Tropiezos en la delantera
Si bien desmintió una candidatura presidencial, en su entorno no descartan una proyección futura.
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arnaldo paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
No es un secreto que el kirchnerismo padece de desmesura. Aun así, a pesar de las multitudinarias muestras de rechazo y malhumor callejero que ha venido recogiendo en los últimos meses, es evidente que la presidenta Cristina Fernández corre con ventaja frente a otros dirigentes que tienen una falencia central: a pesar de todos los esfuerzos y de las fotos de ocasión, ninguno se perfila, por ahora, como exponente descollante de un proyecto alternativo. En ese contexto, ocurren los desaguisados. Con muestras de exasperación y violencia por algunos fallos judiciales -el que liberó en Tucumán a 13 sospechados de secuestrar para colocar en el circuito de trata de personas a la joven Marita Verón-, o insólitas fiestas en el centro porteño de hinchas de Boca Juniors que alteraron los ánimos de los automovilistas y culminaron con desmanes. Y a propósito del ciego objetivo que se había planteado la Rosada con el 7D para que el grupo Clarín iniciara su proceso de desinversión, se produjo una colisión entre el Ejecutivo y la Corte Suprema de Justicia, a la que se le reconoce prestigio generalizado a partir de su constitución, nada menos que a instancias del extinto expresidente Néstor Kirchner. Ricardo Lorenzetti, su titular, con antecedentes militantes en la década del 70 y reconocido como un acabado protector civil de los derechos de los usuarios, fue presentado a Cristina por el exsenador Nicolás Fernández. Luego de que ella levantara la barrera, Néstor prestó aquiescencia a la integración de un cuerpo despojado de cualquier atisbo de sospecha golpista. De allí, la sorpresa mayúscula a partir de la extensión de la cautelar al grupo Clarín por parte de una cámara civil y comercial, por las imputaciones lanzadas por funcionarios K, que denunciaron una suerte de “alzamiento” e intento de destitución a partir de un plan pergeñado en los Estados Unidos, tal como deslizó maliciosamente el diputado Carlos Kunkel. La presidenta coronó el despropósito mezclando verdades pasadas, sustentadas en ánimos destituyentes que aún perduran en algunos sectores minoritarios, con conclusiones equivocadas en el presente, por lo menos en lo atinente al tribunal que integran entre otros Lorenzetti, Carmen Argibay, Elena Nolasco y Eugenio Zaffaroni: mencionó que primero (con apoyo civil) eran determinantes los tanques; y luego, los “fierros mediáticos” utilizados para tumbar al radical Raúl Alfonsín. “Fuimos creciendo y no fueron los únicos intentos… decían que con cuatro tapas de un determinado diario caían gobiernos… y nosotros, como la cigarra, tuvimos 365 tapas en contra y sobrevivimos… Ahora, cuando a algunos les fallan los fierros mediáticos, apelan a los fierros judiciales…. ¡qué con cuatro fallos se cae el gobierno..! “, expuso en el festejo del 9 de diciembre, para celebrar 29 años de democracia y derechos humanos. Lorenzetti, sin retroceder, se vio compelido a aclarar: primero, dijo que no tenía intención de postularse a la primera magistratura del país; segundo, puntualizó que “no somos una corporación. Somos un poder del Estado, no defendemos intereses personales, defendemos la libertad de los ciudadanos frente a los poderes económicos y los otros poderes del Estado”. Fuentes del alto tribunal explicaron a “Río Negro” que la Corte, al ponerse por encima del conflicto cruzado, garantizó la gobernabilidad y le puso racionalidad a una puja radicalizada. Por ejemplo, con el fallo disponiendo un tope para la vigencia del artículo 161 o con las precisas instrucciones a los tribunales que debían intervenir. No podía, sin contradecirse, admitir el per saltum planteado por el jefe de gabinete Juan Manuel Abal Medina. El diputado del Frente para la Victoria Jorge Yoma lo vio así: “El poder emboludece a todos. La cautelar es una creación magistral de (Julio) Alak y (Martín) Sabbatella. Fueron los que más trabajaron por la causa (de Clarín) con sus disparates. Los jueces se vieron obligados a poner un freno. El gobierno parece tener veterinarios, en lugar de abogados… pero como dijo Martín Fierro, nada mejor que un susto para despertar a un mamado”. “Si la carga supera la capacidad de aguante del buque, éste se hunde”, señaló de manera gráfica un pingüino que le reclama a sus compañeros de paladar negro que dejen de zigzaguear y actuar sin sentido. “No hay que ser burros, hay que esperar la sentencia de primera instancia sobre la cuestión de fondo del juez Horacio Alfonso”, exhortó. El pronunciamiento de Alfonso se conoció el viernes y es a favor de la constitucionalidad de la ley de Medios, de acuerdo con argumentos adelantados por el dictamen del fiscal Fernando Uriarte. Ahora sobrevendrán las apelaciones, aunque el oficialismo tendría intención de aplicar la ley efectivamente. Con respecto a las posibles pretensiones políticas de Lorenzetti, debería destacarse (amén de la imprudencia de Carlos Fayt y de los sondeos hechos por exponentes de la UCR y el peronismo disidente), que al cortesano le complace el papel de ser un límite a los desbordes y un sinónimo de sana institucionalidad. Ante las presiones, se vio forzado a decir que no será candidato. Pero cerca suyo, se hizo notar a este diario: ¿y por qué no, si tiene vocación y en su momento acepta someterse al veredicto popular? Es que ante la imposibilidad manifiesta de transitar el camino de la re-reelección, y ante la inexistencia de un sucesor claro que conforme plenamente al kirchnerismo, hay quienes en el peronismo alientan el surgimiento de “muchas flores”. Daniel Scioli parece haber tomado la delantera, pero todavía no la lapicera (como hizo Kirchner, luego de correr de escena a Eduardo Duhalde). Y Lorenzetti y otros (incluidos Roberto Lavagna, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Sabbatella) podrían sumarse al lote. “Intervendrían todos y el kirchnerismo reservaría su espaldarazo para el que se insinúe como ganador, asegurándose, con las correcciones necesarias, la continuidad del modelo”, apuntó un justicialista inquieto por la actual incertidumbre. Conociéndola a Cristina, con el respaldo de Estados Unidos en materia de deuda externa y el inminente retorno de la fragata “Libertad”, no es de esperar que dé el brazo a torcer antes de fin de año. Pero en marzo, desatada la carrera electoral, será otra historia. Como subrayó, no tiene vocación suicida.
DE DOMINGO A DOMINGO
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