Manos Libres: una red de familias que propone demorar el acceso al smartphone

Empezó con una pregunta de un padre en el chat de tercer grado y terminó con un grupo de adultos dispuestos a discutir, formarse y poner el cuerpo a un problema que atraviesa toda la sociedad: la exposición de niños, niñas y adolescentes frente al mundo digital y las pantallas.

Para Manos Libres recuperar la calle, la plaza, el tiempo sin pantallas es fundamental para que los niños crezcan bien. Foto: Florencia Salto

Era marzo del 2024 y al grupo de WhatsApp de papis y mamis de tercer grado de la Escuela Bede’s Grammar School de provincia de Buenos Aires llegó un mensaje que lo cambió todo:

—Mi hijo me está pidiendo tener su primer smartphone.

El padre que escribió esas líneas había trabajado en empresas de redes sociales y conocía el terreno. Y abrió la pregunta ¿A alguien más le inquieta la llegada del primer smartphone a nuestros hijos?
Varios levantaron la mano. Fue ahí que empezaron a juntarse a tomar café y a pensar entre todos qué podían hacer frente a esa demanda. También descubrieron que había agrupaciones en diferentes lugares del mundo que venían trabajando sobre el tema.

—Hicimos un zoom con Smartphone Free Childhood, una organización de Inglaterra y ahí nos dimos cuenta de que había padres de montones de países que estaban en nuestra misma situación.

La que habla es Elena Griolli, una de las madres integrantes del grupo.

Los padres sabían con lo que se estaban enfrentando: una demanda que iba a ir creciendo y una decisión que tenían que tomar. También estaban advertidos que iba a ser mucho más fácil abordarlo de manera conjunta.

—Sabíamos que cuando uno decide no darle el teléfono a su hijo de forma aislada es un camino mucho más sinuoso y dificultoso a que cuando lo haces en comunidad porque la presión baja y los chicos ya no pueden decir: mamá todos lo tienen y yo no.

Entre los padres y madres empezó a circular un libro que fue clave para sus decisiones: “La generación ansiosa” de Jonathan Haidt.

—Este sociólogo habla de cuatro pilares en su libro que fueron muy importantes para nosotros. El primero es dilatar la llegada del smartphone hasta por lo menos los 14 años, el segundo es dilatar el acceso a redes sociales hasta los 16 años, el tercero que en los colegios no haya smartphones y por último que los chicos jueguen más libremente.

Las consecuencias de tener un smartphone en la infancia incluyen problemas de atención, sueño y regulación emocional. Estos padres solo tuvieron que observar lo que ya estaba pasando en sus casas para convencerse de retrasar ese acceso.

—Los chicos pierden la capacidad de juego y con eso dejan de adquirir habilidades blandas que utilizan a lo largo de toda su vida, como negociar, empatizar y esperar. Estos teléfonos también dan problemas de sueño, de adicción, de vista, de conducta y hasta posturales. También les da acceso a la pornografía, aparece el grooming, aparece el ciberbullying. Claro que alguien puede decir que siempre hubo bullying, pero cuando el niño llegaba a su casa ahí se cortaba porque era un lugar seguro. Ahora con el celular, si los chicos están 24 horas conectados, el bullying sigue. O sea, no hay lugar seguro donde pueden refugiarse.

Y suma:
—El smartphone es algo que está diseñado para que lo quieran tener. Es súper seductor: tiene música, tiene videos, tiene recompensa absoluta. Siempre te está diciendo lo maravilloso que sos.

Lo que empezó como una simple discusión de los padres de tercer grado, siguió en otros grados del mismo colegio y después empezó a sonar en otros colegios del barrio.

Les empezaron a llegar preguntas y consultas de otros adultos. Fue ahí que decidieron organizarse como ONG, se llamaron “Manos Libres” y se convirtieron en un movimiento de padres que promueven generar acuerdos para dilatar la llegada del smartphone y redes sociales a sus hijos.

—En Manos Libres no somos anti tecnología. Entendemos que el celular es una herramienta de trabajo. Pero, hay que saber usarla. Los chicos hacen lo que ven, no lo que les decimos que hay que hacer.

El deseo de los niños y niñas de querer tener un celular o acceder a redes sociales refleja la propia actitud de los adultos, actúa como un espejo. Es por eso que Elena tuvo que revisar sus propias prácticas: observarse y tomar decisiones respecto al uso del celular. Por ejemplo: a partir de la cena ya no agarra el celular, tampoco es lo primero que enciende al despertase. Y ya no deja el celular cargando en la mesita de luz.

Son pequeños hábitos, cambios que yo fui haciendo. Hay quienes pueden hacer eso u otras cosas. No estamos con el dedo inquisidor. De hecho, yo le he puesto la pantalla a mi hijo en alguna cena. Pero, ahora no lo haría porque tengo mas información. Por eso, es importantísimo que se conozca mas del tema, que esté en agenda, que sepamos que realmente tenemos que cuidar a los chicos.

Desde la ONG tienen una herramienta que promueven: “Firmar el acuerdo” – disponible en su web manoslibresorg.com.ar – que busca que otros padres y madres puedan sumarse a retrasar la entrega de smartphones en niños y niñas. Y que permite también compartirlo con toda el aula.

Esto es como las vacunas. Si lo hacen unos pocos, no trasciende. Por eso, es importante que se sumen cada vez más escuelas y más adultos. Lo importante es generar acuerdos, entre familias e ir renovándolos. También estamos detrás de poder ir hablando con el Estado y con diferentes organizaciones.


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