Tratado Antártico: un instrumento de paz y cooperación



Máximo Gowland*

En estos días se conmemoró el 60º aniversario de la firma del Tratado Antártico, suscripto en Washington el 1 de diciembre de 1959. Es una fecha significativa para conmemorar este instrumento jurídico que ha sido de vanguardia y esencial en la historia reciente del siglo XX. Un acuerdo que ha representado un enorme éxito de la diplomacia multilateral ya que, concluida la Segunda Guerra Mundial y en el contexto de incertidumbre que existía en tiempos de Guerra Fría, pudo abordar las delicadas cuestiones de reclamos territoriales y establecer un régimen jurídico que ha guiado desde entonces, en un marco de paz y cooperación internacional, toda la actividad humana en el continente más austral de nuestro planeta.


El Tratado Antártico fue posible gracias a una ambiciosa y osada visión de los negociadores que, inclusive enfrentando voces que se alzaban en contra, alcanzaron uno de los logros más relevantes de la diplomacia. Constituyó el primer acuerdo regional de desarme y de prohibición de ensayos nucleares, cuestión de enorme relevancia para nuestro país. Permitió además –a través de su artículo IV– resguardar adecuadamente los reclamos de soberanía efectuados con anterioridad a 1959, que afloraban como potenciales amenazas para la actividad pacífica en esa región austral. Consecuentemente, el Tratado constituye hoy una importante salvaguarda de la reivindicación territorial de nuestro país sobre el Sector Antártico Argentino.


La visión y la inteligencia con las cuales se elaboró el texto del Tratado dejaron además sentadas sólidas bases para el denominado Sistema del Tratado Antártico. Muchas de las actividades que se fueron desarrollando en la Antártida con el transcurrir del tiempo como las comunicaciones y el desarrollo tecnológico no estaban contempladas al momento de firmarse el Tratado. No obstante, con los mecanismos de las Reuniones Consultivas se estableció el esquema que permitió, de manera constructiva y por consenso, ir elaborando paulatinamente los marcos jurídicos regulatorios de estas nuevas actividades.

Así surgieron la Convención para la Conservación de Focas Antárticas (1972); la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos - Ccrvma (1980); el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (1991), que entraron en vigor como mecanismos para preservar las especies y ecosistemas antárticos. Tuvo lugar también hacia finales de los años 1980 la negociación de una Convención para la Regulación de las Actividades sobre los Recursos Minerales Antárticos (Crarma), que si bien fue aprobada nunca entró en vigor debido a las preocupaciones medioambientales que prevalecieron, quedando luego prohibidas las actividades sobre los recursos minerales antárticos según el artículo 7 del Protocolo Ambiental.


El permanente compromiso de la Argentina con el Sistema se ha visto plasmado en su muy activa participación en la negociación de todos estos instrumentos, así como el importante rol a lo largo del desarrollo y elaboración de las agendas de las 42 reuniones consultivas del Tratado Antártico que han tenido lugar desde 1961. Además de haber recibido dichas reuniones en Buenos Aires en cuatro oportunidades (1962, 1981, 2011 y 2018), la Argentina consolidó su compromiso tras lograr el establecimiento de la Secretaría del Tratado Antártico en nuestra ciudad capital, desde septiembre de 2004.


Es de destacar también que nuestra Cancillería ha conducido recientemente las negociaciones en materia de turismo antártico (2015-2019) y dos expertas argentinas han ocupado cargos antárticos de relevancia: la vicepresidencia del Comité de Protección Ambiental creado por el Protocolo y la vicepresidencia del Comité Científico de la Ccrvma.
La Argentina, con una destacada presencia histórica en la Antártida desde comienzos del siglo XIX, desarrolló su actividad permanente a partir de 1904 con la fundación del Observatorio y Estación Meteorológica en las Islas Orcadas del Sur, la que luego se consolidó con la fundación, en 1951, del Instituto Antártico Argentino, organismo rector de nuestra actividad científica en ese continente. Hoy contamos además con trece bases en diversas zonas de nuestro sector antártico para el desarrollo de tales actividades.


Este rol histórico de nuestro país luego devino en el profundo compromiso con los principios y objetivos del Tratado Antártico desde que integramos el grupo de los doce países signatarios originales de ese instrumento. Nuestro compromiso con la paz, la cooperación científica internacional y la preservación del medio ambiente se mantiene hoy intacto, vigoroso y enfático.


La Argentina, con una destacada presencia histórica en la Antártida desde comienzos del siglo XIX, desarrolló su actividad permanente a partir de 1904.


Por todas estas razones, es propicio reconocer el gran valor que ha tenido el Tratado Antártico y también como fuente inspiradora de otros marcos jurídicos internacionales. Constituye un caso tan excepcional como quizás idealista, que ha demostrado como las naciones pueden alcanzar acuerdos virtuosos y duraderos, trabajando juntas en un mismo territorio. Es importante continuar cooperando mancomunadamente con las demás partes del Tratado para seguir generando los mecanismos multilaterales adecuados para afrontar los nuevos desafíos que puedan presentarse en la Antártida.

*Director nacional de Política Exterior Antártica del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación


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