Un cambio muy positivo

Al despedirse del Ejército, el teniente general César Milani habló como un político que se imagina una víctima inocente de una campaña de “ataques mediáticos a través de calumnias e injurias” supuestamente urdida por los resueltos a impedirle cumplir la “misión” de ser “protagonista de un proyecto nacional” que se ha atribuido. En cambio, al iniciar su etapa como jefe de la fuerza, su sucesor, el general de división Ricardo Luis Cundom, se expresó como un militar profesional que quiere un Ejército “republicano, subordinado al orden constitucional”, uno que refleje “los valores de la sociedad, a la que sirve en su diversidad y pluralidad”. De tal modo, Cundom dejó saber que no le interesa la idea de poner la institución que acaba de encabezar al servicio de una fracción política determinada. Para que no quedaran dudas en cuanto a su voluntad de despolitizar el Ejército, enseguida empezó a reestructurar el sistema de mandos, desplazando a generales estrechamente vinculados con Milani, con el propósito aparente de frustrar cualquier intento de transformar la fuerza en una rama más del movimiento “nacional y popular” kirchnerista. Aunque le toca al Poder Ejecutivo ratificar los cambios ordenados por Cundom, parecería que cuentan con la aprobación de la mayoría de los oficiales que habían mirado con inquietud la forma de actuar de su antecesor, el que, lo mismo que tantos gobernadores provinciales de origen no peronista, a veces dio a entender que, a menos que se afirmara comprometido con el “proyecto” de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner el gobierno nacional se negaría a entregarle los fondos que el Ejército necesita. Las “calumnias e injurias” que tanto preocupaban a Milani tuvieron menos que ver con su voluntad declarada de politizar el Ejército que con su presunta conducta en el transcurso de la “guerra sucia” de hace casi cuarenta años y la magnitud difícilmente explicable de su patrimonio. Si bien es posible que las causas que enfrenta el exjefe de la fuerza terminen archivándose, resultó demasiado llamativo el contraste entre la voluntad de Cristina y ciertos referentes de organizaciones como Madres de Plaza de Mayo de defenderlo por un lado y, por el otro, la hostilidad implacable que manifiestan hacia militares y otros acusados de cometer delitos parecidos. Fue por eso que entre los críticos más severos de Milani estaban algunos kirchneristas que, para disgusto de Cristina, se resistían a entender que, por estar a favor del “proyecto”, un presunto represor merecería ser indultado. Según parece, fue para ahorrarse costos políticos –o sea, electorales– que el gobierno finalmente decidió que no le convendría permitir que Milani siguiera al mando del Ejército, lo que podría tomarse por evidencia de que la presidenta era plenamente consciente de que tratarlo como un integrante más del elenco oficialista era incompatible con “la política de los derechos humanos” que le motiva tanto orgullo. El que, además de subordinar el Ejército al “proyecto” de Cristina, Milani, un experto en “inteligencia”, estuviera en condiciones de suministrarle información valiosa sobre las actividades de sus adversarios políticos y, desde luego, de aquellos oficialistas que podrían estar pensando en las eventuales ventajas de alejarse del kirchnerismo para acercarse a dirigentes que les parecen más promisorios, contribuía mucho al deterioro del clima político. Si bien parecería que a esta altura lo que más quieren la presidenta y sus incondicionales es frenar a los resueltos a poner en marcha un operativo “manos limpias” similar a aquel que, en los años noventa, tantos estragos produjo en las filas de la clase política italiana, los esfuerzos por blindarse ya han planteado una amenaza a la autonomía del Poder Judicial. De sumarse las Fuerzas Armadas al oficialismo actual, como quería Milani, el sistema democrático que dista de haberse consolidado definitivamente correría peligro de verse reemplazado por un orden decididamente autocrático improvisado por razones más personales que ideológicas. De imponerse los criterios que, a juzgar por la trayectoria de Cundom y sus lacónicas declaraciones públicas, en adelante imperarán en el Ejército, el riesgo así supuesto, fuera auténtico o nada más que producto del nerviosismo opositor, se ha visto reducido.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Sábado 4 de julio de 2015


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