¿Vacaciones?

Columna semanal

Por Redacción

La peña

Un mes y medio más y la gente, el común de la gente podrá elegir dónde pasará vacaciones. Los que pueden irán a los destinos elegidos, los que andan con lo justo se quedarán cerca y muchos no irán a ningún lado.

Pero hay una parte de la sociedad, integrada por los que no tienen mucho, que directamente no saben lo que son las vacaciones.

Me pasó en una visita al pueblo donde nací, cuando preguntando si fulano estaba de vacaciones, me miraron raro y me respondieron que no. “Acá son pocos los que se van de vacaciones, los que tienen con qué, pero el grueso no podemos”, fue parte de la respuesta. Y está también la categoría de aquellos que teniendo recursos, jamás se plantearon la idea de salir a conocer otros lugares, a llevar el descanso a otro destino.

Y pensé en esto de que la gente del campo, los que viven de lo que producen, jamás salieron de su ámbito, salvo para vender lo que generan o para comprar insumos, que las vacaciones son esos tiempos donde no se produce y cuando el esquema familiar no obliga a hacer tareas. Vacaciones son casi una figura imaginaria y cuando uno pregunta hasta lo toman en broma. No existen las vacaciones como tales para mucha gente, ni para los chicos, porque vacaciones son no ir a la escuela por ejemplo.

Las vacaciones son de algún modo una figura que rige con más o menos peso según el bolsillo de la gente, pero también según el lugar donde viven, sus costumbres.

Jamás en nuestra infancia salimos de vacaciones, un poco por razones económicas y otro poco porque en realidad no formaba parte de nuestras costumbres. De niños, estar de vacaciones era no ir a la escuela, jugar hasta la noche casi sin límites, ingeniarnos para que cada día tuviéramos una razón para encontrarnos.

Liberarse de la escuela eran vacaciones en sí mismo, sabíamos que salvo las tareas del hogar, no había nada que las interrumpiera, que las alterara. Eran descanso aún con algunas obligaciones como hacer los mandados y esas cosas. Pero mi padre siempre fue comerciante así que la idea era que si estábamos de vacaciones y necesitábamos plata, lo mejor era ganarla en buena ley. Y así ayudábamos en cuanta tarea estuviera al alcance con tal de tener recursos para helados, pelotas, golosinas y los inigualables autitos de plástico que se cargaban con piedras para correr en la vereda.

Teníamos unos amigos que cada verano venían del Chaco a mi pueblo a quedarse al menos un mes en la casa de su abuela. Ellos sí tenían vacaciones, aunque viéndolo a la distancia no eran diferentes a las nuestras, porque sólo venían de visita a sus abuelos y el resto era igual que lo nuestro. Un mes o más se quedaban en el pueblo, era el tiempo en que los Olivera se convertían en amigos de casi todo el día. No había más que cortes a la hora del almuerzo o la cena, el resto del tiempo era jugar y jugar.

Los que sí se iban de vacaciones a un pueblo cercano, pero también un poco a trabajar eran los Romero, que vivían a media cuadra. Ellos elegían febrero para partir a Rincón. Ahí tenían una finca con nogales que en tiempo de cosecha se traducía en dinero. Un mes estaban afuera y regresaban cuando empezaban las clases, con las manos negras porque la nuez al pelarla tiñe las manos, color que sólo se va con el correr de los días.

Es decir, el concepto de vacaciones no era lo mismo que el concepto del descanso, apenas significaba un cambio en la rutina de todo el año, significaba que en tiempo libre uno lo aprovechaba para el trabajo. Y no nos resultó jamás un castigo, simplemente lo tomábamos como un ingreso extra, o una necesidad que se suplía sin mayores sobresaltos.

Vacaciones y trabajo atenuado sería la definición justa, pero nadie nos quita lo que disfrutábamos en ese tiempo.

Jorge Vergara

jvergara@rionegro.com.ar


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