Teresa Parodi, la palabra cotidiana

En entrevista con “Río Negro” habla de su compromiso.

Redacción

Por Redacción

Teresa Parodi reconoce en Atahualpa Yupanqui el maestro fundamental.

Como pájaro que es, anda volando de canción en canción, de pueblo en pueblo, de corazón a corazón. Llevando su palabra clara como el agua. Ayer, Teresa cantó en Aluminé, y hoy, a las 22, estará en el Salón Rainbow del Casino Magic Neuquén, con su show “Corazón de pájaro”. Nacida en Corrientes, de ojos claros, el 30 de diciembre del 47, mantiene -a lo largo de su enorme trayectoria- fidelidad a una línea ética que la define luchadora por valores y derechos humanos esenciales. “Vivimos en una sociedad cambiante en la que hay una desvalorizada palabra; usada en lo mínimo disponible y posible, cada vez con menos contenido verdadero. Es muy siniestro eso, pero es una realidad. Y hacer la canción desde ese lugar es comprometerse todavía más con los grandes autores y compositores que dejaron bien claro por dónde hay que caminar. En ese sentido me parece un desafío formidable, por eso yo me aferro a ello, me aferro a lo que nos dejaron tanta enseñanza y trato de seguir aprendiendo desde sus obras. La mejor forma es sostener una ética y una estética muy relacionada con una manera de pensar, con un modo de concebir el país y también, quizás, el mundo.” –A pesar de las dificultades económicas que eso puede generarle. –Claro. Eso es una elección, amigo. Tan sencillo como eso. Casi le diría que para mí es un honor no estar en esos espacios mediáticos que bastardean todo, los que levantan y sostienen por conveniencia y por intereses absolutamente espurios, la cultura de lo efímero. Para mí es un honor no estar incluida en ese uso. –La última vez que apareció por televisión, estaba con Cecilia Todd y Ana Prada. –Sí, en un homenaje hermoso a la mujer. –Para el pasado 8 de marzo. Era usted un referente marcando camino a jóvenes como Ana. –Ana es una maravillosa compositora, muy novedosa, original, con voz propia. Y además, una bellísima persona. Su obra es como ella y me encantó compartir el escenario. Yo ya la venía escuchando en Buenos Aires, en lugares pequeños a los que me he acercado con mucho interés. Porque aprendo de todos. Yo seré maestra porque la edad, la experiencia acumulada, me lo permiten, pero igualmente sigo siendo alumna y eso me da mucho gusto. Aprendo de los jóvenes, también. La mirada original que Ana tiene, me hace pensar, me motiva. Yo estoy todo el tiempo buscando, husmeando, para encontrar justamente eso. –Observo su poesía y la que usted interpreta, con mayor nitidez según pasan los años, cada vez más cercana a la sencillez y la hondura expresiva. Con palabras llanas dice cuestiones profundas y necesarias… –De hecho, traté de aprender mucho de los grandes –como acabo de decir– y de los jóvenes. Pero hay un maestro fundamental, Atahualpa Yupanqui. El manejó el lenguaje sencillo con una hondura estremecedora. No sólo él… ha habido otros como Alfredo Zitarrosa o Chabuca (Granda) con una pureza de línea, de lenguaje, y esa búsqueda por llegar al meollo, a la médula de lo que se quiere señalar. La canción dura tres minutos y hay tanto para decir, que apretarlo en tan breve tiempo marca la importancia de encontrar la frase que resuma, que resuelva lo que uno quiere decir con palabras de todos, la palabra cotidiana. Es un camino tan importante como difícil.” –¿Qué expectativa le generan viajes como el que la trae a Neuquén? –Es hermoso llegar a lugares de las provincias argentinas. Es un público muy cálido y cariñoso, ávido. Es como un terreno siempre fértil en el que dejo una pequeña huella. Hay un ida y vuelta espontáneo, gente con mucha más tranquilidad. Desde un lugar muy distinto a la apurada vida de las ciudades grandes, recibe, espera y devuelve con gestos de toda índole, de amor. Da una bienvenida siempre inolvidable. Yo me hallo mucho en el interior porque soy del interior. Me reencuentro con un montón de cosas que me son familiares. Me hace mucho bien…

EDUARDO ROUILLET eduardorouillet@ciudad.com.ar


Teresa Parodi reconoce en Atahualpa Yupanqui el maestro fundamental.

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