Tormenta en el desierto
Por Gerardo Bilardo
La supuesta tranquilidad de bolsillo que el gobierno creía tener hasta hace unas semanas atrás no era tal. Y la paz interior se ha perdido en apenas unos días, cuando la siesta provinciana que reinaba por aquí fue interrumpida por el pésimo humor de los mercados que pusieron a la Argentina en penitencia, vaya a saber hasta cuándo.
Al reconocer que al país ya no le prestan dinero y que hay que ajustar otra vez el cinturón para ahorrar varios miles de millones de pesos, el ministro Domingo Cavallo echó por tierra buena parte de los sueños de un gobernador que, como Jorge Sobisch, se encuentra en campaña interna, enfrentará una elección general en octubre y aún tiene pretensiones de transitar los seis últimos meses del año sin sobresaltos.
En esta embestida fuerte contra el déficit, Nación asumió el compromiso de reducir los gastos en 1.500 millones de pesos entre julio y diciembre. El presidente Fernando de la Rúa y el ministro Cavallo dicen que el dinero saldrá de una mayor recaudación o de un ajuste en los sueldos de los empleados públicos nacionales. Y les piden a las provincias una contribución, de unos 3.000 millones, para disminuir el rojo fiscal.
Puede que Neuquén tenga mayor resto que otras provincias y soporte el temporal por algunos meses más. Pero sin crédito para pagar la deuda que vence este año, equivalente a unos 115 millones de pesos, y con pocas chances de conseguir otras fuentes financieras por afuera del clausurado fondo fiduciario que garantizaba la Nación a las provincias, el escenario que tiene enfrente el oficialismo es lo más alejado de un lecho de rosas y lo más parecido a un campo de espinas.
No alcanza con echarle la culpa a De la Rúa porque no cumple los compromisos asumidos con las provincias. Eso es lo que han hecho hasta aquí los voceros del gobierno de Sobisch que hablaron sobre el delicado momento que vive la Argentina, sin reconocer explícitamente que el temblor sacudirá por igual a todos los gobernadores.
Las autoridades locales aseguran que el ajuste que se podía decidir sin el auxilio legislativo ya fue hecho y recuerdan que el plan principal se encuentra frenado en Diputados «por culpa de la Alianza».
A la respuesta virulenta inicial del Movimiento Popular Neuquino sobrevino la calma. El jueves, el día después de anunciadas las nuevas medidas del gobierno central, Sobisch convocó desde Zapala a apoyar al gobierno de De la Rúa. Pero pocas horas antes, algunos de sus funcionarios dijeron que se sentían víctimas de una operación de pinza; que por un lado el gobierno de la Alianza les exige en Buenos Aires achique y el mismo partido en Neuquén les cierra las puertas en la Cámara de Diputados. «Que se pongan de acuerdo», rezongó un hombre del equipo de Hacienda.
La Alianza y el partido provincial han convivido de este modo histérico hasta aquí y nada parece indicar que logren ponerse de acuerdo en el futuro para desanudar su enredada relación política. A no ser que la Argentina toque fondo y amenace los intereses de la clase política, un horizonte que no se encuentra demasiado lejos, es probable que este enmarañado vínculo se profundice en los tiempos electorales que están por venir.
Sobisch pone en juego mucho en la interna del 5 de agosto. Es la oportunidad de ir por una revancha con Felipe Sapag y, aunque no compiten por un cargo electivo, el control del partido, producto de una eventual derrota del veterano líder, pondría al gobernador en la cima de su carrera política. Pero tal situación no resolverá a Sobisch el complicado frente de tormenta que ya se observa en el cielo. Y si el gobierno nacional se arregla con sus ingresos genuinos, como prometió hacerlo esta semana el ministro Cavallo, las provincias no tendrán más remedio que imitar tal estrategia.
Octubre es otra fecha clave para el proyecto político de Sobisch, que sigue pensando que es posible proyectarse a nivel nacional; al menos no ha dicho lo contrario. El gobernador cree que puede retener dos senadores, un diputado y apuesta a recuperar el terreno perdido en la ciudad capital, reforzando su presencia en el Concejo Deliberante, una forma de ir limándole el poder a Horacio Quiroga, el intendente aliancista que, según algunas encuestas, pisa con cierta solvencia sobre el prado de la descreída sociedad neuquina.
Pero con poco dinero en la tesorería e inversiones de dudosa realización, como Chihuido II, un proyecto de riego y generación eléctrica que depende de un aporte de Nación de 70 millones de pesos, el trance electoral puede resultar tan complicado para el MPN como ya lo es para la coalición que integran la UCR y el Frepaso.
Si el gobierno pierde la interna de agosto, el poder de Sobisch quedará recortado. Entonces, al riesgo económico que se alista para ingresar a la provincia se agregará el político, una combinación que pondría a prueba la cintura del gobernador, un hombre más acostumbrado a mandar que a consensuar sus ideas. Y si Sobisch enfrenta este escenario, tal vez comprenda mejor al presidente De la Rúa que intenta conducir un país con una Alianza deshilachada.