Terroristas desplazados
Al Qaeda ha hecho avanzar el "proceso de paz" en Irlanda del Norte, logro que nunca ha figurado entre sus objetivos.
Si bien pocos creen que el Ejército Republicano Irlandés, mejor conocido como el IRA, haya decidido entregar todas sus armas a la comisión internacional a cargo de recibirlas o que todas las facciones obedezcan a los líderes formales, el mero hecho de que la agrupación haya anunciado «oficialmente» que en adelante trataría de alcanzar sus objetivos por medios pacíficos podría significar que, por fin, el embrollo norirlandés está en vías de solucionarse. Sin embargo, pocos supondrán que la presunta voluntad de deponer las armas de una organización terrorista que está entre las más letales del mundo se haya debido a nada más que a la hostilidad de la mayoría de los irlandeses o a que en una Europa cada vez más unida los estados nacionales, lo mismo que las viejas fronteras, como la que separa a Gran Bretaña e Irlanda, ya carecen de la importancia de antes. El factor clave ha sido el cambio de actitud del gobierno norteamericano. Conscientes del poder del voto de los muchos millones de compatriotas que son descendientes de irlandeses católicos, hasta hace poco administraciones sucesivas se mostraron reacias a detener a quienes subsidiaban al IRA. Sin embargo, el arresto de tres integrantes de la agrupación en Colombia, primero, y poco después, los ataques perpetrados en Nueva York y Washington, sirvieron para convencer al equipo de George W. Bush de la conveniencia de agregarlo a su lista de enemigos. Sus motivos eran dos: uno consistía en la contradicción supuesta por tolerar al IRA mientras se proclamaba resuelto a atacar a aquellos países que permitían a sus ciudadanos ayudar a terroristas -principio que, como no tardaron en señalar sus críticos, daría a los británicos el derecho de bombardear Boston-, y el segundo el entender que los diversos movimientos terroristas del mundo suelen cooperar, intercambiando información y adiestrando a sus congéneres sin preocuparse del todo por las diferencias ideológicas o religiosas. Así, pues, Al-Qaeda de Osama ben Laden está entre los responsables de hacer avanzar el «proceso de paz» en Irlanda del Norte, logro éste que con toda seguridad nunca ha figurado en su lista de objetivos.
Por desgracia, no es nada probable que el otro movimiento terrorista de eficacia comprobada, ETA, resulte ser igualmente vulnerable. A diferencia del IRA, no depende de los aportes privados norteamericanos, de suerte que la nueva política de Estados Unidos no incidirá mucho en sus finanzas. Con todo, la conciencia ya generalizada en Estados Unidos y Europa de que todos los terrorismos son peligrosos y que la amenaza común que plantean importa mucho más que las eventuales simpatías personales, la solidaridad religiosa, las presuntas injusticias históricas o las hipotéticas ventajas de dejarlos operar con tal de que cometan sus crímenes en otros países, supondrán que ETA también se verá frente a problemas más difíciles que en el pasado. Por cierto, sorprendería que las autoridades belgas continuaran dándole el beneficio de toda duda concebible. En cuanto a la policía francesa, a partir del 11 de setiembre se han redoblado los esfuerzos por eliminar las últimas células que queden en su jurisdicción.
En América Latina -sobre todo en Colombia-, la lucha contra los movimientos terroristas, la mayoría de los cuales se consideran «marxistas», resultará ser mucho más problemática. Cuentan con más militantes que sus equivalentes europeos y los apoyan franjas de la opinión pública de casi todos los países de la región. Pero aunque por ahora no se prevé una intervención norteamericana en gran escala en Colombia, la decisión estratégica del gobierno de Estados Unidos de librar una guerra prolongada contra el terror aumentará las presiones sobre aquellos políticos colombianos que dicen creer en la posibilidad de una paz negociada con las FARC y también supondrá más ayuda económica y, con toda seguridad, mejor entrenamiento para las poco profesionales fuerzas gubernamentales.
Así las cosas, es de prever que gracias a Osama ben Laden el terrorismo no islámico en Europa se vea reducido al mínimo inexpugnable y que en las Américas sus intentos de establecerse den pie a réplicas mucho más contundentes que las habituales en el pasado.