Volver a la escuela: síndrome de abstinencia

A partir del informe de Unicef que subraya la importancia de regresar a la educación presencial, la psicopedagoga cipoleña Laura Collavini analiza las consecuencias emocionales y actitudinales que ha tenido en niños y adolescentes.

San Juan: Alumnos de todos los niveles regresan a las aulas, con estrictos protocolos sanitarios, en el marco de la pandemia Covid-19. Foto: Ruben Paratore/Télam/cgl 10082020

San Juan: Alumnos de todos los niveles regresan a las aulas, con estrictos protocolos sanitarios, en el marco de la pandemia Covid-19. Foto: Ruben Paratore/Télam/cgl 10082020

Laura Collavini

lauracollavini@hotmail.com

“A medida que avanza el segundo año de la pandemia por COVID-19, es fundamental priorizar los esfuerzos para regresar a la educación presencial en las mejores condiciones posibles de seguridad en todas las escuelas del país”. Estas palabras forman parte de un informe de Unicef en relación a las clases y los niñ@s y continúa: “En caso de necesidad de confinamiento, UNICEF recomienda que las escuelas sean lo último en cerrar y lo primero en abrir cuando las autoridades comiencen a suprimir las restricciones.”

“El impacto del cierre de las escuelas ha sido devastador a nivel mundial, afectando los aprendizajes, la protección y el bienestar de niños, niñas y adolescentes. La evidencia muestra que son los chicos y chicas más vulnerables quienes sufren las peores consecuencias”.

Está todo abierto ya, con protocolo y sin él. No debe suceder que los colegios no abran. No solo lo enunciamos, denunciamos y nos horrorizamos los profesionales de la salud mental ante esta situación, sino también somos los padres, los que estamos cercanos a los niños y adolescentes. Todos quienes observamos esta feroz traición y tragedia perpetrada hacia la niñez y adolescencia. Fue un ataque hacia la integridad de la persona. Hacia el centro de su autoestima, hacia su lugar de referencia. El colegio. La escuela. Un año sin escolaridad fue un ataque y las consecuencias las veremos en el transcurso del año y nuestros esfuerzos como adultos será acompañar a mitigar las secuelas.

Si algo pudimos visualizar claramente en este tiempo de confinamiento es el rol de la escuela. Es el lugar de socialización por excelencia. También de consolidación de valores que comienzan en los hogares y el sitio donde el aprendizaje se desenvuelve a través de conocimiento, preguntas, compartir experiencias, saber, no saber, entender todo, nada, un poquito. Prestar atención a veces, siempre. Elaborar ideas, pensamientos. Frustrarse, hacer de nuevo.

Conocer los alcances de los trastornos que pueden haber surgido por la falta de escolaridad en pandemia en relación a la conducta escolar de los niños y adolescentes es aun temprano. Seguramente podremos ir evaluándolo cuando puedan regresar a las clases presenciales. Cuando el momento de ingresar a las aulas sea posible. Tiempos de verse más altos, más grandes, tal vez con otros gustos e intereses.

Imagino ese momento y algo que seguramente será necesario es ajustar las medidas de prevención y hacer hincapié en los aspectos sociales. No será posible decirles buenos días, presentación de cada uno, del de los objetivos del año y adelante con contenidos…El desafío y la atención estarán en primer lugar en las burbujas, distanciamiento, necesidad de convocar a la presencialidad no solo física, sino también emocional e intelectual.

Sabemos que el año no fue gratuito para nadie. En los chic@s hasta al momento podemos observar actitudes y ciertas conductas que merecen ser observadas:

Abstinencia social: a un sector de niñ@s y adolescentes les costó y hacen mucho trabajo por salir del confinamiento. Comenzó a observarse temor a compartir espacios. Desconocimiento al retomar diálogos. Temor a volver a tomar contactos con conocidos.

Desfasaje de aprendizajes: los niños que pudieron acceder a clases virtuales están en posibles mejores condiciones de quienes no pudieron hacerlo. Por otra parte, l@s chic@s que pudieron tener un acompañamiento de un adulto serán diferentes a quienes no accedieron al mismo. En general los chic@s sienten que, aunque hayan tenido acceso a las clases no lograron aprender igual que en clases. Esto deja en evidencia la importancia de la socialización en los procesos de la vida, no solo del aprendizaje.

Unicef: “…Algunos datos ponen de manifiesto cómo las desigualdades preexistentes se agudizan en este contexto. El 18% de las y los adolescentes entre 13 y 17 años no cuenta con Internet en el hogar y el 37% no dispone de dispositivos electrónicos para realizar las tareas escolares –computadoras, notebooks o tabletas– valor que aumenta al 44% entre quienes asisten a escuelas estatales. La encuesta permite advertir que aquellos que no cuentan con estos recursos enfrentan dificultades adicionales para la realización de determinadas tareas escolares, para sostener el contacto con las y los docentes, así como también para poder recibir de éstos correcciones sobre sus trabajos.

Inapetencia emocional: ante la imposibilidad de no poder juntarse con amigos y conocidos se observa una predisposición en los chic@s con aspectos de introversión a quedarse en sus hogares. Se observa también en adultos. Aunque se ofrezcan medidas de distanciamiento y no estén en edad de riesgo ni padezcan enfermedades, se observa cierto temor al contacto y socialización. Sabemos que hay depresión en niñ@s y adolescentes y la apertura de las aulas ayudará a docentes a realizar las consultas y derivaciones correspondientes en caso que no haya sido detectado en los hogares.

El informe de Unicef señala: “Un tema importante para considerar en contextos de emergencia es el impacto que esta situación tienen en la situación emocional de los adolescentes. En cuanto al estado de ánimo de los y las adolescentes, los resultados de la Encuesta Rápida muestran que algo más de un tercio de los entrevistados manifiesta algún sentimiento negativo frente a la incertidumbre que genera la evolución de la pandemia y las medidas de aislamiento social, ya sea porque se sienten asustados/as, angustiados/as o deprimidos/as y un 13% señala que le resulta indiferente – hecho también preocupante.”

Violencia familiar: La permanencia de todo el grupo familiar dentro del hogar favoreció la violencia en todas sus formas. La mujer, según las estadísticas de Unicef sumó la carga de trabajo, acompañamiento escolar y limpieza del hogar.

Trastornos de alimentación: en niñ@s y adultos durante la pandemia el tipo de alimentos como la frecuencia impactó con mucha fuerza. Sabemos que la incidencia de lo que ingerimos se relaciona con nuestra capacidad de pensar y actuar.

“Como en muchos países, a nivel local se ha identificado el impacto secundario de esta emergencia en la situación emocional de chicos y chicas, en cambios en los hábitos de sueño y alimentación en los más pequeños, y angustia y depresión en los mayores, cambios que afectan el desarrollo emocional y cognitivo. La escuela, más allá de su función primaria en el aprendizaje, tiene un rol central en el bienestar integral de niños, niñas y adolescentes.

La información más reciente disponible a nivel mundial indica que, con las medidas de seguridad necesarias, las escuelas no son el principal factor de transmisión en la comunidad (UNESCO-UNICEF 2020). Mientras continúan surgiendo evidencias con respecto a los efectos de la educación presencial sobre el riesgo de infecciones por COVID-19, una revisión de la evidencia actual muestra que la educación presencial no parece ser el principal promotor de los incrementos de la infección, los estudiantes no parecen estar expuestos a mayores riesgos de infección en comparación con el hecho de no asistir a la escuela cuando se aplican medidas de mitigación, y el personal escolar tampoco parece estar expuesto a mayores riesgos relativos en comparación con la población general.

Por estos motivos, cerrar las escuelas debe ser una medida de último recurso que solo deberá tenerse en cuenta tras haber considerado todas las opciones disponibles.

La interrupción uniforme de clases presenciales a nivel nacional debe evitarse en la medida de lo posible. Evaluar el riesgo de transmisión a nivel local debería ser un factor determinante en las decisiones relacionadas con el funcionamiento de las escuelas. Allí donde existan altos niveles de transmisión comunitaria, los sistemas de salud estén sobrecargados y el cierre de las escuelas sea inevitable, deberán establecerse medidas alternativas y fortalecer las condiciones para asegurar la continuidad de los aprendizajes y el seguimiento de la situación de los niños, niñas y adolescentes, con especial énfasis en el acompañamiento de aquellos que residen en contextos de mayor vulnerabilidad, aislamiento o que tengan necesidades particulares.

En este sentido, es preciso garantizar que los niños y niñas que están en peligro de ser víctimas de violencia en sus hogares, que dependen de los servicios de alimentación escolar y cuyos progenitores son trabajadores esenciales puedan continuar su educación en la escuela.

El derecho a la educación de los chicos y las chicas argentinas debe trascender las diferencias políticas y unificar a una sociedad golpeada por la pandemia, y por el impacto económico, social y emocional que trajo el COVID-19. la situación relevada en el país indica que menos de la mitad de los hogares cuenta con acceso fijo a Internet de buena calidad en la señal y 1 de cada 2 no cuenta con una computadora disponible para usos educativos. Según datos oficiales, cerca de un millón de chicos y chicas matriculados en marzo de 2020 en algún nivel de la educación obligatoria ha mantenido bajo o nulo intercambio con su escuela, lo que coloca en severo riesgo su continuidad escolar.”

Los gobiernos hicieron esfuerzos para poder contemplar diversas situaciones y que hacerles llegar a los hogares cuadernillos, programas televisivos y radiales para hacer llegar contenidos. Sabemos que es insuficiente.

Debemos centrar los esfuerzos para aprovechar tiempos lindos y hacer clases en los hermosos patios, despintados o no que existen en la mayoría de nuestras escuelas mientras se ajusta lo necesario para que lo ideal sea posible.

Centrar esfuerzos en esperar a los chic@s, que se sientan importantes, respetados, mirados. Para entregar sonrisas de los ojos, aunque las mejillas estén cubiertas de barbijos. Que demos un tiempo para hablar y para callar. Que inventemos juegos divertidos y que puedan descargar el enojo, la sensación de abandono y cansancio. Que se cubran aulas de esperanza con la vacuna que irá llegando y con este tiempo nuevo que dice: Adaptarse es crecer.


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