Un “Soldado” en los escenarios

“Llegué a la música por gusto y por una cuestión de azar”, dice.

Redacción

Por Redacción

Rodolfo Luis González fue presentado en sociedad por el Indio Solari, cuando fue asistente de Los Redondos. Hoy es el Soldado, así a secas, tal como lo llamaba el Indio, y anda de gira por la región. Hoy, a las 22, de hecho, estará en PLaza Huincul, en Skalipso Bar Club, de avenida Córdoba 1639, en un recital que abrirá Reina Momo; y mañana, a las 19, se presentará en la Escuela Especial 1, Santa Cruz 2250 de Roca, donde además tocarán Siete Remedios de Villa Regina y los locales de Qué sé yo, junto al bajista Gustavo Gianinni, Julián Cabaza en batería, el saxofonista Pablo de la Fuente y Roberto García en guitarra. Soldado. De la misma manera denominó a la banda que encabeza como cantante y guitarrista y acaba de producir un EP de cuatro canciones, “Luna en el espejo”, sucesor de “En marcha”. En las letras, amor, desamor y soledad, son una constante. “Hago canciones de rock con raíces más bien tradicionales de las décadas del 60, 70, y llegué a la música por gusto y por una cuestión de azar. He tocado en lugares no imaginados, que jamás había pensado. Ahora, las ganas son una cosa, después que se materialicen, es fortuito, más que nada. Yo pongo un montón, luego se hace un oficio en el que hay que tratar de estar. Son muchos discos, años de trabajo, sí, pero juega mucho la aceptación de la gente. Si no tenés su respuesta, lo que hagas queda ahí nomás.” “Yo siempre tuve ansias, aspiraciones, después hay que ponerlas a prueba y ver qué sucede. Pero de poco sirve poner énfasis, ganas, si la suerte no acompaña. Ahora, que el público te acepte es importante, pero permanecer, estar, es lo más difícil. Quince minutos de fama cualquiera puede lograr. Que yo vaya en estos días al sur es resultado de ese ejercicio durante muchos años que me fueron dando madurez para crear con mis luces y sombras. Pasa por ahí la cosa… –Justamente trabajás un lenguaje que es pura entrega, que transparenta, te expone con esas luces y sombras. –Mis canciones, buenas y malas, me representan de alguna manera, con los rasgos que me caracterizan y con el paso del tiempo se van afirmando. Igual, me gusta conservar algo de frescura, de cierta mirada inocente. Uno se pone grave, a veces, y este oficio también requiere una dosis de alegría y de entretenimiento. Uno debe ser partícipe de eso y hacer intervenir a la gente, para ello hay que descolgarse de una postura, digamos, seria. Es como un juego donde se debe buscar un balance. Si bien hay que crecer y madurar, cabe concretar que la música se relacione con el tiempo presente. El juego de ser músico de rock demanda una visión joven, cierta rebeldía, una conciencia de las cosas simples de la vida, de la libertad. Es fundamental… Lo que escribí hace quince años no me gustaría para ahora. Hay que salir de los clisés de esa época. No puedo ya componer así, necesito contar las historias de otro modo. En los textos no soy aquel de los 90, en la música puede ser, aunque todo es temporal. En mis primeros discos tenía una forma de relatar que ya no me representa y lo hago de otro modo. Más suelto, más sensible, más sencillo quizás… Cambia mi vida, cambia mi mirada y mi forma de traducirla, de codificarla en música.

Eduardo Rouillet


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