Un arma que debe usarse a 80 metros de distancia
La escopeta lanzagases es peligrosa. La policía recibe instrucciones de utilizarla a gran distancia del objetivo para no causar daños. Sin embargo, los testigos dicen que el efectivo que le disparó a Fuentealba estaba a menos de dos metros. La Justicia secuestró 22 de estas armas. Entre ellas está la utilizada contra el profesor muerto trágicamente.
NEUQUEN (AN)- La escopeta lanzagases con la cual le dispararon a Carlos Fuentealba es un arma muy peligrosa. Tanto, que debe utilizarse a una distancia mínima de 80 metros de su objetivo. Sin embargo, los testigos aseguran que el policía que apretó el gatillo estaba a un metro y medio o dos del automóvil que ocupaba el profesor agredido.
La justicia secuestró 22 de estas pistolas. Entre ellas está la utilizada contra Fuentealba. Y el autor del disparo fue un miembro de los grupos especiales de la Policía cuya identidad no trascendió. Integra un grupo de cuatro efectivos que se convirtieron en sospechosos casi desde el primer momento.
Fuentes cercanas a la investigación revelaron a «Río Negro» que el arma se llama PF calibre 38.1. Dispara un cartucho de aluminio, de unos 25 centímetros de largo, cargado de gas lacrimógeno que se libera y esparce. En el arma queda la vaina, que debe ser extraída manualmente antes de efectuar otro disparo.
Hay distintos clases de armas y municiones de este tipo. Algunas deben ser utilizadas a una distancia mínima de 80 metros del objetivo, otras a 100 y otras a 180, para evitar el riesgo de lastimar a alguien golpeándolo con el cartucho.
La disparada contra Fuentealba es de las primeras. Según las fuentes consultadas por «Río Negro», los policías saben que deben respetar esa distancia.
Sin embargo, al menos una docena de testigos que ya declararon ante la justicia dijeron que el policía que disparó estaba a un metro y medio o dos metros de Fuentealba, quien iba en el asiento trasero de un Fiat 147 al que se había subido minutos antes. Se conoció con el conductor, Gonzalo Arroyo, en ese momento.
Las filmaciones de los canales de televisión que ayer pudo observar este diario muestran al 147 circulando por la ruta 22 entremezclado con otros vehículos en dirección hacia Senillosa. A los costados hay muchos efectivos con cascos, escudos y armas. Se observan dos camionetas policiales tipo combi blancas y una azul oscuro. No hay gestos hostiles entre ellos.
En determinado momento se escucha una detonación y se ve humo blanco saliendo de un pequeño agujero en la luneta del Fiat. Hay uniformados muy cerca, y también un hombre de civil con camisa celeste que podría ser policía.
Enseguida empiezan los gritos y las corridas. Otros docentes rompen la luneta a golpes y ayudan a Fuentealba a salir. Acababa de ser alcanzado por el cartucho de gas lacrimógeno disparado a muy corta distancia.
Varios grupos especiales
El comienzo de la investigación fue, como suele suceder, un rompecabezas. Pronto la justicia descubrió que en Arroyito había policías de muchas localidades: Neuquén capital, Cutral Co, Junín y Zapala.
La fiscal de Graves Atentados contra las Personas, Sandra González Taboada, hizo requisas en todos los vehículos utilizados y en tres dependencias policiales: la Jefatura, el departamento Seguridad Metropolitana y la Uespo. Se llevó 22 escopetas lanzagases para someterlas a pericias.
También secuestró el automóvil Fiat 147 y les tomó declaración a gran cantidad de docentes que no querían saber nada con hablar con la policía.
También pidió filmaciones y fotografías a los medios de prensa.
Con paciencia el cuadro se fue armando y quedó reducido a cuatro sospechosos. Tres son policías con experiencia y sólo uno pertenece al llamado nuevo cuadro. Uno de ellos fue el autor.
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