Trump, Huntington y la identidad de los norteamericanos



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Donald Trump cuenta con ideología? Aun en su acercamiento a declarados racistas resulta difícil de encasillar. Su verbo reaccionario junto a la exitosa interpelación electoral de los blancos pobres lo coloca por momentos en la línea de ese nuevo animal que muchos identifican en el populismo de derecha. Igual al que en Europa encarnó en los noventa el austríaco Jörg Haider y, más recientemente, los franceses Le Pen padre e hija. Lo cierto es que esa voz convencida de sexismo, xenofobia, misoginia, racismo, ayuda a construir su perfil ideológico.

Obtener un retrato ideológico de Trump es necesario para ver si es posible incluirlo entre los revolucionarios conservadores del tipo que fue Ronald Reagan o, como un “liberal reaccionario”, de esos que han construido el partido republicano del siglo XX. O llevándolo a un tiempo más lejano, inscribirlo dentro del listado de los “modernistas reaccionarios” del tipo de Adolf Hitler o Benito Mussolini. Lo cierto es que importa saber quién es Trump. Un cuadro biográfico que seguramente completaremos con el Tump gobernante. Su presencia en la Casa Blanca construirá posiblemente un presidencialismo de nuevo tipo, de esos que promovieron Franklin Rooselvet, Reagan y el Bush posterior a los atentados de las Torres Gemelas. Trump puede darle un nuevo nombre al presidencialismo, ni plebiscitario ni imperial.

Por momentos Trump expresa el sentido común de quien pretende regenerar el pasado, obsesionado por un presente de insatisfacciones. Que se propone relanzar el país, dándole un lugar mayor a una moral del emprendedor junto al relanzamiento de la fe religiosa de Occidente. Es evidente un Trump de muchos mensajes. El que habla del pasado visto como movilidad social ascendente de los años de la segunda posguerra. El presente que cuestiona es de la pérdida de posiciones sociales para los blancos de la América “profunda”. Respecto todo eso más un regreso a la idea de “América para los americanos” parece más que nada una reacción frente a una identidad en cuestión. Y aquí es donde la sociología de Samuel Huntington mete la cola.

Efectivamente, el Trump reaccionario y liberal, le habla a una parte de los EE. UU. Ese que se propone contar con una “identidad” para terminar con la suma de identidades que está construyendo desde hace décadas un nuevo país. Tensión que bien identificó el intelectual Huntington en un libro publicado hace ya diez años. “¿Quiénes somos? Desafíos de la identidad estadounidense” es el título de la obra. En esas páginas se intenta demostrar la relevancia de una tradición que supone una sedimentada identidad nacional para los EE. UU. El autor entiende que la “probabilidad de que los estadounidenses se sientan identificados con su nación aumenta cuando consideran que ésta se encuentra amenazada, pero en el momento en que esta sensación de amenaza o peligro pierde intensidad desaparece entre los ciudadanos la prioridad de la identidad nacional”. Si Trump leyó a Huntington no lo sabemos pero lo cierto es que los resultados electorales del martes 8 de noviembre mostraron mucho de esa identidad “americana” amenazada o extraviada. Esa que combinó en un pasado no muy lejano anticomunismo y generosas políticas del bienestar keynesiano. Todo junto que a una era de oro para el capitalismo individualista de la segunda posguerra. Lo de Trump de estos días refleja parte de ese fenómeno de pérdida-ausencia expuesto como un presente de “decadencia” para los blancos americanos. Aquí es donde Huntington nos habla de una identidad debilitada por diversas políticas impulsadas desde la Casa Blanca, el Capitolio y muy presente en aquellos Estados de la Unión ubicados en las dos costas oceánicas. Entre ellas de educación bilingüe y acción afirmativa hacia latinos y afroamericano, entre otros grupos. Según Huntington estas políticas promovieron dualidades culturales e idiomáticas que hicieron más iguales a esas minorías frente a una mayoría blanca que sólo sumó pérdidas. Por ello, mientras mejoraban sus posiciones los latinos y afroamericanos, se debilitaba la auténtica identidad cultural de Estados Unidos. La olas recientes de migrantes latinos –mayormente mexicanos- habrían potenciado aún más este fenómeno negativo a la vista de los blancos “identitarios”. Preocupa a Huntington el fin de la movilidad espacial y cultural que viene de la mano de la extensión de enclaves cada vez más diferenciados dentro de la sociedad estadounidense. Para ello constata que los inmigrantes definen sus estrategias en torno a su grupo étnico, generando auténticos enclaves vecinales, laborales, cultuales e idiomáticos.

Según Huntington esa trama cultural, identitaria de enclave, es la que explica el rechazo del americano blanco y con ello una brusca manera de reencontrarse con su propia identidad. Trump no sería otra cosa que una respuesta política a la sociología.

(*) Profesor de Historia y Derecho Político, UNC.

Lo de Trump de estos días refleja parte de ese fenómeno de pérdida-ausencia expuesto como un presente de “decadencia” para los blancos americanos.

A Huntington le preocupa el fin de la movilidad espacial y cultural que viene de la mano de la extensión de enclaves cada vez más diferenciados dentro de la sociedad de EE. UU.

Datos

Lo de Trump de estos días refleja parte de ese fenómeno de pérdida-ausencia expuesto como un presente de “decadencia” para los blancos americanos.
A Huntington le preocupa el fin de la movilidad espacial y cultural que viene de la mano de la extensión de enclaves cada vez más diferenciados dentro de la sociedad de EE. UU.

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