Una maniobra peligrosa





Al gobierno español y a la oposición socialista les ha resultado muy fácil justificar la ilegalización de Batasuna, el ala política de la banda terrorista ETA, para que el Parlamento aprobara por una mayoría abrumadora una propuesta destinada a convertir en permanente la suspensión de actividades por tres años que ya había sido ordenada por el juez Baltasar Garzón. Nunca ha existido la menor duda en cuanto a la relación orgánica de Batasuna con los etarras que quieren lograr su objetivo de un País Vasco independiente gobernado por ellos mediante una campaña de atentados asesinos indiscriminados que, como es habitual en estos casos, atribuyen a injusticias históricas, como si crímenes cometidos por generaciones anteriores les dieran el derecho a matar a cualquiera. Aunque de por sí el separatismo podría considerarse políticamente neutro, la ideología totalitaria, de características neonazis, de ETA ha sido repudiada con regularidad por el grueso de los vascos que, es apenas necesario decirlo, no tiene ningún deseo de vivir en una dictadura regida por delincuentes sanguinarios.

La ofensiva legislativa y judicial que se ha emprendido contra el brazo político de ETA se inspira en algo más que la repulsión moral de quienes están hartos tanto de la violencia terrorista como de tener que actuar como si tomaran en serio la ficción hipócrita de que no hay vínculos concretos entre los militantes de Batasuna y los sujetos que regularmente siembran la muerte en las calles de las ciudades españolas. El gobierno español encabezado por José María Aznar y la oposición socialista esperan que la ilegalización sirva para debilitar el separatismo armado al liberar a los vascos pacíficos del temor constante que les ha supuesto convivir con una organización que está más que dispuesta a extorsionar, secuestrar o matar a cualquiera que no comparta todos sus prejuicios. Es posible que esto suceda: no cabe duda de que la decisión de los autores de la Constitución alemana que se redactó después de la derrota del nazismo de prohibir a los partidos totalitarios contribuyó a fortalecer la democracia. Asimismo, gracias a la consolidación de la Unión Europea los nacionalismos regionales están haciéndose anacrónicos con el resultado de que aunque el País Vasco o Cataluña consiguieran separarse de Madrid, las consecuencias prácticas de lo que en otros tiempos hubiera parecido de importancia fundamental serían bastante escasas. Sin embargo, también es posible que las medidas que están tomando las autoridades españolas resulten contraproducentes, al dar a los simpatizantes de ETA pretextos para afirmarse víctimas de la represión. Como sabemos muy bien, los intentos de defender la democracia prohibiendo a aquellos movimientos que a través de los años han violado sus principios básicos pueden tener la consecuencia perversa de desvirtuar la democracia misma, al obligar a sus presuntos representantes a tomar medidas cada vez más dictatoriales.

Aunque el separatismo violento es una causa minoritaria en el País Vasco, sigue contando con el apoyo electoral de más del diez por ciento de la ciudadanía, mientras que son muchos los que si bien son contrarios al asesinato como método político quisieran que la región se independizara de las potencias históricamente imperiales, España y Francia, y que andando el tiempo podrían sentirse tentados a hacer causa común con los extremistas legalmente amordazados. En efecto, los nacionalistas vascos que militan en partidos democráticos, lo mismo que sus homólogos catalanes, han manifestado su desaprobación de las medidas, señalando que a su entender sería mejor emular a los gobiernos del Reino Unido y de Irlanda que, a pesar de las actividades brutales del IRA, optaron por tratar a su brazo político, Sinn Fein, como un partido político legítimo no por creerlo distinto de los terroristas sino por estimar que les convendría más convencerlo de las ventajas de abandonar la lucha armada para participar plenamente en el proceso democrático. Por ser cuestión de un problema más práctico que teórico, el valor de la tesis de quienes piensan de este modo dependerá de lo que efectivamente ocurra en el futuro. Si ETA se ve fortalecido, quienes decidieron ilegalizar a Batasuna habrán cometido un grave error.


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