Un paralelo paralelo

Por Redacción

Cuando de inventar nuevas modalidades económicas se trata, nuestros gobernantes no tienen rivales. Su creatividad en dicho ámbito es tan grande que pocos días transcurren sin que los medios internacionales, incluyendo últimamente los chinos, manifiesten su asombro ante tanta originalidad. Así, pues, mientras que en otras latitudes los preocupados por la propensión de la cotización informal de la moneda nacional a alejarse de la oficial se limitan a advertirles a los tentados por el mercado negro que están violando la ley, aquí se les ha ocurrido que sería mejor procurar manipular el precio no sólo del dólar verde sino también del blue. El impulsor de esta iniciativa heterodoxa es, claro está, el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, un funcionario amigo de las reglas no escritas que tiene buenos motivos para confiar en su capacidad para intimidar a los agentes económicos, ya que desde hace años está apretando a empresarios y financistas para que obedezcan sus instrucciones por insólitas que éstas les parezcan. Aunque es probable que por lo menos algunos cambistas clandestinos decidan que les convendría acatar las órdenes de Moreno, lo único que lograría el superministro de facto sería crear un tercer dólar de color aún indeterminado. En tal caso, tendríamos el legal, el blue domesticado y otro auténticamente libre. Sea como fuere, hasta ahora los esfuerzos del gobierno por dificultar, cuando no impedir por completo, la compra de dólares u otras monedas foráneas, han reflejado un grado realmente notable de improvisación. Para desconcierto de todos, se hizo evidente que los responsables del portal de la AFIP aún no se habían enterado de la defunción de la Unión Soviética, la llamada República Democrática Alemana, Checoslovaquia y Yugoslavia, ya que según ellos seguían disfrutando de buena salud. Asimismo, los funcionarios de la AFIP apuestan a que la Eurozona pronto comparta el destino del imperio soviético: entre las monedas que a su juicio podrían interesar a quienes se proponían viajar al exterior figuraban la lira, la peseta, el franco belga y el dracma. Que los militantes del organismo encabezado por Ricardo Echegaray se sientan emotivamente comprometidos con la década de los setenta del siglo pasado puede entenderse, pero es un tanto excesivo de su parte dar por descontado que el resto del mundo haya quedado congelado en lo que para ellos, y para la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, era una edad dorada en la que la Argentina estaba a punto de liberarse de un pasado decepcionante. También ha motivado mucha extrañeza la aplicación del esquema ideado por el gobierno para distinguir a quienes poseerían bastante dinero en blanco como para tener derecho a comprar dólares –o liras, dracmas, rublos soviéticos y otras divisas– y los muchos que conforme a la AFIP no deberían poder hacerlo. Según se informa, luego de completar los formularios correspondientes, hasta ciertos multimillonarios notorios han encontrado que, a ojos de los encargados de una entidad que supuestamente sabe todo acerca de la evolución cotidiana de los patrimonios de los habitantes del país, son insolventes y por lo tanto tendrían que abstenerse de viajar mientras las autoridades investigan su situación económica e impositiva. Dicho de otro modo, luego de más de nueve años en el poder, el gobierno más estatista de las últimas décadas se las está arreglando para mostrar que los organismos clave del Estado argentino son tan fabulosamente ineficientes que ni siquiera son capaces de manejar lo que en buena lógica debería ser un conjunto de trámites sumamente sencillos que, merced a la informática, podrían llevarse a cabo en cuestión de segundos. Así las cosas, es de prever que en las próximas semanas se agrave cada vez más la confusión que ya impera en todo lo relacionado con el desdoblado mercado cambiario nacional. Además de tener que elegir entre el dólar legal, el blue de Moreno y el libre, los muchos que por un motivo u otro quisieran seguir operando en divisas extranjeras pero son reacios a cometer infracciones se verán obligados a internarse en una espesa selva burocrática en la que abundan personajes que obviamente no entienden nada del mundo actual pero que, así y todo, estarán resueltos a frustrarlos.


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