desarrollo: conversar cara a cara, tolerar la frustración, construir vínculos reales y desarrollar habilidades sociales que ninguna aplicación puede ofrecer.
Noticias Argentinas
La escena se repite cada vez con mayor frecuencia: adolescentes que pueden pasar horas interactuando en redes sociales, pero sienten ansiedad ante situaciones tan simples como pedir una comida en un local o mantener una conversación cara a cara. Para los especialistas, este fenómeno refleja un cambio profundo en la manera en que las nuevas generaciones desarrollan sus vínculos y enfrentan el mundo fuera de las pantallas.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios