Un refugio, en Bariloche

Se respira campo en la casa que supieron construir Peter Somweber y su mujer Valerie entre la montaña y la meseta. Estilo rústico con glamour.

Rodeado de estepa y montañas, este refugio familiar ubicado en las afueras de Bariloche fue diseñado y construido por un dúctil amateur austríaco.

Cuando Peter Somweber y su mujer Valerie decidieron armar su nuevo refugio sabían que tenían que buscarlo fuera de los límites de Bariloche. Estaban buscando amplias extensiones de tierra para criar sus caballos y, al mismo tiempo, querían tener el suficiente espacio para que en un futuro, no muy lejano, sus hijos pudieran construirse sus propias viviendas. Estaba claro que tenían que alejarse de Bariloche pero la distancia de la ciudad fue más corta de la pensada. Consiguieron un paraíso de 200 hectáreas, a sólo seis km de la civilización, en un paisaje dominado por la montaña y la meseta. “Lo que más nos atrajo fue la cercanía al centro de la ciudad pero con un entorno completamente rural”, recuerdan.

Peter, hay que decirlo, es un hombre versátil y multifacético: gerente general de operaciones de un centro de deportes invernal, cónsul de Austria, músico y performer de los sonidos del Tirol y constructor amateur. Y su compañera, Valerie, también es otra personalidad creativa e interesante: reparte su tiempo entre sus hijos, sus caballos, el arte y la decoración.

Peter timoneó la obra, de 400 m2 cubiertos, con la ayuda fundamental de su hijo y amigos. Fue un work in progress que comenzó en el 2002 y aún sigue mutando en sus formas. “Fue hecha tramo a tramo, a medida y sin planos. Ensayo y error, fue creciendo y lo sigue haciendo: ahora estamos construyendo nuestro propio spa y gimnasio en la planta superior”. Durante los primeros tiempos, los Somweber vivieron sin gas natural y tenían luz a base de grupo generador.

“Fue una odisea sortear los crudos inviernos mientras la casa iba cobrando su dimensión. Parte de la propiedad era un monte de cipreses, que años antes había sido víctima de un incendio forestal, por lo cual se aprovechó esa madera para hacer todas las carpinterías de la casa, aberturas y techos. Instalamos un aserradero in situ, para trabajar los troncos de ciprés y obtener el material fundamental de la casa. Tanto los pisos como las paredes fueron levantadas, bloque a bloque, con ladrillones de Comallo, una localidad vecina, en plena estepa patagónica”, explica Peter a eh!.

La ambientación, que lleva el sello de Valerie, es totalmente “vintage”, con objetos y muebles que provienen, en su gran mayoría del campo de la familia de Valerie. Algunos, cambiaron de aire gracias a pátinas de pintura mientras que otros conservan sus tapizados originales, que le dan un aire decontracté. El estilo de la casa es una combinación espontánea entre dos raíces, el aire alpino tirolés que Peter lleva en su sangre, sumado al legado clásico de estancia argentina presente en los rasgos de Valerie, todo esto adaptado al clima de la Patagonia.

Peter siente que no hay un solo triunfo sino varios: “Hacer el camino, trabajar la madera desde el árbol muerto transformado en mueble, lograr el espacio de reunión familiar”. Al momento de definir el espíritu que define su casa, son tres las palabras que brotan de su boca: “Trabajo, amor y calidad de vida”.

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Texto: Inés Campodónico

Producción: Gonzalo F. Iramain | Fotos: Mercedes García Baltar


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