“Todos no fuimos Priebke”



Un soldado alemán

Como si fuera un ruego, Joaquín Hardt, soldado alemán de la Wehrmacht en el frente ruso durante la Segunda Guerra Mundial, hizo esa declaración a “Río Negro” en el curso de una entrevista publicada el 19 de setiembre de 1994. En su residencia de Bariloche, frente al Nahuel Huapi, quiso distinguirse de Erich Priebke, el capitán de las SS que prefirió cumplir una orden de Adolfo Hitler para no correr el riesgo de que, como castigo por la desobediencia, lo enviaran a ocupar un lugar en los “Einsatz Gruppen”, los grupos de acción de las SS a cargo de los trabajos sucios en el territorio de la ex URSS. Producido el atentado partisano del 23 de marzo de 1944 que mató a 32 soldados tiroleses que, bajo la autoridad militar alemana, cumplían funciones policiales en Roma, Adolfo Hitler ordenó que por cada muerto fueran ejecutados diez italianos. Quien se encargó de que así se hiciera fue el coronel de las SS Herbert Kappler, con la colaboración de Priebke. La publicación de “Río Negro” señala que Hardt explicó que “Priebke, si de verdad estaba en desacuerdo, pudo escapar o pedir que lo enviaran al frente ruso”, el más cruento. Como lo muestra el filme “Masacre en Roma”, con Richard Burton en el papel principal, la represalia se cumplió en una cantera en desuso, las Fosas Ardeatinas, te un tiro en la nuca de las víctimas. Priebke mató a cinco, y así pudo seguir en Roma –declarada “ciudad abierta”, a salvo de bombardeos por sus tesoros históricos, incluidos los del Vaticano– hasta el fin de la guerra. La señal más clara de que todos los alemanes eran como Priebke fue la que, según contó Hardt, le dio una mujer judía que lo interpeló en un restorán de Bariloche. Después de haber sido presentado, la mujer le preguntó si había participado en la guerra. Le contestó que sí, y que había sido herido. La mujer replicó “que lástima que no lo mataron”.

Jorge Gadano jagadano@yahoo.com.ar


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