Una escuela de Payamédicos para curar el alma

Funciona desde 2011 en Bariloche y visitan hospitales y barrios. El curso apunta a formar un personaje que ayuda a la salud emocional de los pacientes.

Una escuela de Payamédicos para curar el alma

Marcela Blache espera paciente al lado de la puerta. Recibe una a uno a sus nuevos alumnos y los invita a sentarse en una ronda para conocerse. Es el primer día de clases en la escuela de Payamédicos, la organización civil que se encuentra presente desde el 2011 en la región y que ya reúne a más de 30 ayudantes terapéuticos que visitan hospitales y barrios.

La primera lección resume el esfuerzo de los próximos tres meses: “en el taller se busca al payaso interior”. De inmediato Marcela aclara que no se trata de entrenar bufones sino de lograr un personaje que conecte a las personas para contribuir a la salud emocional de los pacientes.

Antes de recibirse, los payamédicos deben superar instancias teóricas y prácticas en las que se les inculca el sustento filosófico de la práctica. “No es nada improvisado”, advierte Marcela, estudiante del profesorado en educación especial, acerca de los recursos lúdicos que deberán poner en práctica desde la fantasía.

Si bien la espontaneidad es un requisito durante las intervenciones, cada paso fue estudiado por un equipo de terapeutas que analiza simbologías y colores. Un ejemplo es la reciente decisión de cambiar las narices rojas por otras de color naranja.

“El rojo representa la sangre”, explica y asegura que prefieren los colores cálidos porque se asocian a la alegría. Lo mismo sucede con la vestimenta: los parches están prohibidos, eligen no pintarse la cara y solo apelan a la chaqueta médica si incluye tizados de colores.

El resto de la técnica del payaso “super terapéutica” se consigue con varias horas de teatro, para pulir la parte “inocente” del personaje que deberá interactuar en cualquier circunstancia, e incluso un curso en bioseguridad para cuidar al voluntario y los pacientes.

Los voluntarios se forman para crear un personaje.
Marcelo Martínez

El acto

Antes de ingresar en una sala, los voluntarios hacen algo que llaman “payapase”. Comienzan por presentarse ante las enfermeras, conocer algunas historias clínicas y actuar en consecuencia. Solo ahí Marcela adopta a su alterego: Ricarda Aminoácida.

Con las instrucciones previas sobre los temas que no abordarán (no hacen referencias a la enfermedad), realizan intervenciones de entre 15 y 30 minutos para retirarse en el medio de la actuación. “Es para dejar el buen ánimo en el ambiente”, asegura.

Luego será el tiempo de un proceso de revisión en grupo: analizan su performance, estudian nuevos temas y ejecutan técnicas de psicodrama para no verse afectados por la realidad que les devuelven los casos más críticos.

“Estoy enamorada de esto”, repite Marcela y les comenta a sus alumnos que ser payamédica la salvó de un cuadro depresivo.

Se cierra la charla, se ponen de pie y comienzan las actividades para que unos 15 jóvenes adopten esa pasión como algo propio antes de contagiar salud sin fronteras.

cada payamédico es único, no repiten los nombres.
Marcelo Martínez

Datos

– Más de 4.000 payamédicos ejercen en Argentina y Chile

– Ningún nombre se repite, cada payamédico es único.

– Hay distintas ramas: Payasol, Payacalle, Payavecinos, Payaseñas, Payacuore.

– La Payamedicina otorga certificados avalados por la Facultad de Medicina de la UBA.


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