Un gobierno de científicos

Al final, Fernández tenía razón: el suyo hoy es un gobierno de científicos. Son los expertos los que están a cargo del manejo de la crisis. Se reclama lo mismo para la economía.


Hasta que no deje de circular masivamente el virus, no habrá un levantamiento total de la cuarentena. Nadie sabe cuándo sucederá tal cosa. Es la perspectiva con la que trabaja el presidente Fernández en el mediano plazo. Es en realidad la recomendación del comité de expertos que lo asesora desde el primer día y gracias al cual se anotó sus aciertos en el manejo de la pandemia. Al final, Fernández tenía razón: el suyo hoy es un gobierno de científicos. Son los expertos los que están a cargo. Cada vez en más ámbitos se escucha que ese modelo debería ser replicado en el abordaje de otra crisis, subterránea, que corre silenciosa a la par del fenómeno. Tendrá proporciones desconocidas incluso en un país como la Argentina, que parece haberlo visto todo en materia económica.

Las proyecciones sobre el regreso a algún tipo de normalidad es un ejercicio que se está haciendo en estas horas también en Europa y en EE. UU., desde donde se mira la experiencia en China y Corea del Sur, país donde se informó sobre la inquietante reaparición del virus en un centenar de casos que habían sido dados de alta.


A diferencia de otros países, que aislaron cuando el número de casos avanzaba en forma exponencial, aquí asistiremos al pico cuando el aislamiento empiece a relajarse.


Es poco lo que aún se sabe. La Argentina ha impuesto medidas precoces y hace su propio ensayo. Un elemento no ha sido todavía demasiado ponderado públicamente: a diferencia de lo que sucedió en China y ahora en los países centrales, que impusieron cuarentenas cuando el número de casos ya avanzaba en forma exponencial, aquí asistiremos al pico de la ola cuando el aislamiento empiece a relajarse. La cuarentena argentina es distinta a otras. “Aquí se impuso antes de que comenzara la transmisión comunitaria”, explica a esta columna uno de los integrantes del comité de especialistas que asesora a Fernández. En estas condiciones, el tiempo de “duplicación” del virus, como se conoce a la medida de velocidad del segundo contagio, subió de 3 a 10 días. Es un dato alentador, que destacó el presidente el viernes. La flexibilización del aislamiento va a traer aparejado un crecimiento en el número de casos positivos y eventualmente en el de muertes. Será difícil no asociar lo uno con lo otro. Podría resultar decepcionante.

Los primeros datos se conocerán recién cuando hayan pasado diez días del fin de la cuarentena sin restricciones -del que recordemos no hay fecha-, período en lo que tardan en manifestarse los contagios en promedio. El consejo de los asesores es multiplicar los testeos -el jueves se hicieron 1.500- y estar atentos al comportamiento de la curva en los sectores que regresen a la actividad, y si se produce un crecimiento descontrolado de casos. “Si esto último ocurre, habrá que volver a cerrar rápido porque después será tarde”, advierten los especialistas.

Fernández ha empezado a administrar las sugerencias de los expertos con las presiones para avanzar en una liberalización parcial de las restricciones. Los médicos sugirieron extender la cuarentena con cambios hasta el 3 de mayo. El presidente anticipó una semana ese límite después de las rondas que mantuvo esta semana el gobierno con empresarios y gremios, que le presentaron un panorama ominoso sobre el impacto real de la caída vertical en la actividad. Fue la única concesión a esos sectores.

Para el gobierno no hay dilema entre salud y economía: una catástrofe humanitaria y el colapso del sistema de salud no harán más que agravar las consecuencias en el terreno económico y social. Sin embargo, no ha surgido ninguna idea sobre cómo hará para rescatar a las empresas -especialmente comercios y pymes- que en este contexto irán invariablemente a la quiebra, dejando una estela en términos de pérdida de empleo. El gobierno no puede resignar más en materia tributaria y no descarta un nuevo impuesto: la caída en la recaudación de abril será estrepitosa. Pero las medidas anunciadas hasta ahora están demoradas y son insuficientes. Igual que la asistencia a los sectores de la economía informal: $ 10.000 por familia.

Las consecuencias de ambas crisis, la sanitaria y la económica, se cruzarán invariablemente. El presidente lo sabe.


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