Una señal de sensatez

Redacción

Por Redacción

Tiene razón el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, cuando califica de “noticias muy buenas” para la Argentina la decisión del Banco Mundial de prestarnos 3.000 millones de dólares para obras de infraestructura sanitaria y otros proyectos destinados a beneficiar a los sectores más pobres de la población. Con todo, no puede ignorar que, para alcanzar el acuerdo, el gobierno del cual es un integrante tuvo que modificar drásticamente su actitud frente al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi), algo que durante años se había negado a hacer al tratar con desprecio los fallos de dicho tribunal. Por supuesto, lo único que logró el gobierno al oponerse por motivos ideológicos a acatar las reglas fijadas por instituciones multilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que desde luego cuentan con el apoyo pleno de los países más ricos, fue convertir la Argentina en un virtual paria financiero, agravando así los muchos problemas económicos nacionales. Pues bien, parecería que por lo menos algunos miembros del heterogéneo equipo económico de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner han entendido que, para salir del brete en el que el país se ha metido, sería necesario sacrificar “el relato” según el cual le correspondería al resto del planeta adaptarse a las exigencias planteadas por “el modelo”. Puesto que los gobiernos de otros países, entre ellos Estados Unidos, Alemania, el Reino Unido y Japón, nunca han manifestado interés alguno en reordenar la economía internacional para complacer a los kirchneristas, hasta hace un par de días los créditos concedidos por el Banco Mundial y organismos afines permanecieron bloqueados. Aunque el dinero, que vendrá con cuentagotas en los próximos tres años, no contribuirá mucho a aliviar una economía que está en vías de asfixiarse por falta de oxígeno financiero, el convenio con el Banco Mundial puede tomarse por una señal de que el gobierno está dispuesto a actuar con un grado mayor de realismo. Fue a buen seguro una casualidad que se haya concretado el convenio con los guardianes de la ortodoxia económica justo cuando Amado Boudou comenzaba su gestión como “presidente en ejercicio”, pero, mal que bien, sucede que el vicepresidente ha sido un impulsor firme de la conveniencia de restaurar lo antes posible la relación del país con la comunidad financiera internacional. Por razones vinculadas con la interna gubernamental, Boudou no pudo darse el gusto de anunciar lo que tendría derecho a considerar un triunfo personal que acaso lo ayudaría a reconciliarse con una sociedad que no lo quiere, pero parecería que está ganando terreno la estrategia que aconsejaba a mediados del 2009 como ministro de Economía, a costa de la reivindicada por Cristina, Guillermo Moreno y otros adalides del voluntarismo dirigista. En el mundo globalizado actual, rebelarse contra el sistema imperante es peor que inútil. También lo es tratar el manejo de la economía como una especie de juego intelectual, aferrándose a principios que podrían motivar el entusiasmo de asistentes a una asamblea estudiantil pero que, al aplicarse, tienen un impacto muy negativo en la vida de millones de personas. Además de demorar la llegada de los créditos otorgados por instituciones como el Banco Mundial, de tal modo perjudicando a quienes dependen de la infraestructura social, la mala conducta “principista” del gobierno nos ha privado de inversiones productivas cuantiosas y ha estimulado la fuga de capitales. ¿Está por cambiar esta realidad lamentable? Es de esperar que sí, que el acuerdo con el Banco Mundial por un monto módico, pero de gran importancia por lo que podría significar, presagie un cambio de rumbo por parte del gobierno de Cristina que en los meses próximos sirva para atenuar las consecuencias ya inevitables de años de insensatez. Mal que les pese a los kirchneristas más comprometidos con la ideología “nacional y popular” que han confeccionado, los beneficios arrojados por el aislamiento que han buscado son meramente subjetivos, mientras que los costos son bien concretos, detalle éste que según parece no les preocupa demasiado pero que, como hizo saber el electorado al celebrarse las PASO en agosto, ha sido más que suficiente como para privarlos del respaldo de millones de votantes.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Lunes 14 de octubre de 2013


Tiene razón el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, cuando califica de “noticias muy buenas” para la Argentina la decisión del Banco Mundial de prestarnos 3.000 millones de dólares para obras de infraestructura sanitaria y otros proyectos destinados a beneficiar a los sectores más pobres de la población. Con todo, no puede ignorar que, para alcanzar el acuerdo, el gobierno del cual es un integrante tuvo que modificar drásticamente su actitud frente al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi), algo que durante años se había negado a hacer al tratar con desprecio los fallos de dicho tribunal. Por supuesto, lo único que logró el gobierno al oponerse por motivos ideológicos a acatar las reglas fijadas por instituciones multilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que desde luego cuentan con el apoyo pleno de los países más ricos, fue convertir la Argentina en un virtual paria financiero, agravando así los muchos problemas económicos nacionales. Pues bien, parecería que por lo menos algunos miembros del heterogéneo equipo económico de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner han entendido que, para salir del brete en el que el país se ha metido, sería necesario sacrificar “el relato” según el cual le correspondería al resto del planeta adaptarse a las exigencias planteadas por “el modelo”. Puesto que los gobiernos de otros países, entre ellos Estados Unidos, Alemania, el Reino Unido y Japón, nunca han manifestado interés alguno en reordenar la economía internacional para complacer a los kirchneristas, hasta hace un par de días los créditos concedidos por el Banco Mundial y organismos afines permanecieron bloqueados. Aunque el dinero, que vendrá con cuentagotas en los próximos tres años, no contribuirá mucho a aliviar una economía que está en vías de asfixiarse por falta de oxígeno financiero, el convenio con el Banco Mundial puede tomarse por una señal de que el gobierno está dispuesto a actuar con un grado mayor de realismo. Fue a buen seguro una casualidad que se haya concretado el convenio con los guardianes de la ortodoxia económica justo cuando Amado Boudou comenzaba su gestión como “presidente en ejercicio”, pero, mal que bien, sucede que el vicepresidente ha sido un impulsor firme de la conveniencia de restaurar lo antes posible la relación del país con la comunidad financiera internacional. Por razones vinculadas con la interna gubernamental, Boudou no pudo darse el gusto de anunciar lo que tendría derecho a considerar un triunfo personal que acaso lo ayudaría a reconciliarse con una sociedad que no lo quiere, pero parecería que está ganando terreno la estrategia que aconsejaba a mediados del 2009 como ministro de Economía, a costa de la reivindicada por Cristina, Guillermo Moreno y otros adalides del voluntarismo dirigista. En el mundo globalizado actual, rebelarse contra el sistema imperante es peor que inútil. También lo es tratar el manejo de la economía como una especie de juego intelectual, aferrándose a principios que podrían motivar el entusiasmo de asistentes a una asamblea estudiantil pero que, al aplicarse, tienen un impacto muy negativo en la vida de millones de personas. Además de demorar la llegada de los créditos otorgados por instituciones como el Banco Mundial, de tal modo perjudicando a quienes dependen de la infraestructura social, la mala conducta “principista” del gobierno nos ha privado de inversiones productivas cuantiosas y ha estimulado la fuga de capitales. ¿Está por cambiar esta realidad lamentable? Es de esperar que sí, que el acuerdo con el Banco Mundial por un monto módico, pero de gran importancia por lo que podría significar, presagie un cambio de rumbo por parte del gobierno de Cristina que en los meses próximos sirva para atenuar las consecuencias ya inevitables de años de insensatez. Mal que les pese a los kirchneristas más comprometidos con la ideología “nacional y popular” que han confeccionado, los beneficios arrojados por el aislamiento que han buscado son meramente subjetivos, mientras que los costos son bien concretos, detalle éste que según parece no les preocupa demasiado pero que, como hizo saber el electorado al celebrarse las PASO en agosto, ha sido más que suficiente como para privarlos del respaldo de millones de votantes.

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