Variaciones sobre lo contemporáneo
El Ballet Río Negro está presentando su nuevo espectáculo. El tango y el flamenco son fusionados con técnicas contemporáneas.
No hay una única manera de decir las cosas, ni de bailarlas. El ser humano es la suma de sus miedos y de sus deseos. Hijo de los vértices por los que transita, mientras busca un páramo donde descansar. Y este viaje homérico, en alguna medida, es representado tanto por la danza como por la poesía. El cuerpo no miente, los versos que escapan al vacío tampoco.
El Ballet de Río Negro del Instituto Universitario Patagónico de Artes estrenó la semana pasada un espectáculo de danza ambicioso y sincero.
La presentación se repite hoy a las 22 en el Auditorium de la Ciudad de las Artes de Roca. Sobre dos líneas precisas -la juventud de los bailarines y la intensidad de las coreografías- esta compañía desarrolla un puesta que va del flamenco al tango, pasando por coreografías basadas en una fusión de lo clásico con lo contemporáneo.
El paisaje es variado, aunque siempre inquietante. «Alegrías Dúo», que hacen el profesor, y destacado bailarín, Armen Grigorian y Diana Fermanian, es uno de los momentos más sutiles del espectáculo. En sus movimientos ambos revelan un sacramental respeto por el arte flamenco, a partir del cual proyectan múltiples posibilidades coreográficas tomadas del ballet clásico y de vanguardia. Un recurso que famosos bailarines gitanos como Joaquín Cortés y, el menos fashion pero brillante también, Antonio Canales vienen propiciando hace muchos años. La combinación es rica, funcional y tiene contenido.
«Tango III», una coreografía de Marcio Chinetti, quien además es el director general de la puesta, introduce un concepto estético innovador desde su base. La música de Astor Piazzolla es el puente por el que cruzan los bailarines para obtener un trazo original.
El tango aparece y desaparece de las secuencias que componen la obra. El argumento juega a señalar algunos mitos del género.
Las lágrimas del amor frustrado, el guiño al temperamento tradicional del cafiolo, este último representado en el recorrido furioso y vital de los bailarines por el escenario, traen a la memoria elementos propios del cuatro por cuatro.
La dirección del ballet ha elaborado una línea de expresión. Un concepto definido a la hora de plantear un conjunto de propuestas creativas tan variadas. Al fin de cuentas, este conocimiento les permitirá continuar perfeccionando su trabajo.
Resulta muy llamativa la obra «Click», una coreografía de Claudia Gómez.
Un grupo de adolescentes, vestidos como tal, con el gesto rebelde en la mirada, encarnan el dilema generacional de su tiempo. En esta coreografía, definida por sus cambios constantes de las posturas teatrales y la fuerza de sus movimientos, los jóvenes han encontrado otra vía de comunicación para descifrar sus claves.
El espectador no queda indemne de su danza, ni de la música elegida -Primus- que atraviesa como una tormenta la sala.