Un lugar para contener a los chicos carenciados

En la “casita” se alimentan, juegan y reciben apoyo escolar.

César Izza

ROCA (AR).- Atrás quedó la época en que los pasillos de la Fundación Ninquihué eran transitados por adolescentes en situación de calle. Ya transcurrieron quince años de aquellos tiempos y ahora el objetivo de la “casita refugio” es contener a la población más frágil de esta sociedad: los niños en edad escolar. Las sonrisas y los juegos reciben a todo aquel que se acerca a la casita, que tiene su sede en calle Libertad de esta ciudad. Los más de 20 niños que asisten a la fundación han encontrado en el refugio un lugar de contención, donde el cariño, la solidaridad y la bondad para ayudar al prójimo son moneda corriente. “Los más grandes crecieron, formaron su familia, se desempeñan como trabajadores y hasta algunos continuaron una carrera universitaria”, enfatiza Nilda Martinangeli, la vicepresidente de la fundación Ninquihué. “Por eso el objetivo ahora es apuntar a los más vulnerables, a la población más pequeña, que por la situación actual, muchas veces dejan sus estudios para salir a trabajar o a mendigar en las calles de la ciudad”, comenta la vicepresidente. Hoy el proyecto Ninquihué, que nació hace 15 años para dar contención a los jóvenes en situación de calle, trabaja con chicos de entre seis y catorce años que asisten todos los días al refugio para desayunar, almorzar, estudiar y jugar. A pesar de que los recursos son insuficientes, la gente de la fundación hace hasta lo imposible para contener la demanda de las familias más carenciadas. Los chicos llegan a la casita desde muy lejos, la mayoría de ellos son del noroeste de la ciudad y recorren día a día innumerables cantidad de cuadras para pasar un momento ameno y de alegría con sus compañeros y los trabajadores del refugio. En la actualidad, el equipo funciona con operadores de que dependen del área de promoción familiar, del ministerio de la familia provincial y gente del voluntariado que aporta su granito de arena para sacar adelante a los chicos. Lo primordial es que los niños se alimenten y estudien, por eso el taller de apoyo escolar funciona en doble turno, como una herramienta que les facilita el paso por la etapa escolar. Los chicos de Ninquihué recibieron a “Río Negro” mostrando sus boletines, todos pasaron de grado el año pasado y esto constituye un reflejo del trabajo que diariamente se realiza en el refugio. La casita cuenta ahora con una biblioteca, que se ha ido formando con el aporte y las donaciones de la gente. También hay una sala de informática y hasta un ropero que recibe, sobre todo en invierno, prendas de abrigo, para todos los chicos que asisten a la fundación. Ninquihué trabaja con el aporte voluntario de los comercios y de la sociedad, todas las semanas la gente que forma parte del equipo de trabajo, realiza una recorrida para juntar carne, verduras, legumbres y frutas que luego formarán parte del almuerzo diario de los chicos del refugio. “La prioridad es la alimentación”, asegura Nilda. La fundación ha pasado por épocas duras y sin embargo las ha sabido sobrellevar. “Entre todos se hace lo que se puede, con lo que haya, a veces las cocineras hacen milagros, pero la comida no puede faltar”, indicó otro de los operadores.

En la actualidad más de 20 niños asisten a las instalaciones de la fundación, donde realizan tareas diversas.


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