Una amenaza a la vida universitaria

Redacción

Por Redacción

Las universidades públicas enfrentan muchos desafíos: presupuesto, infraestructura, personal y otras necesidades que en tiempos de ajuste crean un clima turbulento. Sin embargo, tienen desafíos mucho mayores tales como mejorar la calidad de la enseñanza o adaptar sus contenidos y métodos de cara a los desafíos de los próximos treinta años. Esto, a su vez, se enmarca en estrategias para disminuir la deserción, aumentar la tasa de egresos y contribuir a una mayor y mejor inserción de los egresados en la sociedad.

Existen no obstante obstáculos de otro orden que dificultan la vida universitaria. Se trata de la distorsión de conceptos y valores. Aquellos que por motivos tan diversos como la búsqueda de mercados privados, hasta el manejo político y social de las mayorías, desean que las universidades públicas sean desprestigiadas, debilitadas, suprimidas.

Sus cómplices son sin duda los grupos radicalizados, “profesionales de las tomas”. Grupos minoritarios de los cuales se desconoce si son o no mercenarios, pero que a través de su accionar desprestigian a la universidad pública ante grandes y silenciosas corrientes de opinión.

Tomemos por caso la toma del Vicerrectorado de la sede Alto Valle y Valle Medio de la Universidad Nacional de Río Negro. Es un claro ejemplo de cómo intentar, de un modo malicioso y perverso, mostrar a la sociedad que gastar dinero en educación es un fracaso. ¿Por qué? Porque por una parte visibilizarán que hay docentes groseros, patoteros, insultantes y una militancia estudiantil cuyo “emponderamiento” pareciera ser un objetivo en sí mismo. Vaciado de todo contenido concreto, más que legitimizar la protesta en sí misma. ¿Cómo? Mostrando que para retornar a la normalidad obligan a algún tipo de acto que siempre consideraran represivo. Sea que se recurra a la Justicia, sea que se apliquen sanciones disciplinarias, sea que se deba recurrir a otra protesta.

Pero peor es el obstáculo que generan los “bien intencionados”, los que creen estar del lado justo de la sociedad y están dispuestos a condenar toda sanción porque se trata de compañeros docentes o estudiantes –“los pibes”–, como dicen dándoles servido el plato a aquellos que desean suprimir la universidad pública porque es una fábrica de “grasa militante”.

La antítesis conceptual de los que, como protesta, sostienen que la UNRN es “una fábrica de burgueses” (para no hacer apología del delito respecto al contenido de otras pintadas que ofenden a personas de carne y hueso de un modo abominable, antihumano, curiosamente dañando infraestructura cuya falta dicen reclamar). Disfrazando de protesta social un acto de vandalismo para poder ampararse en la no judicialización de la protesta. Es la impunidad de los que se ha nutrido una sociedad cansada de impunidad y ahora ellos la aplican a la espera de que cualquier respuesta sea considerada represión.

Es la confusión y el silencio de los que temen condenar estos actos por no ser cómplices de la derecha. Es una izquierda tan abstracta e hipócrita que terminará por corroer hasta las últimas gotas de democracia representativa, de instituciones estatales prestigiosas, de sentido de nación y pertenencia. Algo que se ve está de moda en el mundo de las “fake news”.

Pero las universidades educamos y buscamos educar. Reforcemos la educación en valores y retomemos el orgullo que por derecho y por historia nos pertenece. Hablemos de que nada es gratis, ni nadie merece nada porque sí. Que a cada derecho corresponde un deber.

Que una institución tiene procedimientos y normas y que ello no es necesariamente burocracia. De otro modo seguirán pensando que todo les corresponde por derecho divino y entonces seguro habremos creado una sociedad de déspotas sin piedad alguna. Sin ninguna valoración por los demás y sus esfuerzos.

*Vicerrector de sede Andina de la Universidad Nacional de Río Negro

Roberto Kozulj*


Las universidades públicas enfrentan muchos desafíos: presupuesto, infraestructura, personal y otras necesidades que en tiempos de ajuste crean un clima turbulento. Sin embargo, tienen desafíos mucho mayores tales como mejorar la calidad de la enseñanza o adaptar sus contenidos y métodos de cara a los desafíos de los próximos treinta años. Esto, a su vez, se enmarca en estrategias para disminuir la deserción, aumentar la tasa de egresos y contribuir a una mayor y mejor inserción de los egresados en la sociedad.

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