“Vamos perdiendo parte del pasado, que es perder nuestra memoria”
Esta vez ya no puedo permanecer en silencio. Según una nota publicada hace unos días en este matutino, se cumplen tres décadas de un mandato que no se hizo referido a la protección de la casa Koëssler de San Martín de los Andes. El 10 de noviembre pasado en este mismo medio se publicó un categórico artículo: “Venden en San Martín casa histórica”. Sólo el título por lo menos debiera hacer estremecer a cualquier funcionario provincial. Ahora nos recuerdan que ha pasado una generación y media sin haber protegido como corresponde el patrimonio cultural. Esta casa está incluida en un decreto que la declara de interés provincial (30 años ha) y además hay una ordenanza municipal, impulsada por la entonces intendenta Luz Sapag y la Comisión de Patrimonio de la ciudad (es así como se debe trabajar, con el asesoramiento específico), que también la resguarda. Sabemos de los ingentes esfuerzos particulares que han hecho los descendientes de la familia, entre ellos Federico y Mónica, para restaurar y mantener no sólo el amplio inmueble sino todo lo que allí se alberga y se “respira”. Porque visitar esa casona no es sólo ver lo tangible, lo que se expone: es sentir en la piel los años de una historia acuñada a pulmón, a lomo de burro por la zona en el caso del Dr. Rodolfo y a pura investigación antropológica de su esposa, la Dra. Bertha Koëssler Ilg, pionera de los estudios sobre la identidad del pueblo mapuche de Neuquén. En ambas notas periodísticas se compara su trabajo con el de los hermanos Grimm; yo voy más allá y sostengo que su obra es comparable con la de Bernardino de Sahagún (León, España, 1499-Ciudad de México, 1590), fraile franciscano que tradujo del náhuatl al español la tradición oral del pueblo originario mexicano y con ello contribuyó a la recuperación de la lengua y la cultura nahuas que se perdían irremediablemente ante el avance del “colonizador”. Nadie que quiera adentrarse siquiera en el conocimiento de la cultura del pueblo mapuche puede ignorar la obra de la Dra. Bertha, la “araucana blanca” como la llamaban con afecto los habitantes originarios de la comarca sanmartiniana. Sus trabajos fueron recientemente reimpresos por una editorial de Chile, después de que el valioso “Cuentan los araucanos” de la vieja Espasa Calpe, Colección Austral, tapas azules, se agotara hace añares. Éste se volvió a editar en 1996, también en Chile… y luego de que una de sus obras magníficas durmiera el sueño imperturbable de la indiferencia de las autoridades universitarias de la Universidad Nacional de La Plata, que tuvieron sus manuscritos juntando polvo en algún cajón. Extraordinario trabajo de gran valor lingüístico y filológico, además de avanzado para el momento. Con gran pena vemos cómo los funcionarios responsables de velar por el patrimonio cultural de la población no hacen nada y miran para otro lado siempre con cara de “yo no fui”. En los organismos específicos del área hay profesionales formados que pueden dar marcha atrás a la inercia y poner proa al mandato ciudadano; cuando no estén o no se sientan capacitados para la tarea, por favor, convoquen a los especialistas que están esperando para actuar. Y si ello no alcanzare, con seguridad podrán lograr apoyo de los que no estando en el sistema o en activo, digamos, pueden aportar lo que haga falta. Vamos perdiendo parte del pasado, que es perder nuestra memoria. Día a día vemos cómo se desvaloriza nuestra historia que, paradójicamente, es el soporte de nuestro futuro. Señores políticos: ha llegado la hora de demostrar que son capaces, que pueden hacerlo; denles trabajo a los buenos especialistas que hay en la provincia, no desperdicien esa materia gris como están desperdiciando la vieja casona de los Koëssler. Rodolfo y Bertha merecen el esfuerzo. Susana N. Rodríguez LC 5.015.549 Neuquén
Esta vez ya no puedo permanecer en silencio. Según una nota publicada hace unos días en este matutino, se cumplen tres décadas de un mandato que no se hizo referido a la protección de la casa Koëssler de San Martín de los Andes. El 10 de noviembre pasado en este mismo medio se publicó un categórico artículo: “Venden en San Martín casa histórica”. Sólo el título por lo menos debiera hacer estremecer a cualquier funcionario provincial. Ahora nos recuerdan que ha pasado una generación y media sin haber protegido como corresponde el patrimonio cultural. Esta casa está incluida en un decreto que la declara de interés provincial (30 años ha) y además hay una ordenanza municipal, impulsada por la entonces intendenta Luz Sapag y la Comisión de Patrimonio de la ciudad (es así como se debe trabajar, con el asesoramiento específico), que también la resguarda. Sabemos de los ingentes esfuerzos particulares que han hecho los descendientes de la familia, entre ellos Federico y Mónica, para restaurar y mantener no sólo el amplio inmueble sino todo lo que allí se alberga y se “respira”. Porque visitar esa casona no es sólo ver lo tangible, lo que se expone: es sentir en la piel los años de una historia acuñada a pulmón, a lomo de burro por la zona en el caso del Dr. Rodolfo y a pura investigación antropológica de su esposa, la Dra. Bertha Koëssler Ilg, pionera de los estudios sobre la identidad del pueblo mapuche de Neuquén. En ambas notas periodísticas se compara su trabajo con el de los hermanos Grimm; yo voy más allá y sostengo que su obra es comparable con la de Bernardino de Sahagún (León, España, 1499-Ciudad de México, 1590), fraile franciscano que tradujo del náhuatl al español la tradición oral del pueblo originario mexicano y con ello contribuyó a la recuperación de la lengua y la cultura nahuas que se perdían irremediablemente ante el avance del “colonizador”. Nadie que quiera adentrarse siquiera en el conocimiento de la cultura del pueblo mapuche puede ignorar la obra de la Dra. Bertha, la “araucana blanca” como la llamaban con afecto los habitantes originarios de la comarca sanmartiniana. Sus trabajos fueron recientemente reimpresos por una editorial de Chile, después de que el valioso “Cuentan los araucanos” de la vieja Espasa Calpe, Colección Austral, tapas azules, se agotara hace añares. Éste se volvió a editar en 1996, también en Chile... y luego de que una de sus obras magníficas durmiera el sueño imperturbable de la indiferencia de las autoridades universitarias de la Universidad Nacional de La Plata, que tuvieron sus manuscritos juntando polvo en algún cajón. Extraordinario trabajo de gran valor lingüístico y filológico, además de avanzado para el momento. Con gran pena vemos cómo los funcionarios responsables de velar por el patrimonio cultural de la población no hacen nada y miran para otro lado siempre con cara de “yo no fui”. En los organismos específicos del área hay profesionales formados que pueden dar marcha atrás a la inercia y poner proa al mandato ciudadano; cuando no estén o no se sientan capacitados para la tarea, por favor, convoquen a los especialistas que están esperando para actuar. Y si ello no alcanzare, con seguridad podrán lograr apoyo de los que no estando en el sistema o en activo, digamos, pueden aportar lo que haga falta. Vamos perdiendo parte del pasado, que es perder nuestra memoria. Día a día vemos cómo se desvaloriza nuestra historia que, paradójicamente, es el soporte de nuestro futuro. Señores políticos: ha llegado la hora de demostrar que son capaces, que pueden hacerlo; denles trabajo a los buenos especialistas que hay en la provincia, no desperdicien esa materia gris como están desperdiciando la vieja casona de los Koëssler. Rodolfo y Bertha merecen el esfuerzo. Susana N. Rodríguez LC 5.015.549 Neuquén
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