Un hogar solidario de Roca les devolvió una oportunidad en la escuela

Elizabeth superó un duro camino desde la infancia, logrando terminar el secundario. La pequeña Débora pasó de no querer estudiar a obtener notas ejemplares.



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Débora pasó de no querer ir a la escuela y tener el boletín lleno de “Sa” a finalizar el año con “Msa” y “So”.El orgullo de su mamá Fabiana y de los miembros de Ninquihue que le dieron apoyo escolar y aliento para seguir.

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Elizabeth egresó de quinto año. Su mamá y sus hermanos estuvieron presentes en la fiesta de gala.(Foto: foto gentileza )

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La foto de fin de año con algunos de los chicos que concurrieron durante el 2018 a la casita ubicada en barrio Aeroclub.(Foto: Foto gentileza )

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Nilda junto a sus niñas en la Jardín del Hogar. “Todas pasaron de grado”, dice orgullosa la coordinadora.

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“Puedo faltar. No quiero ir a la escuela”.

Esta era la frase más utilizada a lo largo del año por la pequeña Débora, de nueve años.

Nilda, la coordinadora del Hogar “Ninquihué” tenía la misión de convencerla, aunque a veces realizaba algunas concesiones e intermediaba con la mamá de Débora, Fabiana Urra.

“Ella nunca quería ir y como no tenía ganas no ponía empeño. El primer bimestre su boletín estaba repleto de “Sa” . Las palabras suaves pero convincentes de Nilda fueron dando algo de fruto hacia el segundo bimestres donde las evaluaciones del boletín ya asomaban los “Msa”. Las mismas notas se repitieron en el tercer bimestre mientras que en el último se transformaron en sobresalientes “So”. Los consejos habían dado su fruto. Débora pasó de grado con muy buenas notas.

“Al principio no quería ir a la escuela. Gritaba, hacía lío. No me gustaba, pero después mejoré”, dice tímidamente la niña mientras mira detenidamente sus pies.

Débora es una de las tantas niñas y niños que pasaron gran parte de sus días escolares en el Hogar Ninquihué. Recibiendo una taza de leche, una ducha caliente, un plato de comida, apoyo escolar y consejos que transformaron alguna rebeldía pasajera en valores importantes para la vida.

Fabiana, madre de Débora, trabaja en el Hogar y derivada por Desarrollo Social, dice: “Nilda me brindó este espacio donde puedo trabajar y tener cerca a mi hija. Ella se pone en el lugar del otro. Es muy buena”, destaca.

La superación de Elizabeth

La joven de 18 años vistió un hermoso vestido azul en la fiesta de egresados donde estuvieron presentes sus hermanos Miguel, Juan Carlos y su madre Ana Beatriz. También cerca de ellos, como casi toda la vida, estuvo Nilda Martinangelli, la coordinadora del Hogar Ninquihue, que fue un puntal importante desde que llegaron a la casita, siendo niños, hasta el presente en que los chicos van tomando vuelo propio.

Ana, recuerda que cuando se separó de su marido, tuvo que enfrentar la vida sola. Sus hijos tenían 12, 6, un año y un bebé de pocos meses de vida.

“Un día yo fui a buscar la caja de comida al municipio y cuando llegue, mi casa estaba ardiendo en llamas. Los vecinos ayudaron a sacar a los chicos de la casa antes que se quemaran. Quede en la calle y tuve que salir a pedir. Tenía un changuito con el que recorría la ciudad pidiendo comida con mis hijos a cuesta, hasta que me encontró Nilda y nos ayudó a salir adelante”, relata la mujer desde su vivienda en Artigas al 70.

Ana pudo trabajar en el Hogar Ninquihué mientras sus hijos residían durante el día, recibiendo apoyo escolar, alimentación y contención. “Yo siempre quise que estudiaran, es lo único que les puedo dejar. Hoy vivimos con una cuota que debe aportar el padre, algo que logramos a través de la Justicia. Miguel y Juan Carlos trabajan en una verdulería y con eso subsistimos, pero estoy orgullosa porque todos mis hijos pueden estudiar, a veces con dolor y con sacrificio, pero los tres primeros ya salieron del secundario y sólo resta Juan Carlos que pasó a segundo año en la Montécnica de Cervantes”, destaca la mujer.

Elizabeth luce espléndida en la fiesta de gala que se realizó en la Asociación Española. Ana y Nilda la miran, la abrazan y se muestran orgullosas porque nunca bajo los brazos y hoy disfruta del esfuerzo de tantos años.

Los logros

Este año el Hogar tuvo en su edificio prefabricado, alrededor de 30 niña/os desde 5 a 17 años.

La mayoría de ellos vienen de familias divididas, con múltiples problemas que encuentran en el Hogar de día un alivio a su critica situación social y económica.

Entre los logros importantes de este año se cuentan que Lucas fue elegido escolta de la bandera de Rio Negro, luego de pasar a quinto año en el ESRN N°9; que Elisabeth egresó de quinto año en el ESRN N° 16; Macarena terminó el colegio nocturno en el ESRN N°3 y que los egresados de séptimo grado en el 2018 fueron Emanuel (Esc.238), Carina (Esc.357) y Nico (Esc.275). Por otra parte Antonella recibió la bandera de ceremonia en la Escuela Cooperativa Laboral y que Ezequiel también es el abanderado de la Escuela Monotécnica de Cervantes, además de haber sido elegido como mejor compañero.

Los pequeños de 5 años, Carlos y Melani egresaron de la salita de Jardín para emprender el año próximo su primer grado. Estos importantes logros se suman a que todos los niños y niñas que asisten al Hogar pasaron de grado. “Es una alegría muy grande para nosotros porque el esfuerzo valió la pena”.

Datos

30
niño/as
Fueron las que asistieron este año al Hogar Ninquihué, donde recibieron apoyo escolar.
180
mil pesos
Es el escaso aporte de la provincia para realizar todas las actividades durante un año en el Hogar.

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