Un triángulo perverso

Por Gerardo Bilardo

Por Redacción

Estatales y docentes mostraron los dientes y enviaron el viernes un mensaje claro al gobierno. Fueron protagonistas de una huelga cuyo impacto las autoridades esperaban a medias. Pero al mismo tiempo confirmaron que en las oficinas del Estado están con un humor de perros porque el próximo mes les meterán la mano en los bolsillos.

Los empleados públicos libraron su propia batalla, una lucha que no tiene demasiados puntos en común con la CGT disidente que conduce Hugo Moyano. En última instancia, la huelga nacional y la paralización del servicio de colectivos contribuyeron a sumar puntos en el índice de ausentismo. Pero aun así, hasta las autoridades presentían que la medida de fuerza venía potenciada.

La prueba está en los pronósticos que se difundieron el día anterior al paro, a través del ministerio de Gobierno: las autoridades no descartaban una jornada violenta, aunque sus informantes, entre ellos la Policía, fallaron, como cuando se les escapa un delincuente de la comisaría.

El plan de ajuste está a punto de abandonar la etapa discursiva para entrar en la de acción. El gobierno se encuentra a un paso de poner en marcha el cronograma de emergencia de pagos para intentar demostrar que habla en serio cuando pide pan y no le dan, es decir, cuando Jorge Sobisch reclama la aprobación de una ley de emergencia económica y los legisladores de la Alianza y del justicialismo se la niegan.

Hasta ahora todo era palabrerío, proyectos y una lucha cotidiana de ideas en busca de una posición frente a la opinión pública para introducir el debate sobre el plan de ajuste y reforma del Estado que impulsa el oficialismo.

Pero ese escenario cambió cuando el ministro de Hacienda, Alfredo Pujante, confirmó en el transcurso de la semana última lo que ya había anunciado en marzo: con la liquidación de los haberes de mayo, los sueldos ya no serán los mismos y por primera vez el Estado comenzará a acumular una deuda con sus empleados.

Es el ajuste por las buenas o por las malas lo que en definitiva está diciendo el gobierno, aunque se trata de una estrategia que pone tensa la soga, según la reacción que se pudo medir a partir del paro del viernes.

Los dirigentes gremiales se mostraron verdaderamente envalentonados con el resultado que cosecharon en esta huelga y para la semana próxima programan una asamblea, que ellos prometen será multitudinaria, para plebiscitar las próximas medidas de fuerza.

ATE piensa lanzar un paro por tiempo indeterminado si el gobierno cumple con la quita unilateral del 25 por ciento del sueldo, pero los dirigentes no quieren tomar en soledad semejante decisión.

Tal vez el gobernador Sobisch conserve alguna carta para evitar un recalentamiento del clima social a sólo seis meses de haber asumido. Pero si la tiene debe estar muy guardada, porque hasta ahora todo indica que a partir de junio habrá que «rascar la olla», como dijo el ministro Pujante.

Está claro que este camino no dejará indemne ni al gobierno ni tampoco a los legisladores. Si a partir del próximo mes Neuquén levanta temperatura, probablemente la sociedad no perdone ni al oficialismo ni a la oposición, por la sencilla razón de no haber sido capaces de ponerse de acuerdo para solucionar el problema antes de que estallara.

Desde hace tiempo las especulaciones están bastante claras. El gobierno piensa que después de la retención salarial forzosa terminará por convencer a la sociedad de que si hay miseria mejor que se note; y tal vez espera que sean los propios empleados públicos, no sus dirigentes, quienes terminen presionando a la Alianza y al justicialismo para que aprueben el acuerdo de refinanciación de deudas con Nación y las leyes de emergencia, entre otras que tienen que ver con la reforma del Estado. Es una apuesta al sálvese quien pueda, algo así como: despidan empleados pero a mi no me toquen el sueldo una vez más.

Los legisladores de la oposición piensan que se encuentran parados sobre un sitio más cómodo y que el impacto no los alcanzará. Es cierto que ellos tienen menos que perder con respecto a un gobernador que además ya piensa en la reelección. Pero lo que no están midiendo es que si hay bronca no les resultará sencillo explicar que ellos son los buenos y los otros los malos.

Si producto de esta lucha que se plantea alrededor de un poder que está muy equilibrado las clases se interrumpen en las escuelas, los padres no se resignarán a que sus hijos pierdan parte del ciclo lectivo; si las cloacas se desbordan y nadie las arregla, los vecinos van a protestar, y si en el interior se corta la luz y en el EPEN nadie se ocupa de solucionar el desperfecto, a los usuarios no los van a conformar con una vela.

Este es un triángulo perverso. En un vértice se encuentra el gobierno, en otro los diputados de la oposición y en el tercero los gremios. Pero todos parecen haber olvidado que dentro de la figura se encuentra encerrada la sociedad.


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