Agua de un verde turquesa que parece importado del Caribe: Yuco, la playa patagónica que sorprende

Rocas imponentes, agua color esmeralda y un silencio que enfría y abraza a la vez. A solo 30 kilómetros de San Martín de los Andes, Yuco se consolida como una de las playas más bellas, y más buscadas, del verano patagónico.

Agua de un verde turquesa que parece importado del Caribe, enmarcada por bosque nativo y rocas volcánicas en la playa Yuco.

Hay lugares que no necesitan exageraciones y Yuco, en San Martín de los Andes, es uno de ellos. Basta con llegar, bajar del auto y dejar que el lago Lácar haga el resto. El agua, de un verde turquesa que parece importado del Caribe, contrasta con las rocas oscuras y el bosque de coihues que protege las bahías del viento. Fría, sí, virgen, también y terriblemente hermosa.

Ubicada dentro del Parque Nacional Lanín, Yuco no es una sola playa, sino cinco. Se recorren a pie, unidas por unos 600 metros de senderos que atraviesan bosque nativo y pequeñas elevaciones. Las tres primeras, Turquesa, Arenosa y Rocosa, son las más elegidas por quienes buscan aguas más calmas y templadas. El origen glaciar del lago, sumado al reparo natural del entorno, le da ese tono hipnótico que explica por qué muchos la llaman “el Caribe de la Patagonia”.

Las bahías protegidas de Yuco concentran las aguas más calmas y templadas del lago Lácar durante el verano.

En esas bahías, el declive es suave. A unos 30 metros de la orilla, el agua apenas supera el metro de profundidad, lo que permite que chicos y grandes se animen a nadar, bucear con antiparras o simplemente flotar mirando el cielo. Las playas de arena conviven con sectores de piedra ideales para tirarse al sol, mientras kayaks, tablas de SUP y colchonetas inflables completan la escena.

Del otro lado del sendero, ya sobre lago abierto, aparecen Muelle Viejo y Del Bosque. Acá el Lácar se muestra más crudo: aguas frías, sin reparo y con más viento. Son playas menos concurridas, elegidas por quienes buscan espacio, silencio y una postal más salvaje. A partir de media tarde, cuando el sol empieza a correrse, muchos migran hacia estos sectores para estirar el día.

El ritmo en Yuco lo marca el sol. Hasta las dos de la tarde, Turquesa concentra la mayor parte de los visitantes. Luego, Arenosa y Rocosa toman protagonismo. Pasadas las 15.30, el movimiento se reparte y el paisaje cambia, sin perder su encanto.

Senderos de bosque conectan las cinco playas de Yuco dentro del Parque Nacional Lanín.

El acceso es libre y gratuito. No se permite hacer fuego, no hay guardavidas y está prohibido ingresar con mascotas. El estacionamiento tiene capacidad para unos 130 vehículos y no se puede dejar el auto sobre la Ruta Provincial 48, ya que es vía de emergencia. Hay baños de uso libre, mesas rústicas hechas con troncos, una pequeña proveeduría y food trucks. La consigna es clara y se repite en carteles y recomendaciones: todo residuo vuelve con vos.

Yuco es belleza, pero también responsabilidad. Los carteles que marcan el fin del área de uso público no son decorativos. Más allá, las rocas pueden tentar a los más audaces, pero el riesgo está siempre presente. Cuando el cupo en el estacionamiento se completa, ya no te podr´pas quedar allí, porque una manera de proteger estos lugares es no sobrecargarlos. En ese caso, las alternativas cercanas aparecen como plan B: el lago Nonthue, a unos 10 kilómetros, o la playa Hua Hum, a 15.

Cuando el sol se corre, las sombras avanzan y el paisaje cambia, pero el color del agua sigue siendo protagonista.

Información útil para recorrer el circuito Hua Hum y Yuco


  • Ubicación: el circuito Hua Hum se encuentra a unos 50 kilómetros de San Martín de los Andes y es uno de los recorridos más elegidos por quienes buscan naturaleza, playas y paisajes de bosque.
  • Cómo llegar: se puede acceder en vehículo particular, mediante excursiones terrestres organizadas o a través de navegaciones lacustres, una alternativa que permite conocer el área desde otra perspectiva.
  • El inicio del camino: desde San Martín de los Andes se toma la ruta hacia Junín de los Andes y, pocos kilómetros después, el primer desvío a la izquierda para ingresar a la Ruta Provincial 48. En el portal del área protegida comienza el tramo de ripio.
  • Primer mirador: a unos 500 metros, un desvío a la izquierda ofrece una vista panorámica de la ciudad y del lago Lácar, ideal para una primera parada.
  • Cambios de paisaje: el recorrido atraviesa una zona de transición entre estepa y bosque, luego se interna en el bosque andino patagónico y, hacia el final, se transforma en selva valdiviana, producto de las mayores precipitaciones.
  • Acceso a Yuco: a los 27 kilómetros, un ingreso a la izquierda conduce directamente a las playas de Yuco.
  • Lago Nonthue: retomando la RP 48, a unos 10 kilómetros, un nuevo desvío permite llegar al camping del lago Nonthue, muy elegido por pescadores y familias.
  • Río Hua Hum: en el kilómetro 48 finaliza el lago Nonthue y comienza el río Hua Hum, cuyas aguas desembocan en el lago Pirihueico, ya en Chile.
  • Hostería Hua Hum: ubicada justo donde termina el lago, funciona como cafetería y restaurante. Es un buen punto para caminar por el muelle y disfrutar de playas tranquilas.
  • Castillo Van Dorser: pocos metros más adelante aparece uno de los hitos arquitectónicos del área. Hoy funciona como museo de sitio y oficina de informes del Parque Nacional Lanín. Allí se puede consultar el estado del camino para visitar la Cascada de Chachín o el lago Queñi y sus termas naturales.
  • Últimos desvíos: pasando el castillo, un camino a la izquierda cruza el puente del río Hua Hum. Más adelante, otro cruce ofrece dos opciones: caminar unos 600 metros hasta la Cascada de Chachín o continuar 8 kilómetros en auto hasta el lago Queñi, con termas naturales y entorno de bosque cerrado.


Agua de un verde turquesa que parece importado del Caribe, enmarcada por bosque nativo y rocas volcánicas en la playa Yuco.

Hay lugares que no necesitan exageraciones y Yuco, en San Martín de los Andes, es uno de ellos. Basta con llegar, bajar del auto y dejar que el lago Lácar haga el resto. El agua, de un verde turquesa que parece importado del Caribe, contrasta con las rocas oscuras y el bosque de coihues que protege las bahías del viento. Fría, sí, virgen, también y terriblemente hermosa.

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