Tratamiento con cirugía láser para maculopatías
La degeneración macular es una de las afecciones más comunes de la visión después de los 50 años.
Las maculopatías o degeneraciones maculares son lesiones en la mácula del ojo, que es la parte más sensible de la retina y la responsable de la visión central. Esta lesión generalmente aparece en ambos ojos a la vez (aunque se manifiesta más pronunciadamente en uno de ellos) sin que existan agentes directos conocidos y previsibles, y hace que la persona tenga un importante deterioro visual allí donde quiere fijar la vista y ver detalles: la parte central de la imagen se le aparecerá permanentemente borrosa o distorsionada. A veces puede ver una especie de manchas, producidas por el propio deterioro visual. Puede llegar a dificultarle y hasta impedirle la visión fina, la lectura y la distinción de algunos colores, formas y contornos.
No es rara: los principales factores de riesgo se relacionan con la edad y con factores hereditarios. Es una de las afecciones más comunes relacionadas con el paso del tiempo y según estudios europeos, el 15% de los mayores de 50 años sufren algún tipo de maculopatía y esta evoluciona a medida que pasan los años, presentándose en el 30 % de los pacientes mayores de 75 años.
Una maculopatía de por sí no causa la ceguera del paciente, ya que estas lesiones no suelen pasar de la mácula lútea y no afectan la visión colateral ni reducen el campo visual, ni impiden el ingreso de luz al ojo. Pero puede producir un gran deterioro imposible de corregir, lo que convierte a este tipo de afecciones en la primera causa de ceguera funcional o legal en países del primer mundo. Se calcula que para el 2020 habrá 7,5 millones de personas en esta situación. La cuestión es que el margen para la prevención y el tratamiento de esta enfermedad tan difundida es muy pequeño. hay dos clases de maculopatías, según explica el Prof. Dr. Carlos J. Argento, Titular de la Cátedra de Oftalmología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y director de un centro oftalmológico privado, el 75% de las maculopatías corresponde a las que se conocen como «secas», y hasta el momento no existe tratamiento para ellas. Las únicas formas de colaborar en la prevención o en el retraso de su aparición y desarrollo que se recomiendan consisten en evitar la exposición excesiva a los rayos ultravioletas y evitar el déficit de vitamina A, factores que estarían relacionados con su aparición aunque no necesariamente sean su causa directa.
Hay otro tipo de maculopatías para las que sí existe un tratamiento. Se trata de las llamadas exudativas o «húmedas», caracterizadas por el crecimiento anormal de vasos sanguíneos en la superficie macular. De evolucionar, puntualiza el Dr. Argento, estos vasos adicionales pueden causar, además del deterioro visual, hemorragias y acumulaciones de material que empeoran la situación. Esta forma suele ser de evolución más rápida y puede llegar a hacer que el paciente pierda hasta un 85% de la capacidad visual.
Para estos casos sí se utiliza, y según asegura el especialista, «es habitual», un tratamiento fotodinámico con láser de argón: «Es un tratamiento de alta complejidad que se realiza desde hace 3 ó 4 años», apunta. Al paciente se le inyecta una droga -verteporfin o visudyne- que al llegar al ojo a través del torrente sanguíneo permite que luego el haz del láser cierre y cauterice las membranas exudantes y las neovascularizaciones o vasos anómalos.
Este tratamiento puede hacer que mejore la visión del paciente y puede lograr que se detenga el avance de la enfermedad, pero no siempre es efectivo, y menos aún: el Dr. Argento advierte que en algunos casos puede llegar hasta a empeorar las cosas: «Sólo es efectiva en menos de la mitad de los pacientes», admite.
Las maculopatías o degeneraciones maculares son lesiones en la mácula del ojo, que es la parte más sensible de la retina y la responsable de la visión central. Esta lesión generalmente aparece en ambos ojos a la vez (aunque se manifiesta más pronunciadamente en uno de ellos) sin que existan agentes directos conocidos y previsibles, y hace que la persona tenga un importante deterioro visual allí donde quiere fijar la vista y ver detalles: la parte central de la imagen se le aparecerá permanentemente borrosa o distorsionada. A veces puede ver una especie de manchas, producidas por el propio deterioro visual. Puede llegar a dificultarle y hasta impedirle la visión fina, la lectura y la distinción de algunos colores, formas y contornos.
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